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Aquellos entrañables viajes en Góndola

Ontiveros en su comparecencia en las Cortes.

Esto va de economistas mediáticos. Los hay apocalípticos, de los que cada seis meses anuncian el fin del mundo tal que Niño Becerra, o chaqueteros, como Sala Martí, el economista de cabecera del independentismo, el que decía que Cataluña iba a ser una nueva Arcadia, entre California y Escandinavia. Luego está Emilio Ontiveros. Explica bien, sencillo, no se complica mucho la vida…

En los años previos a la crisis, Ontiveros aprovechaba su tirón mediático desarrollando cursos de formación en viajes de incentivos para consejeros de las Cajas. Debió ganar mucha pasta, amén de posicionar francamente bien a su empresa de análisis de inversiones. El 27 de octubre comparecía en las Cortes a demanda de C’s y PP en la comisión sobre el final de las cajas. El portavoz de Podemos, Pablo Fernández,  sacó las famosas fotos de Interviu, donde se ve la beatiful Segovia de los tiempos de Atilano. haciendo el pavo por el Gran Canal. ¿Cómo justificar eso? ¿No se podía dar esa supuesta formación sin alquilar palacios góticos?

Ontiveros no escurrió el bulto del todo. Reconoció que eran viajes de incentivos pero  justificó el despilfarro en la medida que si se comparan los costes de las cúpulas directivas de cualquier banco con las de las Cajas —teóricamente no remuneradas— no hay color. Y en parte era así. Los consejeros segovianos —que no eran ninguna excepción en el panorama— se resarcían del tremendo trabajo de votar a todo que sí en los consejos de administración (¿trimestrales? ¿semestrales?), con cestorross de Navidad de los de llevar entre dos, entradas VIP en los pifostios cajistas,  y viajes a todo lujo a la Patagonia, a Venecia, a Canarias… Comparado a lo de cualquier consejo de administración, la sal de la paella.

No era ningún secreto, y la excusa era justamente esa: Esas buenas gentes no cobraban por su aportación en los consejos, de algún modo había que recompensarlos. Desde luego, la prensa de la época no éramos nada críticos con las cosas de la Caja, después de todo, puntal económico de los departamentos de publicidad. A todo tirar, la cosa quedaba en las meritorias páginas de humor-denuncia del Conde de Vezoya en el Adelantado, y poco más. Saberse se sabía.

No escandalizaba, o cuando menos el escándalo no emergía, porque vivíamos en una “sociedad de favores”. El alcalde  pagaba tal festín vecinal con cargo a la contrata. Un empresario de campanillas “compraba” cercanía al poder invitando a toda estopa a la plana mayor de la Junta y del PP. Jesús Merino, entre líneas, firmaba cheques. Y nadie se extrañaba. Era así.

Directivos de Caja Segovia en Venecia durante un curso de formación.

Las cosas han cambiado bastante en lo tocante a la administración pública. Quiero pensar. Hay quien dice que incluso nos excedemos en ese afán savanaroliano de “manos limpias”. Yo pienso que no. Que el mundo y nuestra sociedad es mucho mejor sin viajes a Venecia a cuenta del balance. Con rígidas normas de financiación de partidos. Con políticos que si están en algún patronato o consejo lo están por algo, y no para escurrir el bulto tal que Andrés Torquemada, diciendo que él está a título personal y blablabá en el de la Fundación Caja Segovia.

Pero creo que la raíz podrida sigue ahí, esperando la lluvia. Creo que buena parte del alto empresariado español sigue aferrado a esas dinámicas de la comisión, del favor por favor, del yo te siento en mi consejo y tu me sientas en el tuyo. La España del rebañe y el coloque del primo, la mujer o el hijo. Pienso que, sencillamente, no se saben hacer negocios de otro modo.

Así que es cuestión de tiempo que este gurtelizado mundo empresarial vuelva a campar por sus fueros. No se hace nada en la legislación del cohecho. No conozco ninguna investigación en curso por comisionismo ilegal entre empresas privadas. La transparencia es una página web de puro postureo. Los tribunales de cuentas, la inspección, los estamentos supervisores, siguen desaparecidos en combate. Las contadas iniciativas parlamentarias al respecto siguen un patrón meramente electoralista, de bien queda. A la hora de la verdad, engendros como la Protección de Datos (en teoría, destinados a evitar que nuestro buzón se atestara de panfletos) siguen privándonos (al menos legalmente) de acceder a la más humilde acta de una comisión municipal. Al concejal de la oposición le amenazan con las siete plagas bíblicas si se va de la boca. ¡No hemos aprendido nada!

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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4 Comments

  1. Conde nada más, don Luis, Conde. Pero tendría que tener la categoría de Duque, con Grande de España, como mínimo 😉

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    • Corregido, gracias.

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  2. Fantástico articulo que debería tener continuación.
    y quizá, con unos pocos mas nombres propios.

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  3. Es vergonzoso, que no se mueva casi nada, a pesar del esfuerzo de algunos, que todo quede en agua de borrajas
    Gracias a los que estais ahí, recordando continuamente el grado de sinverguenzeria que tenemos alrdedor, siempre con la esperanza de que ” todo cerdo tiene dia “

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