web analytics

Opinión: Un turista, una encuesta y un McDonald’s

Congreso de Turismo de Madrid, visita a Segovia 1912.

Este verano muchos medios de comunicación se han hecho eco de las voces que han colocado al turismo como el responsable de todos nuestros males. Dicen esas voces que el turismo crea empleo precario, que sube los precios, que destruye el comercio local, que cambia nuestro paisaje urbano, que nos despoja de nuestra identidad… Voces que hablan ora crispadas, ora preocupadas que llenan columnas y artículos con titulares llamativos y alarmantes que nos alertan del creciente conflicto social que, dicen, puede afectar a uno de los motores clave de la economía del país. Y yo, pese a la gravedad del asunto, sigo indolente en mi tumbona leyendo esos artículos y sesudas columnas con una sonrisa que se dibuja con recuerdos. Los de mi padre quejándose de los autobuses que vuelcan, desde hace décadas, turistas en el casco histórico de Segovia, o los de mi madre diciendo que no le apetece bajar a la Calle Real, que, -en estas fechas, está llena de turistas-.

Y es que, habiendo crecido en una ciudad turística como Segovia, esta nueva realidad para muchos es, para algunos, el día a día (o el temporada a temporada) desde hace años. En Segovia, una ciudad pequeña, en la que el cochinillo y el Acueducto son los principales atractivos, sabemos desde hace muchos años lo que es tener las calles del centro atiborradas en momentos puntuales del año y hemos asumido que salir a tomar un chato o una caña por el centro es, seguramente, más caro de lo que debería. Los expertos a esto lo llaman “impactos del turismo sobre el destino y la población local”. En el caso de Segovia, nos han dicho que esos impactos están ligados al tipo de visitante, a la dominancia del excursionismo y la fuerte estacionalidad que convierten el centro de Segovia en un hormiguero en determinados momentos del año.

Los turistas toman Segovia en una Semana Santa.

Ese constante ir y venir de turistas en Segovia era, hasta hace no mucho tiempo, algo asumido e incluso aplaudido. La noticia, casi siempre en positivo, era que llegaban más turistas, que había plena ocupación hotelera en Semana Santa o que el Titirimundi (cuanto añoro sus inicios) había sido un éxito de público y visitantes. Los “impactos sobre el destino y la población local” nunca se tuvieron en cuenta o se minimizaron, tanto desde los medios como desde la administración. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, y con los ecos que nos llegan de otros destinos, parece ser que nuestro turista tipo ha mutado y se ha convertido en una suerte de Edward Hyde capaz de cualquier atrocidad, hasta de arrancarnos nuestra identidad y destrozar nuestro patrimonio a base de franquicias.

Pero no nos engañemos, el turista no es el culpable de nada y el turismo, como actividad, tampoco. De hecho, el turismo viene a ser el tonto necesario que toda trama delictiva necesita para cargarle el muerto. La raíz del problema es el modelo económico y el modelo social que de este emana. Una sociedad que ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años y en la que, para alcanzar un estatus, ya no se necesitan determinados bienes materiales (coches, electrodomésticos…), se necesitan followers que den like a tu foto comiendo un chuletón a los pies de la Muralla de Ávila o simplemente y, siguiendo con los pies, le den un me gusta a la foto de tus pies en una playa perdida. El turismo, ese tonto necesario al que culpar, es solo culpable de haberse convertido en el objeto de consumo por excelencia de una sociedad que se caracteriza por la movilidad y por el consumo efímero, perecedero. Una sociedad líquida que se mueve más, consume más y, ahora, consume lugares, destinos, que hasta hace unos años no lo eran.

Segovia, en esta nueva realidad, mantiene su estatus de destino turístico. Incluso podemos afirmar que, en este nuevo contexto, se está posicionando mejor que otros destinos con características similares. Con los datos en la mano, en la última década, según el registro de visitantes/pernoctaciones del INE, el destino ha experimentado un aumento de entre un 15 y un 20% en el número de turistas. Esto, en cifras absolutas viene a ser unos 40.000 visitantes más al año. Es obvio que este aumento de los visitantes (en el que no se contabilizan los excursionistas -visitantes de día-) va a generar un impacto en la ciudad. Introduciendo otras variables, como la estacionalidad o el arriba señalado excursionismo, esto puede hacer que, en días y temporadas puntuales, Segovia pase de estar habitada por unas 50.000 almas a 55.000 o hasta 60.000.

Excursiones en el mirador de ‘La Canaleja’, en la ‘calle Real’, Segovia.

Este excedente de miles de personas tenderá, además, a concentrase en espacios muy concretos de la ciudad. Pero, como apunté al principio, nada nuevo bajo el sol. Quizá, en algún momento del año la saturación se haga más patente, que lleguen unos pocos cientos de personas más. Pero este cambio cuantitativo no justifica el cambio de discurso. Y no lo hace porque, como se ha apuntado, el problema ya existía: la masificación temporal del centro histórico de Segovia lleva siendo una realidad décadas.

Entonces, ¿por qué, ahora,se refuerzan las voces que subrayan los impactos del turismo sobre la ciudad, sobre su patrimonio, sobre su identidad…? ¿por qué los residentes comienzan a asociar turismo con perdida de identidad o deterioro patrimonial?

Personalmente, creo que, retomando ideas previas, no existe una única razón, pero si dos factores determinantes. El primero sería la asimilación social de la problemática a través de los medios. Asumiendo que esto del turismo es un problema global (lo dice la prensa, la televisión… afecta a las grandes ciudades) nos comenzamos a mirar el ombligo y la realidad que ha cambiado poco en su esencia se torna en problema. El día a día (o temporada a temporada) pasa de ser una “molestia” asumida a ser una problemática central en la gobernanza de nuestra ciudad. Incluso, desde la administración, se toman medidas, se ponen el mono de trabajo y, en el marco del “Día de la Solidaridad de las Ciudades del Patrimonio Mundial”, se elabora una encuesta para los residentes en la que preguntan expresamente si perciben que el turismo es un problema para su ciudad, para su patrimonio, para su identidad. Apaciguando ánimos.

El segundo factor sería la asunción del problema a través de la percepción personal, sin filtros. Y en este sentido, creo que el punto de inflexión fue la apertura del McDonald’s. No por el hecho concreto de la apertura de la hamburguesería, sino por su simbolismo: Segovia tiene McDonald’s, la franquicia paradigmática de la globalización. Y no es un hecho baladí: recuerdo que cuando comencé la universidad en Madrid, mis compañeros se sorprendían de que en Segovia no hubiera McDonald’s: -¿En serio, no tenéis McDonald’s ni Burger King?, ¿tan pequeño es eso?

Hoy, unos cuantos años más tarde, cuando imparto clases en la Facultad de Turismo, suelo comentar a mis alumnos que, si están desubicados en una ciudad, para situarse en el centro solo tienen que buscar en ‘Google Maps’ el McDonald’s y el Zara: el área donde estas franquicias se encuentren a menos de 200 metros la una de la otra será, probablemente, el espacio turístico de esa ciudad. Y es que los centros de las ciudades se han homogeneizado funcionalmente. Da igual que sea una gran ciudad como Madrid o un pequeño destino patrimonial como Segovia. Los espacios centrales han pasado de ser entornos multifuncionales a ser áreas de consumo. En Segovia, este proceso (como se deduce de un reciente artículo del periodista Sergio Arribas) ha convertido en los últimos años a la Calle Real en un Centro Comercial plagado de franquicias que está complementado con una zona de restauración junkfood a los pies del Acueducto en la que, entre otros muchos, encontramos el dichoso McDonald’s. ¿Nos habremos hecho grandes?

Recreación de franquicias en la calle Real segoviana de los años 50.

La realidad es que no. Ni somos más, ni hemos crecido y, por supuesto no vienen muchísimos más turistas. Simplemente nos hemos integrado en una dinámica global que absorbe todo. No caigamos en reduccionismos ni culpemos al turismo. Es comprensible, que ante esta colonización de las franquicias y la consecuente pérdida de tejido comercial tradicional, muchos miren al turismo como culpable. Pero no nos engañemos a nosotros mismos, estas marcas no vienen a Segovia para dar de comer y para vestir al turista. Vienen por nosotros. ¿O es que creen que en el Decathlon les piden el código postal para entablar conversación?

Iván Velasco Romera

Profesor Universidad Complutense de Madrid.

Author: Opinion

Share This Post On

5 Comments

  1. Muy bien pero que muy buen articulo de opinion te doy toda mi enhorabuena pero te animo a ponerte en la parte contraria y destacarnos por que el turismo de Segovia ha frenado otro tipo de desarrollos culturales economicos y sociales. De hacerlo mas bien hoy que mañana y asi poderte hacer una correcta comparativa.

    Post a Reply
    • De acuerdo con usted Florentino, buen artículo de opinión. En cuanto a ‘ponerse de la otra parte’ -supongo que de quién no quiera turistas o los vea como un freno a…-, puede ser interesante. El freno al desarrollo cultural no lo veo; no creo que Segovia haya adolecido, nunca, de ‘cultura de la buena’ (ahora no sabría decirle mi opinión concreta). Hay algún artículo y he escuchado alguna conferencia en San Quirce (el académico Santamaría tiene alguna muy interesante) que explica el devenir cultural de la ciudad, y no es baladí. ¿Económicos? según cómo lo entendamos para una ciudad y provincia totalmente patrimonial de unos pocos habitantes, desde siempre (otra cosa es la remuneración y reparto económico que el empleo turístico, en relación a los beneficios generados. Beneficios que no son pocos y daría para generar empleo y vivir holgadamente a la población que somos). En cuanto a lo social… personalmente vivo a gusto en Segovia y geográficamente está bien situada y comunicada. Sería interesante una opinión de investigador universitario y, por supuesto la suya, seguro. Supongo que, cómo buenos españoles, no llegaríamos a un acuerdo 😉

      Post a Reply
      • Muy buena aportación pero ya que este medio hoy por hoy nos permite nuestros comentarios deberias aportar esas inquietudes y pensamiento hacia futuro que de donde venimos y de donde estamos es del todo conocido. Te animo a que hagas tus propios articulos

        Post a Reply
  2. Es un artículo brillante. No se puede explicar más en menos. Y lo pero es que no lo vemos y nos van a destruir la ciudad desde el ayuntamiento…

    Post a Reply
    • No hombre Josė R seamos positivos e intentemos ya que un joven por fin da un paso animarle ha exprimir esa inteligencia rápida y fresca que los jovenes tienen que para criticos ya estamos los que venimos de vuelta

      Post a Reply

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *