2022 para los segovianos, al igual que para el resto de los españoles, es el año de la guerra de Ucrania. Un año que ha puesto el mundo a prueba. Cuando el pasado 24 de febrero Putin ordenó que las tropas rusas invadieran su país vecino nuestras vidas comenzaron a sufrir sus efectos de inmediato. El más significativo fue la pérdida de poder adquisitivo. La inflación pasó del 6,1 por ciento en ese mes al 9,8 por ciento al mes siguiente, y siguió creciendo. En este año hemos sentido más que nunca el sentido de la polarización política y las políticas populistas, muy alejadas de las necesidades reales de los ciudadanos. Un incentivo para que la desafección política e indiferencia ante los asuntos públicos refuercen la abstención y dispersión de voto ante la falta de referencias reales. Segovia se mueve en lo social, económico y político en una senda similar al resto de los españoles.
Los efectos de la inflación se han dejado sentir con gran intensidad. Sentarse en una terraza en la plaza mayor de Segovia o tomar unos vinos por el centro este 2022 le rasca a uno el bolsillo, aunque se trate de un gasto prescindible. La peor parte se la ha llevado la factura eléctrica. Hemos llegado a pagar este año el megavatio en hora punta a más de 700 euros. Esta Navidad está oscilando en torno a los 30 euros, pero no se confíen, la fluctuación puede ser enorme en cuestión de horas. Son también muchos lo segovianos que hemos sufrido los efectos de la fuerte subida del Euribor. Con una hipoteca media de 150.000 euros a 30 años, la subida ha supuesto un incremento al mes de 200 euros. Todo indica que el incremento del índice de referencia va a subir por encima de tres puntos en un año, lo que ha frenado en este último semestre del año la suscripción de hipotecas.
Ir a la compra ha sido una pesadilla, y lo sigue siendo. Nuestra propuesta familiar en la cena de navidad de este año se ha traducido en un homenaje a los huevos fritos y langostinos. Por suerte la gasolina está bajando, pero la retirada de la subvención del Gobierno en los próximos días apunta a olvidarse del coche. Por suerte, las políticas de ayudas del Gobierno han contribuido a mantener el consumo y el empleo, cuestión no menor, y muy lejos de lo que vivimos en la crisis del 2008. El boniato ante esta situación tan difícil por la que están atravesando muchas familias hay que dárselo a las entidades bancarias. Su servicio es nefasto y su desprecio al ciudadano aún mayor. Hasta aquí lo que a una mayoría les importa de verdad, sin olvidar la miseria humana que acarrea la muerte y la violencia de género y familiar. Muy presentes en este 2022, por desgracia, y sin visos de cambio.
En el plano político este año ha estado marcado por la polarización y el populismo para desgracia de los ciudadanos de bien. El cambio de líder en el PP y la mejora de las expectativas electorales de la oposición ha tensado la cuerda de la crispación. Como nos
recuerda Moisés Naim en su libro La Revancha de los Poderosos la polarización desgarra a las sociedades y convierte la relación entre partido y ciudadano en fans, en los que el espíritu racional se transforma en una relación de odio hacia el contrario y de admiración hacia los suyos. La polarización es una fuerza centrípeta tan poderosa capaz de concentrar poder que sin ella se desvanecería. Un cáncer social como estamos comprobando. La falta de respeto institucional ha marcado el 2022. Lo estamos sufriendo estos días con la crisis del Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial con el consiguiente desacato al marco constitucional y la debilitación del Estado. A ello contribuyen sin duda los partidos nacionalistas de corte independentista. Nos lo recuerda día a día su estrambótico ariete en el Congreso cuando saca pecho por lo conseguido y nos amenaza con un referéndum sí o sí para la autodeterminación de Cataluña. Factor éste no menor y muy sensible para gran parte de los españoles y segovianos. Esta puede ser una de las claves que explique la naturaleza del voto en los próximos comicios en nuestra provincia, también en gran parte de España. Cuidado con la frivolidad, la sensatez por suerte aún acompaña a la ciudadanía.
En el ámbito autonómico tuvimos elecciones en Catilla y León. El esperpento que otorga VOX al gobierno de coalición lo vivimos día a día. El último esta semana con el error en la votación de presupuestos. El PSOE perdió una gran oportunidad de cambio. No sólo no subió, sino que perdió siete escaños, ante un PP que permaneció agazapado toda la legislatura y con un perfil bajo, y hasta mediocre. Sin duda, una mala orientación de la política de oposición y de la puesta en escena de sus políticos. Todo indica que no han hecho la lectura adecuada y persisten en la misma línea. En la provincia más de lo mismo. Seguimos careciendo de un proyecto para la provincia que nos impulse con fuerza hacia el futuro y genere esperanza para las nuevas generaciones. El equipo de Gobierno de la Diputación al tran tran haciendo lo de siempre, garantizarse la continuidad, pero gestionando el día, sin abordar lo sustancial. Enfrente una oposición que está encantada de asistir a los actos sociales que les proporciona el escaño en el salón de plenos, pero que no han sido capaces de concebir y trasladar un programa realista de trabajo alternativo. Todo indica que recogerán los frutos en el próximo mes de mayo. Pidámosles al menos rigor en el ejercicio de la oposición.
En el mes de mayo tuvimos cambio de alcaldesa. Una estrategia del PSOE para que la actual alcaldesa y candidata para darse a conocer a la cita electoral con mayores garantías, ante el batacazo que según fuentes socialistas auguraba alguna encuesta. El cambio
apenas se ha notado y por lo que se traduce al exterior la línea es continuista, si bien se ha intensificado la presencia pública en actos sociales como dan buena fe de ello las fotografías y presencia en redes sociales. La extrapolación de los resultados de las últimas elecciones autonómicas a la ciudad daría una holgura al bloque de derechas de hasta tres concejales, con una fuerte subida de VOX. Se da la circunstancia de que el PP sigue manteniendo la incertidumbre de su candidato, en esa clara táctica de mantener un perfil público muy anodino que fundamenta su aspiración política en los errores asociados a la notoriedad del contrario y el hartazgo social hacia quien se pone a tiro en la escena pública. Hasta el momento les ha ido bien y el PSOE no ha sabido encontrar el antídoto.
Esperemos que en 2023 concluya la guerra y acabe el drama social. Nuestro bolsillo también lo agradecerá y nos permitirá abordar el futuro con mejores perspectivas. Lo de ganar confianza en la política y los políticos va a ser otra cuestión. La percepción de la política provincial viene marcada en gran manera por la política nacional, lo que no nos exime de pedir a nuestros parlamentarios que cumplan con su papel. Dado que tienen la suerte y el honor de contar con un papel preferencial tienen la obligación de aportar valor añadido a su función a cambio de la retribución que reciben de todos los españoles. Los parlamentarios populares y de VOX siguen desaparecidos. A efectos políticos como si no existiesen. Es difícil ponerles cara. A cambio, el PSOE ha tenido durante este año una sobreexposición en una gran mayoría de los casos sin rumbo y sin que los segovianos sean capaces de apreciar hacia dónde van, más allá de la búsqueda de notoriedad. Todos se han de poner las pilas. La política puede llegar a ser algo sublime cuando se ejerce con orientación y vocación pública para dar respuesta a los problemas de todos, y se olvida de buscar como único objetivo ganar elecciones. Un problema de orientación que va a ser difícil que cambie a corto plazo. En ese caso, la desafección se hará notar.












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