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El personaje del año

El personaje político y social destacado de este año, que está llegando a su fin, ha sido Pedro Sánchez. El hecho de que hayamos tenido dos importantes citas electorales ha contribuido a aumentar su presencia pública y social. Su calendario mediático ha sido muy intenso, en cualquier caso. Nuestro actual presidente del Gobierno tiene una visión mediática de la política y, para lograrlo, busca notoriedad de manera planificada en los medios de comunicación para alcanzar sus objetivos. Su enfoque y dedicación política no dejan a nadie indiferente. Ha sabido convertir su necesidad en una virtud. Sánchez provoca tanto admiración como desprecio; no existe una posición intermedia.

El 3 de febrero de 2015, las cuatro cabeceras de prensa de mayor tirada en Madrid (‘El País’, ‘El Mundo’, ‘La Razón’ y ‘ABC’) elogiaron el sentido de Estado de Pedro Sánchez debido a la firma del pacto antiyihadista entre Sánchez y Rajoy. En ‘La Razón’, se podía leer frases como la siguiente: “Que Pedro Sánchez haya acudido a La Moncloa, desoyendo las presiones de un sector de su propio partido para que no se hiciera la foto con Mariano Rajoy, dice mucho acerca de su sentido de Estado y fortalece al PSOE”. Un gesto similar lo repitió con la aplicación del artículo 155 de la Constitución en 2017 durante el proceso catalán, con una valoración idéntica. Mucho ha cambiado Pedro Sánchez, los medios, o ambos. El respeto a las instituciones es un pilar fundamental del Estado de Derecho, ya que perduran con el tiempo y sustentan nuestro sistema democrático, como analicé en la entrada de este blog titulada “La crisis institucional del Estado”, fechada el 22 de octubre de 2023. Algunos conciben el “sentido de Estado” como algo instrumental, sujeto a los intereses políticos del momento, lo que imparte a la política una alta volatilidad.

Todo indica que el presidente Sánchez nunca ha sido una persona con un fuerte cariz ideológico, y su principal interés siempre ha radicado en el poder, disfrutando de su ejercicio. No es precisamente lo que se denomina un “hombre de partido”. Sin embargo, él sabía muy bien que el partido político es una herramienta esencial para alcanzar el poder y aspirar a la presidencia del Gobierno. Su pragmatismo y capacidad de adaptación lo han llevado a luchar por el futuro sin que nada se interponga en su camino hasta alcanzar sus objetivos.

El presiente es, ante todo, un actor político. Siempre está dispuesto a ofrecer a sus interlocutores, en el ejercicio de su papel, una sonrisa abierta, un ánimo sosegado y risueño, así como una tranquilidad y autocontrol a prueba de bombas. Esta actuación es aprendida y entrenada, ya que en muchas ocasiones resulta poco natural. Basta recordar dos de sus actuaciones más notables: una en un debate electoral en televisión en noviembre, con Rajoy como adversario, en el que le espetó la famosa frase “usted no es un político decente”; y otra en el reciente debate de su investidura, el pasado mes de noviembre, con Feijóo en la tribuna del Congreso, cuando le recordó que había afirmado que “no era presidente porque no quiero”, seguido de una carcajada claramente impostada que arrancó el aplauso prolongado de las filas socialistas y su propia burla al jefe de la oposición. Un artista que día a día nos deslumbra más y más, a unos para bien y a otros para mal, pero que, indudablemente, a pesar de sus escasas cualidades innatas, tiene oficio. Estas perfomances no están al alcance de cualquiera. A ello se une su gran capacidad de trabajo y su pundonor. Un luchador incansable que nunca se rinde. Su mejor arma para enfrentarse a sus rivales; no adversarios.

Nuestro protagonista llegó a la política en 2014 con un plan de regeneración democrática y la lucha contra la “colonización” de las instituciones por parte de los partidos, siguiendo la senda del malogrado espíritu del 15M. Un proyecto que olvidó cuando alcanzó la Moncloa. Una más de sus continuas contradicciones. Él sabe que todo se olvida rápidamente, pero tanto va el cántaro a la fuente que acaba rompiéndose. Hoy su credibilidad está en entredicho y su confianza está muy quebrantada. En la política, la imagen de hoy es el voto de mañana. 

El presidente ha logrado vincular estrechamente su persona con el partido del cual es secretario general. El PSOE parece haberse convertido en una herramienta instrumental de su líder, olvidando a menudo sus propios principios y su capacidad para la autocrítica. Su destino puede estar inexorablemente ligado al de su jefe. La ambición y la avaricia política, por lo general, van en contra del interés y la integridad ética que los ciudadanos desean ver en sus líderes, lo que puede tener un alto costo para quienes practican tales comportamientos. El tiempo nos dará la respuesta.


Author: Andrés Segovia

Política provincial, autonómica y nacional

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