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Cuidado con el victimismo

Vaya por delante que la sanidad pública, universal y gratuita, el Estado del Bienestar en general, me parecen un logro impresionante que hay que defender sí o sí. Vaya por delante también que considero que Segovia tiene razones sobradas para quejarse por la escasa inversión autonómica en materia sanitaria en los últimos años. Vaya por delante que no me creo ni media palabra sobre si van a construir un segundo hospital, que para cuando lo hagan, si lo hacen, Segovia tendrá 40.000 habitantes y el problema será encontrar enfermos. Más esperanzas tengo en que la consejera de Sanidad, Verónica Casado, tire adelante con la ampliación del actual, dotándolo de radioterapia que es lo único que me parece que tiene sentido de toda esta polémica.

De lo que quería hablar es del victimismo. Estos quejicosos “Segovia también existe”, “Segovia muere en el olvido” y demás. No es disconformidad en absoluto con lo que se pretende pero sí para prevenir.

Verán, el victimismo sugiere que la culpa es siempre de algún otro, en consecuencia, la solución está en manos de ese otro. Si así fueran las cosas, cabe preguntarse a santo de qué ese supuesto culpable de nuestros males habría de molestarse en socorrernos. ¿Por bondad? ¿Por justicia divina? ¿Por qué nuestras bonitas pegatinas  le han conmovido en lo más profundo?

El victimismo minimiza nuestra responsabilidad en nuestra propia realidad. Si Segovia no presenta atractivo empresarial ni regalando el CAT a pie de AVE deberíamos preguntarnos qué pasa aquí. Deberíamos cuestionarnos si realmente el crecimiento económico va por ese camino. Tradicionalmente hemos tendido a pensar que buenas infraestructuras (que paga Madrid) y apoyos públicos en forma de subvenciones (Valladolid) aparejan puestos de trabajo. ¿Y si no es así?

¿Y si más bien estamos ante un problema de mentalidad, que prima una Segovia funcionarial, de grisáceos pero confortables destinos provincianos, a otra más innovadora y creativa? ¿Y si resulta que una amplia mayoría de ciudadanos está cómoda donde está, con su bonita ciudad, bonitos paisajes, un buen sitio para criar a los hijos para que el día de mañana emprendan el vuelo por los madriles? ¿Dónde búlgaros y marroquíes son una aceptable alternativa laboral para supuestas medias jornadas en la hostelería a 600€ el mes? ¿Un buen nicho de mercado al que colocar el humildísimo piso de la tía-abuela -ese que no conoce la pintura desde 1978- y rentarnos 500€ mes con el que completar la pensión?

Miren, sinceramente no creo que valga la pena culpabilizarse con eso (bueno, a veces sí, convendría pintar ese piso). Somos como somos. Tenemos lo que tenemos. Lo que sí es interesante es salir de determinados espejismos, como el CAT, que solo conducen a gastar en recursos desopilantes que pudieran haberse obtenido por la décima parte y antes. Como el palacio de congresos de Quitapesares. Como el campo de polo de La Granja. Como el policlínico…

Como la idea de que, al final, todo se arregla con que venga la administración invierta pastizales y suelte subvenciones. Que gaste más… ¿Y si lo que realmente interesa es que esa administración gaste mejor?

Les apunto una línea de trabajo. El covid19 parece haber descubierto en España el teletrabajo. La estupidez que supone, en no pocas ocasiones, la actividad presencial. Eso entraña riesgos y oportunidades.  Gana el online. Es la digitalización, que apareja riesgos como la precarización y posibilidades como trabajar desde Ayllón.

Precisaremos herramientas de administración on line, lo que a su vez demanda buenos anchos de banda, espacio logístico en sustitución del comercial. Precisamos que el “no” áspero del funcionario se convierta en un “puede ser”. Precisamos no ver en lo digital el enemigo sino una aplastante realidad. Precisamos jornadas intensivas y no extensivas. Precisamos un cierto cambio de mentalidad.

Que es siempre lo más difícil de todo. En tiempos de la extinta Caja Segovia una vez cayó por aquí un dicharachero guru -estos predicadores modernos que con optimismo y labia dan a entender que entrar en el nuevo paraíso de ser rico es cosa de actitud- que explicaba que un amigo suyo salía cada sábado con la idea de ligar pero no se comía un rosco. Siempre iba a los mismos sitios, pedía el mismo vodka con naranja y llevaba la misma gastada chaqueta. El guru le dijo que se limpiara las uñas, que cambiara de ambientes y, sobre todo, dejara de peinarse con raya y colonia. La concurrencia prorrumpía en alegres carcajadas. Y el guru nos engañaba piadosamente explicándonos que su amigo hizo caso de sus sabios consejos y terminó siendo un ligón.  La triste realidad, que usted y yo sabemos, es que el amigo del guru no solo no se comió un rosco, sino que se gastó un pastizal en una chaqueta que no le gusta, y ahora ingiere gin-tonics que le saben a lejía (con lo bien que le sentaba el vodka con naranja). El pelo no es problema pues se le cayó y es calvo. Y el bar al que va ahora le parece un engendro comparado al que iba y, además, no están los amigos con los que le gustaba hablar de fútbol y quejarse de que no se come un rosco.

La realidad es que hace mucho renunció a ligar por la cara y solo hace tiempo en la barra a la espera que abran el puticlub.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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5 Comments

    • Totalmente correcto el artículo. No hay que buscar problemas, sino soluciones.

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  1. creo que hay que hacer una diferencia por aquellos colectivos que sin pandemia mediante han ido reclamando la rehabilitación del Policlínico, sobre las carencias del sistema sanitario, educativo, etc de los que ahora se apuntan al carro.

    victmismo vale, pero es una generalización como tantas otras. algo de razón tiene, pero creo que no es suficiente para enmarcar la realidad.

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  2. Absolutamente de acuerdo.

    No me canso de decirlo.

    Gran parte de la actitud quejica y victimista segoviana es postureo, puro postureo. No engañarse, oigan.

    A una proporción grande de gente de aquí les parece que, en el fondo, no se vive tan mal, que a los nenes se les cría tranquilos, que la tasas de criminalidad son bajas, que mola mucho ir de chatos a la Plaza en periodos y recorridos que se repiten durante décadas, les reconforta lo conocido, desconfian de lo mínimamente “forastero”, se relacionan y reproducen entre ellos perpetuando sus linajes familiares de la Segovia de toda la vida, viven con ese miedo crónico a que las cosas cambien demasiado o a que alguien que carece de 8 apellidos jegovianos venga a mostrar una perspectiva diferente a lo que se ha hecho siempre. Porque si siempre seha hecho así es por algo….¿o no?

    Destacar en esta Segovia es fácil, porque en los sitios pequeños, menguantes y deprimidos, como éste, el nivel de calidad en cualquier actividad es baja, muy baja. De ahí casos sangrantes y vergozantes como el CAT o La Faisanera. Por eso cualquier pelamanillas ha llegado a auparse al Ayuntamiento y Dipu a hacer sendas barbaridades, pero luego se ha paseado ufano con sus aires de personas provincianamente importantes mientras se toman sus chatos de rigor en la Plaza, el bestiario del garruleo más gañán, el zoológico de lo de siempre, el atrezzo decadente de una ciudad cuyo punto de fuga no sale de su puto ombligo.

    Cuando ven a sus cuñados de Madrid o Valladolid se quejan de la falta de servicios, de oportunidades, o de hospitales. Cuando se van a la cama después de lavarse los dientes, estiran la pierna con mucho gusto hacia el embozo de la sábana, y susurran, mentalmente, desde la grisura de su cortex provinciano…”mmmm, que bien se vive en Segovia”

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