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Condenas a perpetuidad

Del día que tocó el gordo en Segovia en 2000 me conmovió especialmente la horrible muerte de Cristina Gala. Acuchillada 40 veces por un compañero de clase en la entonces Universidad SEK, Erasmo San Pablo. Ambos tenían 19 años. Así que mientras media ciudad andaba como loca por la catarata de millones, mientras corría el champán, una familia acababa de ser destrozada para siempre en el crimen más salvaje perpetrado en Segovia en los últimos tiempos. Al día siguiente las portadas de la prensa local evidenciaban la contradicción inherente a lo humano; por un lado, alegría desbocada, por otro, el mayor sufrimiento que concebirse pueda, perder en la flor de la vida a una hija, a una hermana a una amiga. Nuestro oficio es así.

Al asesino le cayeron 20 años. Cuentan las crónicas del juicio, con jurado popular, el primero que hubo en Segovia, que apenas levantó la vista de las baldosas. Una personalidad problemática, malsanamente obsesionado con los estudios. En su declaración dijo no acordarse de nada, que estaba trastornado porque Cristina no había entregado un trabajo conjunto, que por eso sacó un cuchillo y la mató. Una completa sinrazón.  Los forenses le pintaron como una personalidad con trastorno esquizoide, lo que no quita para que tuviera perfecta consciencia de que estaba matando, y que lo que hacía era el mal en estado puro. En 2020 cumple la pena y volverá a ser libre.

La familia, arropada por unos sesenta amigos y vecinos, convocaba un acto de concentración con motivo del aniversario pidiendo el restablecimiento de la cadena perpetua para casos similares.

En nuestro ordenamiento jurídico, las penas responden a la retribución del mal causado, a la ejemplaridad y utilidad social, y a la reinserción del reo. En el caso de la muerte de un ser querido no hay retribución posible. Nadie supera eso, solo podemos dar a la familia empatía y solidaridad. Los expertos consideran en cambio que la perpetua no sirve de freno para la comisión de delitos de sangre, al revés, de perdidos para el río. De manera que el asesino que se enfrenta a la perpetua hará todo lo que sea para no caer en manos de la ley. No es útil socialmente.

Y queda la reinserción, un mecanismo que en España se ve avalado con un razonable éxito en la lucha contra la delincuencia. Si aprovechamos los años de condena para normalizar al preso, si le damos oportunidades laborales, sociales, emocionales, a menudo se consiguen resultados. A menudo no, pero el hecho de que España sea uno de los países con menos delitos del mundo parece avalar este planteamiento. La perpetua es incompatible con la probabilidad de reinsertar socialmente al reo. Es por eso que, en general, los expertos consideran obsoleta la perpetua. La permanente revisable parece una herramienta adecuada para proteger a la sociedad frente a casos de reincidencia patológica o de imposibilidad de reinserción. No es el caso de San Pablo, que carecía de antecedentes.

No deben confundirse tribunales y justicia. Los primeros van encaminados a la resolución de conflictos en vistas a una utilidad social (y,tampoco nos engañemos, a la preservación del statu quo). La justicia es un ideal que llevamos dentro y que también tiene su utilidad social, pero es distinta. Filosóficamente se define como “dar a cada uno lo que le corresponde”. Se basa en la equidad y la empatía. Ver tratar a alguien con justicia nos alivia, en caso contrario, lo lamentamos y buscamos mecanismos que mejoren la sociedad para que eso no vuelva a pasar o suceda las menos veces posible. Pero no hay justicia que compense el asesinato de un absoluto inocente, y menos en la flor de la vida a manos del capricho de un sádico. Ni tampoco castigo suficiente. Ni tampoco garantía alguna de que no vuelva a pasar.

Por eso, defender la causa contraria a la perpetua en casos como el de Cristina Gala es tan duro y complicado y tan sumamente impopular. No habrá nunca justicia para Cristina Gala, como nunca habrá consuelo para el dolor de su familia. Todo lo más conviene recordar que los países que endurecen y endurecen las penas carcelarias en un intento de “hacer justicia” por solidaridad con las víctimas, las más de las veces consiguen el efecto contrario. Más desesperación y crímenes. No es el camino.  Las sociedades que ignoran el dolor de las víctimas, excuso decir, tienen menos futuro todavía. Y en esa estrecha horquilla, todo incertidumbre, nos movemos.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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6 Comments

  1. Extraordinaria reflexión por su contenido y su contención: no hace falta insultar ni desfigurar los hechos para decir lo que se piensa, que en este caso puedo decir que es lo que cree la mayoría. Bravo. Muchos artículos así.

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  2. De esa estrecha horquilla, en la que efectivamente todo es incertidumbre, tampoco se pueden expulsar conceptos tan cristianos y tan humanos como el perdón del delito y la redención del delincuente, que también habría que reivindicar en este caso. Odiar al delincuente y desearle todos los males del mundo tampoco es la solución

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  3. Para un asesino o un violador yo prefiero en vez del susto, muerte, así como suena el garrote, para entendernos o como mal menor llevar al asesino a la cárcel de por vida, y que los medios de comunicación le pongan que no digan dueñas, esta opción es más cara sin duda y más costosa para algunos periodistas. La sociedad lo agradece y pide a sus gobernantes protección y no filosofías ni estudios criminológicos. Además se gana en Seguridad. La pena tiene que tener un carácter disuasorio o intimidatorio. Los que piden susto son gente de la loa y la melancolia ante dos botellas de cerveza, que están más por el asesino que por la víctima, enfín que jamás han enterrado a un ser querido muerto de forma violenta a manos de asesinos que pululan por las calles y nunca tendrán empatía con la familia de la foto. Que pena.

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  4. Reinserción? Se creen que es alguien que ha robado y ahora se va a poner a trabajar o que? Estamos hablando de un tío que mata con ensañamiento por el más insignificante motivo. Como bien dicen más arriba como se nota que no es la hija de ellos. A Cristina nadie le devolverá la vida pero a este personaje le devuelven la libertad para que ahora mate a cualquiera que le mire por la calle..

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  5. Abogo por la Cadena Perpetua. Un psicópata asesino es un peligro social ya que por su condición no es reinsertable.

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