free web stats

Faltan luces

Luces en algunos tramos del Paseo nuevo, el año pasado.

Segovia será este año la capital de la región que menos invierta en iluminación navideña con 48.823 euros (con el IVA y todo), incluso detrás de Zamora que hasta ahora era el farolillo rojo y que en dos años ha pasado de 22.000 a 50.000 euros largos para este contrato. Si se sigue mirando a las capitales “pequeñas”, Palencia llegaba el año pasado a los 53.000 euros, Ávila a los 80.000 y ¡atención! Soria ha firmado este año un contrato por dos años de 280.000 euros, después de gastar en las últimas navidades 128.000 euros en una apuesta decidida por “renovar” el anquilosado sistema que utilizaba hasta entonces, similar al que mantiene Segovia.

La razón de ser de la iluminación navideña en cualquier ciudad del mundo es la de “animar el consumo en el comercio local” y “servir de atractivo a visitantes”. Vamos, que su fondo es meramente económico y ya se sabe que no hay negocio que funcione si no hay una inversión previa y por tanto, la ecuación no funciona en Segovia. Parece dudoso que exista un solo turista en el mundo que reserve en su agenda algún día del mes de diciembre para venir a disfrutar de las luminarias segovianas y mucho más cuestionable es que un solo cliente opte por comprar en un comercio concreto porque en su puerta hay un arco que no tiene la tienda de 20 metros más abajo.

No es extraño que, año tras año, la empresa de Carmelo Plaza sea la única concursante para la adjudicación del exiguo contrato. A cualquier segoviano de cierta edad ya le resulta hasta entrañable la firma por aquello de que es “la de toda la vida”, como lo son los rancios adornos que aparecen, a trozos y encima sin continuidad la mayoría de las calles. Si, para colmo, los alicientes son una “bola gigante” que lleva tres años haciéndose visible en media España; el motivo cristiano del nacimiento que también se ha hecho fijo pese a que hay quejas cada año; o el “homenaje al Brexit” con el que el vulgo bautizó, acertadamente, aquella especie de paquete tumbado que cubría la fachada del ayuntamiento el año pasado, no parece extraño que el sistema cause en los segovianos el mismo entusiasmo que la pintura periódica de los pasos de peatones: ninguna.

“El presupuesto es muy modesto” reconocía este jueves la alcaldesa, Clara Luquero, que añadía un toque de resignación, al parecer insuperable: “mientras no podamos destinar más recursos a esto…” Eso si, asegura que lo que se instala “da alegría” y que “lo que hacemos con lo que tenemos no está mal y de hecho hay un proyecto bonito para este año”. Veremos porque las luces que salen cada año del almacén de Plaza hacen imaginar un grupo de adornos en los que cuelga la etiqueta “Reservadas para Segovia. No tirar”, no sea que los de la limpieza la líen un mes de julio en el que se pongan a ordenar.

Que el sistema siga basándose en un mixto en el que los comerciantes que lo solicitan —esto es, que “se retratan”— pagan su parte correspondiente para que la calle en la que se ubican sus locales haya un adorno es el culpable de que uno se encuentre un lado de Conde Sepúlveda con arcos y el otro no, que José Zorrilla “alto” se diferencie del “bajo” o que de repente aparezca un arco suelto, casi sin sentido, en alguna calle suelta como Marqués del Arco, por poner ejemplos. La Agrupación de Comerciantes (ACS) hacía público esta misma semana un informe dando cuenta del estado crítico del comercio y de la existencia de centenares de locales cerrados y sin actividad. Obviamente, ahí no habrá arcos y la primera premisa, el “apoyo al comercio local” no tendrá sentido. De hecho, donde es más contundente y numerosa la iluminación es en la calle Real, la de las franquicias.

Que nadie haya tocado en años una coma en la fórmula para disponer estos adornos —Luquero reconocía que la última vez que se pensó en cambios era ella concejala de Cultura— es también culpable de que en los barrios de la ciudad uno se tope de repente con una triste farola envuelta en una tira de luces en base a la cual el Ayuntamiento va y suelta en su correspondiente nota de prensa que hay presencia de la iluminación navideña en “todos los barrios”. Visto así, los de Nueva Segovia y su “pirulí” lleno de tiras lumínicas que incluso se encienden y se apagan se perfilan como los privilegiados entre los barrios segovianos.

No parece que sea necesario pensar en un dispendio como el de Vigo, cercano a los 900.000 euros el año pasado y con concejales dando explicaciones a la Fiscalía de cómo se hace tamaño gasto, pero sin duda hay un término medio, o siquiera cuarto y hasta menos, que los segovianos —nos conocemos— difícilmente admitirían sin crítica una subida desmesurada de esta partida pero si alguna novedad.

Lo que quizá sería conveniente es que en el departamento de Cultura se apeara la idea de que “lo que ha funcionado un año funciona los siguientes” porque resulta que los años, la tecnología y los gustos cambian. Pasa con las luces navideñas, la Cabalgata de Reyes —graciosa, muy graciosa cuando se la “meneó” en 2004, pero ya cansina varios lustros después— o, por salir del periodo de diciembre, con los programas de actos de los festejos de San Frutos o las fiestas mayores de San Juan y San Pedro, fácilmente punteables de un año para otro para comprobar la repetición mecánica de las convocatorias año tras año.

Pues si. Este año, de nuevo, faltan luces.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

Share This Post On