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Recuperar el ‘seny’

En el imaginario colectivo catalán, el seny representa una virtud profundamente arraigada en la cultura: sentido común, prudencia y equilibrio. Este concepto ha servido históricamente como brújula moral para enfrentar situaciones complejas, priorizando el bien común y rechazando los extremos. Sin embargo, en la política actual, este valor parece haber sido relegado por el ruido, la polarización y el chantaje político, especialmente en las tensas relaciones que mantienen esta legislatura entre Junts, liderado por Carles Puigdemont, y el Gobierno de España.

El escenario actual evidencia un chantaje constante por parte de Junts al Gobierno de Pedro Sánchez. Puigdemont ha condicionado su apoyo a una lista de exigencias, entre las que destacan la aprobación efectiva de una ley de amnistía, una financiación singular para Cataluña, la transferencia de competencias exclusivas en materia de inmigración y el reconocimiento del catalán como lengua oficial en la Unión Europea. Muchas de estas demandas no solo exceden las competencias del Ejecutivo, sino que también enfrentan serios problemas de encaje constitucional. La última ofensiva incluye la exigencia de que Sánchez se someta a una cuestión de confianza, bajo la amenaza de retirar su apoyo total, como esta semana han materializado votando en contra de la subida de pensiones y las ayudas al transporte. Este planteamiento busca debilitar al Estado español, amplificar la brecha entre las comunidades catalanas con sentimientos divergentes y promover el independentismo mientras se generan tensiones en el resto del país.

Es difícil entender cómo, desde un sentido de Estado, se pueden aceptar mediaciones internacionales para tratar cuestiones que son competencia exclusiva del Gobierno. Más incomprensible aún es rendir pleitesía a un prófugo de la Justicia refugiado en Waterloo, quien, además, complementa su estrategia con provocaciones como su fuga desde el Arco del Triunfo de Barcelona. Esta actitud representa un desprecio al Estado español y a un Gobierno que, pese a sus limitaciones, tiene el deber constitucional de actuar como garante de la unidad de todos los ciudadanos.
Ante esta realidad, urge recuperar el seny como marco ético y político para revertir esta dinámica destructiva. Todas las partes implicadas, desde el Gobierno hasta la oposición, deben anteponer el interés general del país y comprometerse a defender los valores democráticos frente al chantajismo y la extorsión política.

El Gobierno no puede seguir siendo rehén de una formación que, lejos de buscar soluciones para el conjunto del Estado, persigue una agenda de confrontación y privilegios exclusivos. Por su parte, los gestos de la oposición hacia Puigdemont, con la intención de formar una mayoría parlamentaria o impulsar una moción de censura, resultan un despropósito político que socava sus propios principios constitucionales. Con los prófugos de la Justicia no se negocia; se les somete a las leyes y normas que establece el Estado de Derecho, como garantía de los derechos y libertades para todos los españoles, tal y como dicta la Constitución vigente.

La única salida viable pasa por un gran pacto de Estado entre los partidos constitucionalistas, especialmente considerando que, dado el alto nivel de polarización existente, unas futuras elecciones probablemente perpetuarían la actual tensión entre bloques. Este acuerdo debe centrarse en salvaguardar la unidad territorial, garantizar la igualdad entre comunidades autónomas y reforzar la estabilidad democrática.

Es el momento de que las principales fuerzas políticas superen sus diferencias partidistas y trabajen de manera conjunta para devolver la confianza a la ciudadanía. Lamentablemente, ni Puigdemont ni su entorno independentista parecen dispuestos a realizar el menor esfuerzo por recuperar la cordura y la sensatez, virtudes que históricamente han definido el concepto del seny. Por ello, debemos actuar colectivamente para rescatar este valor esencial, tan necesario para preservar nuestra democracia. De lo contrario, la evolución geopolítica de grandes áreas del mundo, incluida la nuestra, nos está enseñando lo que puede ocurrir.


Author: Juan Luis Gordo

Juan Luis Gordo. Segoviano de izquierdas, autónomo y polifacético

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