La designación del candidato a la alcaldía del Segovia bajo las siglas del Partido Popular, José Mazarías, ha abierto definitivamente la campaña electoral, al menos para el PSOE de la capital, que llevaba meses esperando con impaciencia conocer quien será el principal rival en la carrera por la Alcaldía. El elegido, hombre de partido, conocedor de la administración y sin desgaste —más bien lo contrario— en su acción como delegado territorial de la Junta, aparenta ser un hueso mucho mas duro de roer que el actual portavoz municipal, Pablo Pérez, apeado de esta candidatura, en parte por la pérdida de imagen y desgaste que ha sufrido en su papel de fustigador del Gobierno municipal, en parte por carecer aún de suficiente empaque para esta batalla que se antoja decisiva para los populares en su empeño de pisar la Alcaldía, en parte, por aquello que pasó en 2019 cuando sus valedores de Génova le colocaron de número uno a base de apisonar púbicamente al PP local y regional.
En cualquier caso, la designación de Mazarías ha alborotado, y mucho, las nerviosas filas socialistas. Dejé de pintar palitos en mi cuaderno cada vez que un miembro del equipo de Gobierno citaba su nombre en una comparecencia de prensa cuando llevaba 36, a media mañana del viernes, cuando los de IU y el PSOE exponían su enésimo balance del año 2022 con la naturalidad del que tiene algo que explicar.
La mayoría de las citas con las que los socialistas han desarrollado, supongo que sin quererlo y temo que sin valorarlo, una formidable campaña de difusión del nombre de su rival las ha hecho el locuaz, con salpicones de ironía no muy bien trabajada, Miguel Merino, al que le han asignado el papel de poli malo —mire que ha habido portavoces que han bordado esta pose— mientras la alcaldesa, Clara Martín trata de asumir posturas más institucionales, aunque si hay un trapo rojo, va. Otra que está haciendo el curso acelerado de ascenso a jefe desde la jefatura.
Hasta ahora todo lo que se critica son, precisamente, los asuntos gestionados por la delegación territorial de la Junta, los mismos por los que Mazarías —“Don José le llaman algunos”, soltó el otro día Merino, no sé muy bien con qué fin— saca pecho. No sé, por ejemplo, es muy arriesgado criticar la puesta en marcha del servicio de radioterapia cuando el año pasado benefició a 400 pacientes segovianos por mucho que la reivindicación de un servicio totalmente público esté vigente. O al menos hay que saber explicarlo bien y no con una frase suelta del listado de “ideas fuerza para la crítica” que es cómo aparentan plantear sus últimas comparecencias los socialistas.
La Junta como elemento de ataque será, por tanto, uno de los ejes de la campaña. Nada nuevo: todos los alcaldes socialistas de los últimos veinte años han usado el victimismo ante el Gobierno regional, a veces con razón, otras simplemente para tratar de disipar responsabilidades propias. Casi siempre, generando cansancio en el oyente y apenas rasguños a los populares.
Pero me preocupa más el segundo punto del argumentario, el de bajar al nivel de los ayuntamientos el discurso instalado hasta ahora sólo en el ámbito nacional de “progresistas contra la derecha” a la que se agrupa con absoluta ligereza bajo la palabra “facha” mientras a la extrema izquierda se la libera de etiquetas. Es una táctica que me causa enorme repugnancia. Por lo que evoca, por su capacidad de generar tensión, enfrentamiento y polarización, porque en el mismo planteamiento aparecen buenos y malos, sin zonas grises, pero decidiendo los primeros quien es cada quien. Porque la democracia se basa en la alternancia…
Aunque tiende a abrir discurso achacando a “los otros”, el papel de crispadores, lo cierto es que, de momento, aquí, la derecha no pía y esta agitación sólo llega desde la izquierda, que en su afán de arrogarse el papel de salvadores de la democracia y el progreso no tienen problemas en hacer de la derecha un todo y gritar a todas horas “que viene el lobo“. Como quiera que Vox aún no tiene cara en Segovia ni se sabe cuál será su tirón real —no parece que nadie les eche en falta— los gobernantes en el Ayuntamiento achacan a Mazarías todo el espectro político, desde el centro hasta los confines de la derecha y ni siquiera se sonrojan cuando lo hacen.
Tampoco sufren vergüenza alguna en echar al saco a cualquiera que se mueva de la foto. La última ha sido la de alinear —“mimetizar” ha sido la palabra usada— con la derecha ¡al portavoz de Podemos! Guillermo San Juan, por osar criticar al Gobierno de PSOE e IU que responde “decepcionado”: o estás con nosotros en el frente del “no pasarán” o eres de ellos, so fachita.
Es cierto que el podemita está siguiendo al pie de la letra el manual que dice que hay que distanciarse de los gobernantes en los últimos meses de mandato para tratar de rascar los votos del desgaste y también lo es que si se repasan las votaciones de los plenos desde 2019 se pueden encontrar numerosísimas ocasiones en las que el podemita ha votado al unísono con PP y Cs. Pero lo cierto es que San Juan nunca ha puesto en un solo aprieto serio al Gobierno de Segovia en los asuntos mollares: modificaciones urbanísticas, presupuestos o la investidura de Martín, por citar algunos. Pero ya que el secretario de organización socialista en la capital —el puesto orgánico de Merino— exija al de Podemos que haga lista única con IU me provoca una mueca, aunque sea como la de la Gioconda.
Los de Podemos parecen dispuestos a romper la “unidad” de la izquierda en su afán de “ampliar el espacio municipalista” que ocupa la formación (si lo prefiere, en su lucha enfermiza, por los dos lados, con Izquierda Unida), así que el PSOE se encuentra, a cuatro meses de las votaciones, con posibles pérdidas de apoyos a su izquierda donde se teme bajar de concejales de apoyo por dispersión del voto, y el temor de los mordiscos a los que fueron sus votantes que vendrán por la derecha, reactivada y vitaminada con el nuevo candidato.
Siempre pueden seguir atacando con vehemencia a la líder de Ciudadanos, Noemí Otero, que los 3.503 votos que logró la formación naranja en 2019 bien valen una mayoría absoluta.
















Últimos comentarios