¿Por qué razón Parques Nacionales acaba con nocturnidad y alevosía con la estación de esquí de Navacerrada? ¿Por qué se van a la calle 30 trabajadores? ¿Por qué se ponen en peligro otros 200 empleos? ¿Quién sale ganando con el cierre?
Tiendo a sospechar de una administración -el ministerio de Transición Ecológica– que, para venderte la moto achaca al “cambio climático” el cierre de una estación. ¿No suena de antemano a milonga, a maniobra de desinformación? Como bien informa la empresa, desde hace años la nieve de las tres pistas a cerrar es básicamente artificial, y si el esquí artificial no fuera viable hace años que hubiera echado el cierre tratándose como se trata de una entidad privada (toda una excepción, en un panorama dominado por las empresas públicas). Por cierto, en invierno, la temperatura media ha aumentado un grado en los últimos 50 años, no 2,5, como bien se colige de este último estudio de la Complutense. Y habría que ver qué ha pasado si abarcamos un periodo mayor.
Milonga 2: cerramos porque la estación es un peligro para la seguridad vial. Estupidez tan grande no merece ni comentario. Por lo mismo podrían cerrar la playa de Benidorm, pues anda que no palma peña en la A3.
La tercera razón es la verdaderamente significativa. Parques Nacionales quiere reducir la presión de visitantes sobre el entorno. Esta es la cuestión: a su entender sobra gente en el Guadarrama. Pero como no queda bien sacar una nota diciendo “cerramos la estación porque la señora ministra no quiere gente en el Guadarrama” lo envolvemos en patrañas pseudocientíficas. Además, ¿realmente sobra gente en el Guadarrama? ¿Qué quiere decir que sobra gente en el Guadarrama? ¿Y dónde exactamente? ¿Sobra gente en la estación de esquí?
Quede claro que para el gestor de un parque nacional, en la medida que su prioridad es el mantenimiento de la diversidad, siempre sobra gente. Pero para los que vivimos aquí y con mucho gusto pagamos los sueldos de los gestores del susodicho parque, la prioridad es seguir viviendo aquí (y de paso seguir pagando a los dichosos gestores). Así que para los que vivimos aquí quizá lo que sobran son biólogos inútiles.
De modo que la pregunta es quién manda aquí, ellos, los biólogos, o los ciudadanos. Nosotros, tiendo a pensar, pues pagamos sus salarios. Así que la obligación de estos biólogos no es otra que olvidarse de sus obsoletos planteamientos de “muerto el perro muerto la rabia” y ponerse a trabajar realmente en serio en compatibilizar nuestros intereses y los biológicos. Olvidarse de fundamentalismos de “devolver la naturaleza a su estado primitivo” (lo que por cierto nunca fue suyo, no hay sierra más humanizada que el Guadarrama) y dar alternativas para que los 7 millones de madrileños 7 que quieran venir a disfrutar de la sierra lo puedan seguir haciendo. Que los poquitos que viven de eso lo puedan seguir haciendo. Y no mandando al paro al personal con milongas sobre el cambio climático y el tráfico.
Durante 70 años estas estaciones de esquí han venido funcionando en el Guadarrama. De hecho, si pasamos balance general, más han contribuido a minimizar el impacto humano que a fastidiarlo. Creánme, no hay mejor aliado de la naturaleza que asignarle un valor económico y empresarial. Esquí, Pinocios, circuitos de bicicletas, embarcaderos para barquitas, y hasta cotos de caza, tienen todo su sentido en la dinámica de preservar sistemas concentrando los usos humanos en unos pocos puntos evitando su expansión y protegiendo el entorno de otros más lesivos (agricultura intensiva, urbanización, energía, turismo). ¿Que no es “lo ideal” si se quiere un entorno “primigenio”? Pues de acuerdo. Pero, señores biólogos, no se les paga a ustedes para destruir riqueza y puestos de trabajo. Si quieren alentar patrañas sobre “naturalezas primigenias” anda que no hay kilómetros y más kilómetros de “primiginiedad potencial” sin apenas paisanos a la vista en esta España vaciada que nos rodea.

Instalaciones de Transportes Aéreos del Guadarrama, S.A. en el puerto de Navacerrada, década de los 60.
Otro ejemplo de inutilidad. En la nota de prensa del ministerio se pone mucho énfasis en asegurar que remontes y demás quedarán desmantelados en octubre. Me juego todos los vinos del mundo a que no. Ya dice la empresa que el cierre “incidirá en la vandalización del entorno”. No sé porqué creo que va mejor encaminada la empresa que los biólogos ministeriales. Llegará octubre y la empresa quebrará. Y punto. Los remontes ahí se quedarán.
La batalla ambiental, hoy, está en otros lados. Está en prácticas agrarias rentables y sostenibles. Está en el reciclaje, en la reducción de emisiones, en el uso inteligente del agua, en sustituir la energía fósil, en la expansión de la biodiversidad mucho más allá de los parques nacionales y a poder ser en el corazón de las ciudades. La Pedriza hace décadas que se convirtió en un parque temático, en un “montañilandia” para exhibir (y muy importante, vender) productos Decathlon, hacer salud y enseñar a los críos, veis, chicos, esto es un hormiguero. ¿Que tal vez haya que regularlo mejor?, bueno, vale, pero creo que esencialmente es bueno que el urbanita tenga esos espacios a modo de válvulas de escape y el lugareño saque de ahí algo de dinero. Como toda la vida de Dios.
Estos ambientalistas recuerdan a aquellos legendarios ingenieros que recorrían a caballo y armados con un Colt los bosques de Valsaín en la convicción de que aquello era suyo y solamente suyo, sublimando una especie de fantasía masturbatoria que les convertía en un remedo de John Wayne de secano. En su honor, cabe decir que aquellos figurones conservaron mejor el entorno que determinados Cousteaus de cuchufleta. Por lo menos sabían poner coto a corzos y cabras (importadas), más dañinas hoy para el medio que unos pocos cientos de esquiadores.
Fotos: Juan Pedro Velasco Sayago.
Entradas relacionadas:














Últimos comentarios