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Villancico en armonía

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El verdadero milagro de San Frutos: santos varones cantando al alimón codo con codo con notorios pecadores; una niña compartiendo partitura con otro que podría ser (igual lo es) su abuelo;  el más viejo que dirige y el más joven hace los alardes. Por mezclados, hasta andan revueltos el cabildo de Ávila con el de Segovia. Se ve que mantienen los canónigos un sustancioso convenio de colaboración, los unos van a Santa Teresa y los otros devuelven la visita para San Frutos, y lo de sustancioso viene a cuento porque la comida de "hermandad" tiene fama de ser de las recias (y me parece lo suyo, a ver si entre castellanos hay que andar haciendo el flojeras). Curas y autoridades. Turistas chinos, que siguiendo a Vicente se meten hasta el trascoro y allí se quedan con el come-come de que "aquí va a pasar algo gordo", y castizas Fuencis de toda la vida imponiéndose al hereje oriental a golpe de codos, que para algo juegan en casa con los huesos del santo patrón a la vista. 

Moraleja: cuando se pone empeño, de la diversidad surge la armonía.

Creo que el Villancico de San Frutos, y sus fiestas en general -con sopas y Mester incluidos- marcan el techo del segovianismo bien entendido. Carece de la pretenciosidad cultural -tan redicha y cursi- de otros festejos, ni el barullo de eventos, tan gitano, de cuando tocan a tirar la casa por la ventana. Mantiene un regusto tradicional de si funciona para qué cambiarlo. Y el villancico, las cosas como son, es precioso. Lo compuso un tal Antonio Hidalgo en 1874 pero lo hubiera firmado Haydn. Tiene esa aparente simplicidad de lo bello, amplificado por el escenario, el trascoro de la Catedral a la luz de las renovadas vidrieras.

Y este año, bajo la batuta de Alfonso María Frechel, que lo dejó hace 5 pero que en un  señor detalle con motivo de su 80 cumpleaños ha sido invitado a redirigirlo (o nos ha invitado él a reescucharlo). Perfecto el mozo, más que niño, Víctor Pastor, que debutaba y andará por los 16. Estudia en el María Moliner. Como le conozco le saludo y suelto el preceptivo tú tranquilo que lo harás de diez, le digo. Me sonríe amable como diciendo "pues claro".  Y niquelado.

Tras el villancico, los más nos saltamos la misa. Toca lectura de los milagros del santo, este año a cargo de Rafael Cantalejo. Entra en el selecto club de Amigos de San Frutos una emocionada Teresa Tardío. Homenaje póstumo al fotógrafo Félix París. Entre medias, concierto de banda en el quiosco central de la plaza, a cargo de la Unión Musical Segoviana. Ya por la tarde, teatro en La Cárcel con el Pintor de Batallas, y concierto de Cuerda para Rato, plectro y guitarra en San Quirce. Me acerqué por ahí y, oye, esto del plectro... ¡suena bien!

  • Frechel a la batuta
  • Procesión de "autoridades"
  • Vista del coro
  • El solista, Víctor Pastor
  • Abarrotado
  • Otra vista
  • El obispo, César Franco
  • Salva de aplausos
  • Concierto de banda
  • Tardío y Cantalejo
  • Canarios de San Frutos

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Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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