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Segovia, tierra de oportunidades. Y Sotosalbos, más.

Javier Maroto Aranzabal, por los apellidos ya se deduce que de por aquí, de toda la vida, ya es ciudadano de Segovia, concretamente de Sotosalbos donde ha colaborado definitivamente a que el censo suba hasta la astronómica cifra de 124 personas, eso si no decide —estoy seguro que contempla la posibilidad— traerse a toda su familia y amigos al nuevo paraíso descubierto, que los caseríos del norte ya aburren mucho y aquí el aire serrano es puro de verdad.

No se escandalice. Desde el mismo comienzo de la democracia, en Segovia hemos tenido como vecinos «asimilados» a miembros que lo fueron de las más altas instancias de los gobiernos y los partidos: vicepresidentes, ministras, gerifaltes de partidos, a patadas… Algunos hasta se hacían o compraban casa aquí, en la capital o en los pueblos cercanos, otros sólo pasaron en campaña y con su escaño ganado, si te he visto no me acuerdo, segovianito.

Es lo que tienen estas provincias pequeñas: los escaños son más baratos que en otros sitios como Madrid y la capital está a tiro de piedra. Ideal para colocar en el núcleo del poder a los equipos directivos de los partidos que necesitan tener a su gente cerca y trabajando al unísono. Usted se fija ahora porque le ha tocado a Segovia pero lo cierto es que es práctica habitual y «de toda la vida» en todas las provincias como la nuestra. A ver, como ejemplo le diré que el mismísimo José María Aznar estuvo una temporada empadronado en la sede del PP de Ávila por motivos similares al que nos ocupa…

Respecto a los puestos de senador por la región —esos que son arbitrarios y no pasan por las urnas— pues oiga, el último segoviano que pilló la bagatela fue el socialista Óscar López, justo después de estrellarse como candidato a la Presidencia de la Junta (29 escaños logró) en un trampolín que le hizo compaginar la portavocía socialista en Castilla y León y el Senado durante varios años mientras ascendía a la élite del partido, donde llegó a ser secretario de Organización en un prometedor crecimiento que duró justo hasta que en aquel Congreso votó en contra de Pedro Sánchez y cuando llegó el ajuste de cuentas le “castigaron” con la presidencia de Paradores. Bueno, al menos este tenía abuelo y recuerdos de infancia en la zona de Riaza.

Vamos, que no me pilla de sorpresa que el número tres del Partido Popular, Maroto Aranzabal, tenga ya “relación administrativa de vecindad” con Sotosalbos, lo que le faculta, sin duda, para defender con ahínco y solvencia los intereses de Castilla y León entera y de Segovia en particular en la Cámara de representación territorial. ¿Qué quiere? ¿Qué esté mano sobre mano en la sede de Génova? Pero hombre, si ya lo decía la presidenta del PP segoviano, Paloma Sanz, en el, sin duda acelerado y escasamente meditado comunicado emitido cuando se enteraron de la jugada (cinco minutos después de los primeros titulares), que este es un hombre “que está haciendo mucho por Segovia”, provincia con la que, al parecer “tiene mucha relación”.

Javier Maroto, de paella popular en Nueva Segovia durante la campaña de las municipales.

Pues para tener tanta presencia y ser de la casa me ha costado trabajo encontrar una foto del vecino Maroto en Segovia. Menos mal que hubo campaña electoral en mayo —tenía tiempo, que ya había pasado la suya propia de las nacionales en las que, por primera vez, el PP no logró escaño por Álava—y vino un día a apoyar a Pablo Pérez, el candidato con el que el aparato de Génova y él mismo se pasaron por aquel escatológico lugar la propuesta de candidato de la ejecutiva segoviana para imponer por las bravas su aspirante a la Alcaldía capitalina en el rocambolesco y sonrojante episodio del baile de sillones de aquella mañana de diciembre en Palencia. Bah, pelillos a la mar. Los populares de Segovia ya tienen entre ellos a un miembro del grupo de Pablo Casado. ¡Línea directa con la calle Génova donde hace cuatro días, lo reconocían en público, no conocían a nadie! Nos va a ir bien, ya lo verá.

El pisito, descartado

Supongo que Maroto habrá contemplado ya todas las posibilidades de las que disponía para establecer su estatus de segoviano. Por ejemplo, podía haberse empadronado en el mismo piso que Eduardo Calvo, el señor de Cs al que los segovianos hemos llevado al Congreso directamente desde Tánger y sin apenas verle la cara y mucho menos oírle, que es más de escribir. Habría sido una suerte de piso patera para cuneros en el que ambos ahorrarían dinero de alquiler e incluso podrían realquilarlo para fiestas de amiguetes de confianza, que no es cuestión de que esté todo el tiempo vacío. Cierto, he oído que Calvo vive en Madrid —el panadero del barrio de la Estación me confirma que a este no le ha vendido nunca ni una viena— y algo me dice que a Maroto también le veremos poco, pero eso no tiene por qué ser óbice, cortapisa o valladar para pasar las dietas de kilometraje al Congreso, vamos, digo yo.

Pero no. El número tres popular ha elegido Sotosalbos y creo que está muy bien meditado. No se pierda el próximo agosto que seguro que coincidirán por allí el nuevo vecino que vino del Norte; el secretario regional del PP, Francisco Vázquez, cuyas raíces se hunden en el pueblo y tiene allí segunda residencia —no sea mal pensado, la dirección de ambos es diferente—; puede que hasta la expresidenta de las Cortes regionales, Silvia Clemente, que podría encargarse de sacar un buen precio a la comida de hermandad en el restaurante Manrique, donde tiene lazos familiares; y hasta el alcalde de la vecina localidad de Collado Hermoso, Miguel Ángel de Vicente, que le pilla a tiro de piedra. Seguro que tampoco habrá problemas para que alguien acerque hasta allí a la presidenta provincial, Paloma Maroto, que a fin de cuentas son 26 kilómetros desde la capital. Usted haga lo que quiera pero yo no me pierdo las fiestas de María Magdalena (primer fin de semana de agosto) del nuevo centro político mundial. Sotosalbos, esa metrópoli.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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2 Comments

  1. Apesta a vago que va a donde haga falta para representarse a si mismo, mancillando toda decencia. Políticos eternos, esa gran lacra de catetos…

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  2. Qué pena no ser político para robar legalmente pero al estilo Luis Candelas o El Pernales. Y los que vienen son todavía peores.

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