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Los polacos de Segovia “adelantan” la Nochebuena

Los polacos son una de las comunidades extranjeras más importantes de la provincia de Segovia. Actualmente son  unos 1.900, si bien en los buenos tiempos (desde finales de los 90 a mediados de la primera década) llegaron a ser hasta 5.000. Desde entonces ha habido un notable avance de la situación laboral en Polonia, lo que aunado a la crisis vivida en España y la atonía de crecimiento de Segovia, ha motivado el regreso a su país de cientos de familias. “Las que quedan son las más arraigadas, con empleo y media vida aquí, con los hijos aquí, somos mitad polacos mitad segovianos”, explica Dorotha Tereszkievicz, de la junta directiva de la Asociación de Polacos de Segovia Karol Wojtyla, y que agrupa a unas 150 familias de origen polaco.

Llegadas estas fechas, la entidad organiza una quedada general para celebrar la Wigilia, es decir, la Nochebuena polaca (nombre completo Wigilia Bożego Narodzenia). Como el nombre indica la “buena” se celebra el 24 de diciembre, con un carácter netamente familiar. Pero unos que no pueden, otros que vuelven a Polonia, la cuestión, como explica la presidenta de la entidad, Katarzyna Bracisiewicz, es que la comunidad optó ya hace unos años por organizar un “Wigilia segoviana”, como manera de mantener la tradición. La celebración se ha realizado en el centro social de La Lastrilla, con asistencia de los alcaldes de La Lastrilla y Segovia, Vicente Calle y Clara Luquero, y un representante de la embajada polaca en Madrid.

Básicamente es una cena de gala, que empieza al atardecer cuando alguno de los asistentes ve la primera estrella, recordatorio de la estrella de Belén. A partir de ahí empieza todo un tour de force gastronómico. Y es que según la tradición hay que degustar doce platos, pero si se llega a trece mejor, trae buena suerte.  Condición irrecusable, no pueden ser platos de carne. En su lugar ensaladas de setas, empanadillas, rebozados de col y patatas y platos que apuntan a que la verdadera ensaladilla rusa más bien es ensaladilla polaca. Y postres, todo un arsenal de tartas de todo tipo. Previamente, y según es preceptivo con toda la sala en pie, un sacerdote da lectura al episodio de la Navidad del Evangelio, y posteriormente los niños y niñas polacos escenifican la adoración de los pastores, con diablillo incluido. Luego ya, a mirar el firmamento y a cenar, que lleva sus horas. “No hay bailes, es una celebración más familiar, el baile es para Fin de Año, allí es tradición bailar sin parar de las 7 de la tarde a las 7 de la mañana”, explica Dorotha. Enfín, que en todas partes…

Author: Redacción

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