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La «@», un invento español

Actualmente asociamos el símbolo de la arroba «@» a las direcciones de correo electrónico. Hace un siglo, antes de que el sistema decimal se impusiera, para un castellano significaba la «arroba» de toda la vida, es decir, un cuarto de quintal, o si lo prefieren lo que viene siendo 11,5 kilos, la unidad de medida por antonomasia del trigo y la cebada.

La Junta de Castilla y León ha seleccionado para exponer como Tesoro oculto del Archivo Histórico Provincial de Segovia una serie de documentos que prueban la utilización de la ‘@’ mucho antes de su uso en programación. Las pruebas se han encontrado en los libros del Fiel del Mercado, un personaje que, durante los siglos XVIII y XIX, era el encargado de vigilar las mercancías que entraban en la ciudad de Segovia y garantizar la calidad y cuantía de las mismas, cobrando los impuestos que correspondían a cada una. Para este cometido, esta figura cuantificaba el peso o el volumen de dichas mercancías y lo plasmaba en el libro mediante arrobas (@). Asimismo, los amanuenses segovianos utilizaban esta simbología, al igual que lo habían hecho sus homólogos aragoneses tres siglos antes, para indicar el peso de mercancías.

Y es que todo indica que la «@» tiene un claro origen español. La «@» más antigua documentada data de 1458, en un registro aduanero de la frontera entre Castilla y Aragón encontrado en Ariza. Arroba viene del árabe, «arub» (literalmente, la cuarta parte) y su uso se generalizó en Castilla, Aragón e Italia como medida estándar del cereal. La traducción inglesa suena a «arrow» (flecha), de donde andando el tiempo, en los países anglosajones se usó como alternativa caligráfica al «&» y así quedó incorporado en algunas primitivas máquinas de escribir. En el entorno científico, ya en el siglo XX, empezó a usarse como representación del área en ingeniería y matemáticas. Al final, quedó como un guarismo sin apenas uso, hasta que en 1973 el informático estadounidense Ray Tomlinson encontró un problema cuando intentaba conectar el nombre de usuario con el dominio de una cuenta de correo electrónico. La solución le llegó de la nada, pues descubrió que en el teclado de una antigua máquina de escribir existía el símbolo «@» apenas usado.

 

Author: Redacción

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