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La España vacía entra en campaña… también en Segovia

Matandrino, un pueblo abandonado en Segovia.

Excluyendo Madrid y cuatro centros urbanos, la España interior o lo que es igual algo más del  60% del territorio,  concentra -o mejor, dispersa- al 10% de la población. Políticamente es una población sobrerrepresentada.  El voto de un segoviano vale lo que tres madrileños y medio. Hasta ahora esta importancia electoral estratégica no lo ha sido tanto a la hora de la verdad. La ley d’Hondt hacía prácticamente inamovible la asignación de escaños. Con una movilidad de voto de entre el 5 y el 10%, PP y PSOE se repartían cómodamente los diputados en juego, que además han pintado poco en líneas generales (exceptuando los gloriosos tiempos de la transición), hasta el punto que la práctica del cunero ha sido reiteradamente usada por ambas formaciones e incluso, más sorprendente, por las emergentes.

Éramos plazas de segundo nivel para los estrategas de campaña, que preferían centrarse en esas demarcaciones donde el pequeño porcentaje de movilidad podía dar o quitar mayorías (las demarcaciones de más de cinco diputados). Pero la fragmentación del voto de la izquierda, en 2015, y muy especialmente, la trinitarización de la derecha en 2019 ha cambiado radicalmente las cosas. Son 100 diputados en juego. Cualquier expectativa de Casado de formar Gobierno pasan por mantener ese «patrimonio». Por sacar el dos de Segovia.

Tras diez años perdiendo población, estos territorios, entre ellos Segovia, se han dado de bruces con que la caída demográfica es una seria amenaza a su supervivencia económica. Ya no hablamos de Jemenuño o Valdevacas, condenados a sobrevivir como aldeas fantasma de segunda residencia. Hoy la despoblación tiene su punto de mira puesto en las cabeceras comarcales, incluso en ciudades como Segovia, que basculan sobre su condición de capitalidad administrativa. El problema se traduce en institutos medio vacíos, facultades en declive, comercios que cierran, empresas que se las ven y se las desean para contratar trabajadores… Cual efecto dominó el problema va descendiendo por todo el escalafón productivo, menos gente, menos inversión empresarial en el sector servicios, menos capacidad de retención de jóvenes…

Ni en Segovia capital, tradicionalmente tan desapegada a su terruño, ya no se puede mirar de soslayo el problema: Hay que hacer algo, y como siempre que llegamos a la conclusión de «hay que hacer algo», lo primero que hacemos es manifestarnos exigiendo que «se haga algo». Exigir inversiones, servicios de calidad. Sobre cuatro autocares se mandaron desde la provincia a Madrid. Candidatos de Centrados explicando desde el tren la magnitud del problema, streaming desde las redes de Podemos y PP en un acto que concentraba los focos mediáticos del día, y convocado por Soria Ya y Teruel existe, con el apoyo de unas 90 organizaciones que trabajan en el medio rural. Entre el victimismo, la demagogia y la desesperación, el caso es que  la «despoblación» ha entrado en la agenda y lo hace en un momento propicio, en año electoral.

Ciudadanos ya ha avanzado su promesa estrella al respecto, 60% de desgravación del IRPF en municipios en vías de extinción. Sánchez, desde Segovia, más tímido, por esto de regalar dinero en un momento en que el Estado del Bienestar devora recursos a mayor velocidad que los que se generan, anunciaba el 4G per tuti. Algo más fácil de decir que de hacer. PP y Podemos, divergen en el relato pero coinciden en la solución, servicios públicos de calidad, infraestructuras e inversiones.

Como se ve, mucho oportunismo para unos partidos que han estado 20 años mirando el problema. Aún hoy, y a diferencia de lo que ocurre en Europa desde los años 90, no hay políticas pro-natalistas. Son muy caras y electoralmente poco rentables para el resto del contribuyente. Ahora, con la cosa del seísmo electoral, se abre una ventana de oportunidad.

Publicaba yo el sábado al respecto un artículo sobre este best-seller de la literatura rural, Los asquerosos, en el que me permitía opinar por donde han de ir los tiros. Por captar una poquita población urbana apelando a la mejor -y más barata- calidad de vida en las provincias y primando la natalidad. Obviamente, calidad de vida pasa por mantener servicios y el incentivo a la natalidad. A costa, claro, de los ciudadanos del litoral que no tienen ese problema. Que esa es la segunda parte que se suele escamotear a la opinión pública (que alguien va a pagar todo esto). Y que no se hagan muchas ilusiones en las terueles del mundo (Segovia incluida). Los pueblos de veinte habitantes en invierno murieron hace 40 años, justo cuando cerraron la escuela. Segundas residencias y jubilados pastoriles adictos al huerto (con suerte), alguna quesería artesanal y plantas de producción sobre plantación de Mercadona. La batalla se llama hoy Cuéllar, Mozoncillo, Prádena, Ayllón…

Ochando, a la espera de soluciones.

Soy bastante escéptico ante las políticas de captación empresarial. Fuera de una agro-industria cada día más robotizada y carísima en términos de inversión, y además superdependiente del agua y penalizada ambientalmente, por lo tanto, circunscrita a la capacidad inversora de las grandes distribuidoras que verticalizan produccción, los llamamientos a la reindustralización me suenan a milonga. ¿Industrializar? El mundo se desindustrializa por magnitud de escala y el que no quiera verlo peor para él. El sector servicios precisa cercanía logística al mercado, aunque ciertamente hay oportunidades en la telegestión (pero también hay competencia: lo mismo que se contrata un teletrabajador en Jemenuño que en Paraguay, y más barato). Por el lado de la izquierda ecologista, además, el planteamiento es, directamente, surrealista. Sus pretensiones de un renacimiento del pequeño agricultor por la vía eco y el respeto antiespecista es como la bacalada gorda que no pesa. Cultivar sí, pero sin agua. Criar ganado, vale, pero sin mataderos. Industría, OK, pero que no se vea, huela ni oiga.  Camufladas como palomares o casonas del siglo XVII. Nada de tecnología, nada de transgéncios, hay que volver a la era pre-industrial, las mestas y los gremios.

Repartir dinero a espuertas es la solución más frecuentada. ¿Dinero de dónde? Y sobre todo ¿de quién? Será de la clase trabajadora urbana, claro, porque lo que son las grandes capitales multinacionales solo serán accesibles fiscalmente desde una fiscalidad multinacional que estamos muy lejos de concretar. Y el que no quiera verlo, además de lo anterior, se engaña.

Entre las pocas oportunidades que nos quedan está la de convertir las cabeceras de comarca en focos mimados de inversión y servicios. Y en el caso de Segovia hay que hablar del CAT, de cómo despilfarrar 20M€. Polígonos que parecen Macondo donde aumentar el potencial eléctrico cuesta dos o tres años, y una burocracia local y regional -la Junta- absolutamente apalancada en burocracias de los tiempos de Carlos IV y ni tan siquiera capacitada de regular la intoxicación por nitratros de los pozos. Está bien pedir ayuda, pero quizá va siendo hora de ponernos a trabajar.

 

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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5 Comments

  1. Más claro agua.
    Pero me pregunto, los personajes políticos de su fotografía , que han hecho durante 30 años?
    Nada.
    Se les va a pedir soluciones?
    Con esta tirada algunos llegan a la buena jubilación. Que es lo que les interesa.
    Lectores y electores que no les confundan.

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  2. JAMONETE AL SENADO, es nuestra unica esperanza, y por cierto, ayer estuvo en la manifestacion, hay un video en facebook buenisimo

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  3. Curiosa foto de algunos caciques con la prensa independiente.

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  4. Señor Besa, le ha pasado en su artículo lo que usted critica: no propone ni una solución. Le voy a dar yo 3:
    – peaje a madrid casi gratis
    – mayor frecuencia de trenes avant y más asequibles
    – beneficios fiscales no sujetos a umbrales de renta

    Si no se mueve la pasta, no salen los macarrones

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