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Independencia por fascículos

Para mí, la imagen más significativa de la supuestamente histórica declaración de Carles Puigdemont no estuvo en el Parlament, sino unos cientos de metros más allá, en el paseo Lluís Companys. Allí unos cuantos miles, tampoco muchos, de independentistas esperaban vivir una jornada histórica. La proclamación de la República Catalana. Se fueron con el rabo entre las piernas, entre pitos y acusaciones de “traidor” los más levantiscos, con la cabeza gacha los moderados y murmurando: “No és aixó, companys no és aixó“. Puigdemont ha reculado, decían en el whatsapp los colegas catalanes.

Sin reconocimiento internacional, con las empresas gordas dándose el piro, las calles hechas una gasolinera de emociones contrapuestas, y Rajoy con el dedo sobre el botón del 155, Puigdemont fue hasta cierto punto realista. Literalmente, asumió el mandato del referéndum, firmó incluso un papel al respecto, y se comprometió a declarar la independencia. Pero suspendió “unas semanas” la medida.  Meterla sin meter. Ganó tiempo y mandó la pelota a Madrid.

Puigdemont fue hábil fintando en el último minuto porque los estados no pueden surgir a oscuras en el orfelinato de la historia. Ni tampoco con urnas translúcidas y abolladas a porrazos. Ni mucho menos con una simple mayoría parlamentaria (como recordó, brillante como siempre Iceta, al explicar que las mayorías de 2/3 sirven precisamente para evitar que los marcos constituyentes se conviertan en dictaduras de vencedores sobre vencidos).

Para mí, en cualquier caso, sorprendente. Tácticamente con la “suspensión” el independentismo pierde fuerza movilizadora, que es su principal activo en una declaración unilateral,  capacidad de interposición de millones de adictos de la Assamblea Nacional de Catalunya entre el Estado y la Genaralitat rebelde.  Mucha gente que acude a las diadas no lo va a comprender.  Arriesga y mucho también su complicada relación con la CUP, básica en este momento. Aunque Anna Gabriel fue bastante moderada (para lo que suele ser), posteriormente el “soviet de dirección” hablaba directamente de traición y de abandonar el Parlament. No estar a la altura de las expectativas tiene un precio, y creo que ha sido caro para el independentismo.

Un precio caro que se ha pagado por algo. Porque una cosa sí tengo clara. Ni Puigdemont ni Junqueras renunciarán jamás al sueño de crear una república catalana. Ellos no. Su discurso exclusivamente victimista no se lo permite. El procés sigue. Así que pienso que o bien Puigdemont y Junqueras no saben de momento cómo contratacar a la presión de las grandes empresas y a la inminencia de un 155 bendecido por Europa, con una fulminante teleconvocatoria de elecciones desde Madrid. O bien hay alguna vía de negociación en curso propiciada desde Europa o algo similar. Tal vez las dos cosas; han visto que el precio de la unilateralidad es mucho más caro de lo que pensaban (pues en el fondo son dos insensatos) y han optado por darse una pausa para mirar por una ventana internacional de oportunidad que piensan aprovechar a fondo.

Le toca jugar a Rajoy. Y ese es mi miedo. Solo Rajoy puede volver a reacelerar un proceso que ha entrado en un interesante impasse de tregua. Creo que tiene a su alcance un amplio abanico de soluciones factibles para moderar los tempos.  Él sabrá y si no que pregunte.

NOTA: (Que pregunte pero no al ministro Zoido Annubis, el que casi nos cuesta un país en un operativo sin pies ni cabezas. Antes que eso es mejor que Rajoy haga lo que mejor se le da: nada).

 

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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2 Comments

  1. Vamos, ¡qué convoquen las elecciones ellos, que a mí me da la risa! No puedo menos que recordar el vídeo que corrió como la pólvora en WhatsApp: https://www.youtube.com/watch?v=TVV-NxstTZE

    Y, vale ya de dar coba a tanto cogérsela con papel de fumar (que gusta mucho a los medios de comunicación para vender su producto -comer el tarro al personal-): los antidisturbios, pese a quien pese, fueron Hermanitas de la Caridad, al lado de cualquier carga policial en cualquier país denominado ‘democrático’, no le cuento en los ‘no democráticos. Menos lobos que si ‘votaron dos millones’, a la calle pidiendo concordia y restablecimiento legalidad ‘salieron veinte millones’, por ejemplo. No seamos Mota.

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  2. ‘Amplio abanico de soluciones’ ¿de qué? señor Besa. Este señor ha declarado, en diferido o mediopensionista, la independencia de un trozo de España. Se ha ciscado en la Constitución, en el Estatut, en la senyera… en el Estado de derecho. Y, aún me viene a la cabeza las imágenes de los ‘valientes’ Mossos, abriendo cabezas el 15M (ahí sí, hubo gente en los hospitales) y recuerdo a un Ertzaintza, pateado y con graves secuelas por un grupo de valientes extremistas de su país. Más Estado y menos pachanga de pueblo… http://www.20minutos.es/noticia/3157703/0/charlie-ebdo-critica-independentismo-son-mas-tontos-que-los-corsos/

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