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Historia de una calle, los secretos de la Cuesta de San Juan

Arriba, Maroto y Martin. Una de las dos fotografías existentes de la antigua puerta. Obras en la Cuesta de San Juan

Rara vez la presentación de un estudio arqueólogico ha causado tal sensación. Puntualmente, a las 19 horas en la Casa de la Lectura, lleno a rebosar y la organización -que esperaba a 20 o 30 frikis de las piedras- poniendo sillas hasta en el vestíbulo. Y no son las ruinas de Pompeya, sino las de la Cuesta de San Juan.

“Suponíamos que con las obras de pavimentación de la calle  algo iba a aparecer, así que el proyecto aparejaba la supervisión de un arqueólogo”, explicaba en la introducción Paloma Maroto. Y así fue, lo primero, las trazas de las diversas alineaciones de la calle; lo segundo, un cubo en el que hasta 1887 se apoyaba el remate exterior de la Puerta de San Juan, una de las cinco de la ciudad. Lo tercero, ya más extraño, una bóveda en medio de la calle, esta última aparecida de casualidad, cuando una máquina excavadora dio en lo que se pensaba que era roca y resultó ser el techo de una construcción del XVII.

Adoquines negros y modelado 3D

En las siguientes semanas, Clara Martín, arqueóloga, realizó la documentación de los hallazgos, que incluyen modelados 3D para virtualizar la antigua puerta y que junto con documentación de contexto se pondrán en internet. La idea es recrear con adoquines negros las trazas de la antigua puerta y colgar placas, con códigos QR que permitan, vía móvil, acceder al modelado y al resto de la historia.

Una historia que se remonta al siglo XI, cuando a partir de unos tramos romanos y celtíberos se da el perímetro más o menos actual a la muralla de Segovia, más de 3,5 kilómetros de torreones, muros, contrafuertes… La historia nos lleva directamente a allá por 1660. Para entonces, y hasta los años 60 del siglo XX, la cuesta tendría la mitad de su actual longitud, una manzana de casas de orillaba en el lado izquierdo (según bajas) apuntalada en lo que es hoy la plaza Oriental. Más que el paso despejado que contemplamos hoy, era un desfiladero entre casas y de 5 metros en su parte más ancha (aproximadamente, la mitad de su actual traza). Arriba, una puerta de cuatro metros de ancho, un cuello de botella.

Pero estamos en 1648, en la zona abundan los corrimientos de tierras, casas y tramos de la muralla desvencijados con poca estabilidad, la misma puerta estaba en pésimo estado. La ciudad acomete entonces una primera reforma en la llamada Puerta de los Alcázaes Viejos (que así se llamaba la mansión de las cadenas, de los condes de Chinchón), pero la obra definitiva no se acomete hasta 1705, cuando se levanta la puerta, similar a la de la carretera de Madrid o de la Fuencisla.

Previamente un cerero ha comprado una de las casas adosadas al palacio de las Cadenas. Estabiliza el terreno y para ello manda construir una bóveda, la que ha aparecido ahora, y que según Martín, obedece a la falta de roca en este tramo. ¿Y por qué no hay roca? No está claro, puede que esta zona coincidiera con la antigua muralla celtíbera, picada sobre roca viva.

Como se ve en la imagen, muy ancha no era. Así que ya en pleno siglo XIX en la ciudad se inicia el debate de tirar el acceso y ampliar la que ya entonces era vía directa de acceso al recinto amurallado. No fue fácil. Hubo que vencer la resistencia de la Real Academia de San Fernando, que primero dijo que no se tirase para el año siguiente sancionar que “carecía de valor histórico artístico”. Nuevos derrumbes en la zona, algunos que afectan al palacio de los Contreras, hace ya la intervención inaplazable.

Que sin embargo tardaría aún 20 años en materializarse. De hecho fue la primera intervención de calado del arquitecto Odriozola. Se tiró la puerta y se despejaron algunas casas adosadas a uno y otro lado de la cuesta, se introdujo material de relleno en el talud y se consolidó la calzada. La cuesta había casi doblado su anchura. Se mantenía, eso sí, la gran manzana de casas en la parte inferior, hasta la gran intervención que dio a todo el eje Azoguejo-Plaza Oriental su actual perfil.

Hubo que esperar a la intervención de 1962, rematada en 1967. La manzana de casas se expropia y se derriba, al tiempo que se concluye el amurallamiento del talud tal cual hoy lo vemos.

 

Author: Redacción

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