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El PP y el ‘karma’ de las Pensiones

Desde luego, hay que reconocer que los diputados y senadores del Partido Popular de Segovia son gente valiente. Hay que serlo para lanzar un comunicado manifestando “alborozo y júbilo” por una subida del 0,25% de las pensiones. Estamos hablando de que los pensionistas verán a finales de enero “engordada” su pensión en una media de 2,25€, que casi mejor lo traducimos en pesetas, 373 pesetas de las de antes. ¡¡Albricias!! Gracias a este aumento cada tres meses podrán ir al cine de gorra.

Considerando una inflación prevista del 1,6%. ¿Son o no son unos valientes nuestros diputados del PP? Lo son, yo aún diría más, los tienen bien pero que bien gordos.

Esfumado el colchón de la hucha de las pensiones,  con una población a la baja y unos sueldos que -recordémoslo- son hoy un 30% más bajos que eran hace 10 años, no se atisba la menor probabilidad de estabilización de la Seguridad Social. Más aún, en 2018 habrá que tirar de los impuestos para pagar a los abuelos. Menos dinero para sanidad, para educación, para obras…

Habría que subir los salarios, cabecea un experto sin mucha convicción. Empezando por el Salario Mínimo, que en realidad no es sino una subida de las cotizaciones mínimas a la SS, o lo que es igual, un nuevo mordisco a los Autónomos. Que en esto queda el efecto práctico del SMI, un nuevo mordisco a los desdichados autónomos (tres milones en España), que a efectos fiscales se piensa contrarrestar dando facilidades a los que empiezan (más tiempo de tarifa plana a 50 pavos, que eso está bien).

Y aún hay un tercer efecto: al estar condicionadas al SMI casi todas las prestaciones sociales, se quita de en medio a un pequeño (esperemos) contingente de beneficiados. Si por Montoro fuera, el SMI se pondría a 2.000€ al mes.

Así vamos para atrás. Probemos con otra cosa, subir el jornal a los funcionarios. Pero como no hay recursos públicos el incremento de nóminas allí sólo haría que drenar el disponible para el resto. Probemos pues con los convenios. Pero como resulta que la mayoría de empresas que “van bien” lo consiguen compitiendo en el turismo o en el mercado exterior, y en ambos sectores la viabilidad en los mercados depende de lo ajustado que tengas los gastos (especialmente los salarios, o sea los estructurales), no tiene pinta. Poco margen hay, por no decir ninguno, en tiempos del low cost y la robotización. Para subir salarios se precisan dos condiciones: sindicatos solventes y empresas sólidas. No tenemos ninguna de las dos cosas: el del sindicato se rasca la barriga y las empresas sólidas tienen su sede en China o Canadá.

Pero fuera de un milagro tecnológico, una cuarta revolución industrial a lo coche eléctrico, no veo la salida. Así que yo estoy en una especie de cruzada para sensibilizar al personal sobre la necesidad de cambiar el enfoque. El sistema fiscal ya no vale porque no cumple con su principal misión, redistribuir de la riqueza. Y no cumple con ello porque IVA e IRPF y especiales, y cotizaciones a la Seguridad Social (porque yo lo considero un impuesto, no es verdad que sean como un plan de pensiones) gravan el trabajo y NO el capital.

El vigente esquema fiscal puede ser viable en una situación típicamente de sociedad de consumo, donde cada año la demanda crece. Crece la demanda, crecen los ingresos públicos. Pero con la población en fase de envejecimiento y los sueldos al nivel de 10 años… ¿en qué mente cabe que el sistema redistribuya nada de nada? Y lo que pasa. Volvemos al antiguo régimen, cuando el campesino sufragaba al Estado y los aristócratas vivían en permanente juerga fiscal. Más desigualdad.

Este diagnóstico, bien que marxista, no gusta nada en las izquierdas, tan apegados al pensamiento mítico de que los impuestos lejos de generar desigualdad son superchulos y solo hay que atizar bien a Amancio Ortega y a la familia Botín. Tampoco gusta a la derecha liberal, en el fondo convencida de que el Estado del Bienestar es demasiado grande y costoso. Este diagnóstico, la necesidad de buscar fórmulas que graven el capital y exoneren el trabajo, en realidad hoy por hoy no está ni en la agenda de la CUP.

Tampoco nos preocupemos. Felizmente somos europeos. Los españoles tienen un gran talento para organizar fiestas y saraos, pero económicamente somos poco menos que retrasados mentales. Un escalofriante % de la población -y lo digo en serio- piensa que el IRPF es una paga que graciosamente concede el Estado a mitad de año. Otro preocupante porcentaje sigue apegado al viejo mantra de que el que “paga mucho es porque tiene mucho”. El 90% de mis alumnos en la universidad no tienen ni idea de cuánto cotizan de IVA por esto o por aquello. Ni siquiera saben cómo va (paga padre). Nadie se lo ha explicado en la escuela. ¿Para qué? Los ciudadanos, cuanto más burros e ignorantes, más fáciles de saquear.

Digo que felizmente somos europeos, así que serán alemanes y nórdicos, una vez más, los que gradualmente vayan viendo el enorme problema e inventando nuevos mecanismos fiscales que penalicen la transacción, el capital, y no el consumo y el trabajo. Y lo harán porque realmente valoran en lo mucho que vale el Estado del Bienestar heredado de nuestros padres. Claro que considerando que ellos son los ricos y nosotros los pobres, mejor nos iría tomando nosotros la iniciativa.

 

 

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. ¡Inocente! señor Besa, es un 28 diciembre largo… para todo el año.

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  2. Sr. Besa, leo sus prolijos artículos de opinión y veo que es usted un buen diagnosticador pero un mejorable recetador -siguiendo el argot médico-, tendencia habitual hoy en día entre muchos comunicadores y economistas.

    Ante el panorama de pensiones que se nos está presentando, creo que es ya una heroicidad que se mantengan sus cuantías, por lo que afirmar que los parlamentarios del PP “los tienen bien pero que bien gordos” por celebrar una exigua subida, no pasa, en mi opinión y sin acritud, de ser una grosería por su parte.

    Se le olvidan dos cosas en su disertación: que el PSOE (consulte las recientes declaraciones del Sr. Aceves) propone incrementar los impuestos en general para asumir el déficit en las pensiones (¿también los tienen bien gordos?); y que si se grava a degüello el capital, se irá a mejores paraísos -no sólo fiscales, sino también europeos, véase Luxemburgo-, donde ya no tributará ni financiará nada aquí. No es tan fácil ni tan dispersa la reflexión.

    Y calificar así en general a los españoles de económicamente como “poco menos que retrasados mentales” pero que somos (en primera persona del plural, no en tercera…) grandes organizadores de fiestas y saraos, no deja de ser un falso e insultante tópico que lamentablemente usted ayuda a difundir y mantener desde esta tribuna. Hay que leerse las cosas que escribe uno varias veces, incluso dejándolas reposar un poco, hasta publicarlas. Es mi consejo de mero lector, Sr. Besa.

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    • Perdone la insistencia pero la falta de formación fiscal del ciudadano medio es asombrosa. La inexistencia de formación fiscal entre la población, alucinante. Y eso no pasa en otros países donde la autoconsciencia de contribuyente es mucho más firme. Impera el sentir de que el erario público es como un tío americano. Respecto a los mecanismos de gravamen del capital, efectivamente, y como ya he afirmado en esta misma sección, poco se puede implementar desde una óptica nacional. La tasa sobre la transferencia o la armonización de sociedades son esfuerzos transnacionales por definición. Y ahí está la historia, al no poder gravarse el capital, porque actúa transnacionalmente, queda el trabajo como único pagador del Estado del Bienestar y, de ahí, la desigualdad. Gracias por leerme y su paciencia.

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