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Desde lo alto de la grada Norte

Las sesiones plenarias del Ayuntamiento, más allá de la trascendencia de los asuntos que allí se tratan cada mes, son largas y algo tediosas para los espectadores que ocupan el graderío salvo algunos ratos en los que algún concejal, como el de Centrados, Cosme Aranguren, se trabucan, que siempre hace gracia, y anuncian que van a “vator a fovar” del asunto de turno. Bastante tiene el edil con la pelea eterna que mantiene con los ruidos que hace su infame micrófono –y el de todos los demás, que Paloma Maroto iniciaba una intervención con el clásico “probando, probando”, por si acaso– mientras pasan los meses y nadie se decide a reparar el odioso sistema de megafonía. A ver si puede ser en un rato que tenga Marisa Delgado, la de Patrimonio Municipal… De momento se limita a recomendar al que toma la palabra: “Apaga, muévelo y luego lo enciendes” mientras en la sala atruenan los ruidos molestísimos. Que les pregunten a los de las radios que tienen los cascos puestos.

También entretiene cuando los portavoces juegan al despiste y de repente te encuentras con el de IU, Ángel Galindo, defendiendo con solvencia las tesis del equipo de Gobierno socialista sobre la escasa base económica de las propuestas del PP para pedir rebajas en las tasas, o al mismo Aranguren mejorando la defensa planteada por los propios populares sobre el mismo asunto –esta le ha tocado a Javier Encinas, que la titular, Raquel Fernández, disfruta de su reciente maternidad por la que, por cierto, la ha felicitado públicamente la alcaldesa– o lanzando puyas contra la impenitente líder de Ciudadanos, María José García, que tuvo sus tradicionales momentos de autoventa electoral cuando no venía a cuento en el debate y claro, se llevó la regañina de Clara Luquero.

Las concejalas de Ciudadanos.

Por cierto, la “portavoz naranja” –me chirría usar el término pero cuando se gastan los sinónimos…– causa sensación en la tribuna de prensa cuando toma la palabra por su tendencia a buscar el mejor plano para la posteridad hasta el punto de que cuando interviene en los debates obvia dirigirse a su oponente dialéctico y prefiere buscar al operario de la tele local y su aparato y de ahí no aparta la mirada ni un milímetro. Digo yo que serán las recomendaciones (viejas, muy viejas) de los asesores de partido: “Tu, mensaje directo a la cámara, mira al espectador y cuéntale tu verdad, que le convences, seguro”.

Bueno, pues en estas cosas vas entreteniendo los, habitualmente, cansinos debates, que esta vez también ha habido tiempo para que el de Tráfico y Transportes, Ramón Muñoz Torrero interviniera –ya sabe, “estamos trabajando en ello” en versión lectura de informe incomprensible y sin filtros de los técnicos mezclado con apreciaciones personales improvisadas aún más incomprensibles– mientras el plano general de la Corporación vista desde arriba es la de gentes con miradas que se pierden en el infinito o en compulsivo repaso general a los mensajes del móvil.

Un momento de la intervención de Muñoz Torrero en el pleno.

En su descargo diré que el edil trataba en esta ocasión de convencer al personal de que lo de la redacción de los Reglamentos de gestión del aparcamiento del Salón y de la estación de autobuses está muy, pero que muy avanzando –pese a que en la sesión se aprobó ¡iniciar los expedientes para determinar el modelo de gestión en ambos casos!– y que el hecho de que el Ayuntamiento lleve años sin poder cobrar un duro por el uso que las operadoras hacen de la estación, precisamente por la ausencia de este documento y encima no pare de gastar dinero en mantenimiento no es tan malo “que cuando llegamos nosotros eso estaba horrible y ahora hay una instalación digna”. Lo hizo sin que se le escapara una sola risa y no cambió el gesto ni cuando la oposición en bloque volvía a pegarle un revolcón de los que hacen afición, que ya es otro clásico en las reuniones corporativas de este mandato.

Rostros compungidos durante la despedida del concejal, José Bayón.

Hombre, está justo el perfil contrario. Ahí aparecen las intervenciones del socialista José Bayón. Con orden, con coherencia y llenas de respuestas lógicas y estructuradas, punzantes pero educadas, a los ataques dialécticos de la oposición. Puñetas, había un político en la sala y no era cosa de un día, que lo ha demostrado en tres años largos. Ya sabe que se lo han quitado a Luquero para llevárselo a la estructura del Gobierno de Pedro Sánchez –por dios, que no copiara en aquel examen de literatura en COU y se enteren los de mocloa.com que me lo defenestran– dejando cojo y manco al Gobierno de la ciudad y a su compañero, Jesús García, en el marrón de seguir su estela como portavoz, con el Cat, Hacienda y las cosas digitales. Casi na. “No te guardo rencor” bromeaba el sindicalista al final del pleno. Intuyo que mentía.

Menudo rato el de la despedida. Lloraba emocionado Bayón, pañuelo en mano; se estremecía Luquero; Torquemada compungía el gesto; Delgado parecía haberse comido un limón; los de la oposición, por riguroso orden de representación elogiaban la tarea realizada, la capacidad de diálogo, la educación, la mano izquierda… Hasta yo, que soy de los que aguanta sin un solo temblor de párpado las escenas más estremecedoras de Los puentes de Madison, Titanic y hasta Bambi –lo que se dice un tipo duro– me sorprendí soltando un suspiro. Será que en esta ocasión era distinto de verdad. Quizá, en realidad, la ciudad ha perdido un buen concejal, de esos que hacen que te pienses “vator a fovar” o como se diga.

Vacía la silla de Bayón aún hubo tiempo para el asombro. Resulta que una moción del PP había agitado el debate sobre el servicio alternativo a articular para los barrios incorporados después de que la Diputación haya decidido dejar de prestar a la ciudad el servicio de Bibliobús. Llegado el turno de ruegos, el presidente de la Diputación, Francisco Vázquez, tomaba la palabra –todo un acontecimiento– para “hacer un ruego, como concejal, de agradecimiento personal a la Diputación por haber prestado durante treinta años un servicio que no le correspondía y sin ningún tipo de compensación económica”. Y luego se fue.

¿Ve como si merece la pena echar cinco horas y media al mes en un pleno? Anímese en el próximo, en tres semanas, que le guardo sitio en la grada Norte.

Autor: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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4 Comentarios

  1. Va a ser qué no señor Sanjosé… le espero en la Concha 😉

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  2. ¡Que equivocado estaba!, siempre pensé que D.Francisco Vázquez no disponía de micrófono en el salón de Plenos Municipal.

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    • Corrijo “en el Salón Municipal de Plenos”

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  3. Tedioso artículo, seguramente escrito en esas mismas gradas viendo el panorama bajo el puente.?.

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