Va para 20 años que se impulsó el CAT. La idea era aprovechar el AVE, generar un espacio empresarial de lujo que sirviera de mascarón de proa para el crecimiento de Segovia por la N-603. Idea de un visionario, el entonces alcalde socialista Arahuetes. Pero visionarios hay de dos tipos, los que desarrollan la visión, que quedan en padres de la patria, y los que no, que declinan en fantasmones y terminan perdiendo las elecciones. Y tal cual. En aras de la verdad, hay que decir que el buen señor no fue el único alcalde que metió la pata (y la cartera) en una idea ridícula. Arahuetes hizo lo que todos, gastar 30 kilos en la chorrada, y que desarrolle otro. Cosa que también sé hacer yo (y usted que me lee), y probablemente mejor que el ex-alcalde.
Total, que dos décadas después la ciudad tiene un monstruo en medio del secano. Finalmente acabado y que cuesta, solo en luces, calderas y limpieza, 750.000€ del ala al año. Así las cosas, entiendo a José Mazarías cuando, dispuesto ha hacer de la necesidad virtud, opta por trasladar allí el grueso de la burocracia municipal, asestando otro golpe (otro más) a la gentrificación de este centro urbano cuajado de palacios y conventos vacíos.
(Pero yo me pongo en la piel de Mazarías y haría lo mismo. Todos al CIDE. Y los socialistas y quienes apoyaron el CAT deberían bajar humildemente la mirada, porque han sido ellos y solo ellos los causantes de esta inmensa y cara tomadura de pelo. Y no solo eso sino que encima nos lo han vendido como sede de tecnológicas, de escuelas de danza, de teatro, del 5G, de la fotoanimación y la efepé). Todo trolas.
Después de todo el CIDE no está tan mal. Es amplio y modernote, tiene dónde aparcar (¡gratis!) y se llega desde cualquier punto de la ciudad echando ciscos. Me lo cuenten a mí, que cada vez que voy al consistorio me siento Cenicienta, contando los minutos de la ORA para que no me la vuelvan a enchufar, entrando y saliendo para cebar la hucha, saludando a la gente con un escueto hola y adiós, en plan borde.
Tiene el CIDE, eso sí, una enorme pega que lo desmerece como edificio de oficinas: No Hay Bar. Y sin bar, no hay desayunete para el currante, esos entre 15 y 30 minutos que sin duda son lo mejor de trabajar en España. Y esto sí que es un serio problema. De este modo los funcionarios municipales se sumarán a los de la Seguridad Social y los de los juzgados, desterrados a zonas sin bar, condenados a desayunos bochornosos de café de máquina y bolsa de patatas, o incluso a tirar de tuper, que es el inframundo de la escala laboral. Se lo pregunten a los jefazos de la Audiencia provincial, que se quedan en San Agustín desayunando como marqueses mientras mandan a la clase baja a la otra punta de la ciudad a mordisquear Mueslis de bote.
Reconozcamos que trabajar en un sitio sin bar es inhumano. Será muy europeo, funcional y lo que quieran, pero desde aquí mi mayor solidaridad para con los afectados. Una oficina si bar es como un mercadillo sin gente. Exacto, sí, como el del Paseo del Salón.
Que esto sí que no se entiende si no es por cabezonada personal del alcalde Mazarías. Los mercadillos se ponen en lugares donde hay gente. Y punto. Y en el Salón solo hay gente en la madrugada del domingo, cocidos como garrapatas, por cierto…
Dice el alcalde que él va por el mundo y lo ve mucho (mercadillos en lugares donde no va la gente), lo cual me suscita una seria preocupación sobre la vida privada de Mazarías, a ver si el hombre nos ha salido sociópata y le gusta disfrutar de desolados polígonos industriales, plazas duras del brutalismo soviético donde cuatro espectros chanchullean papelinas y sus colegas se machacan los huesos haciendo parkour o sobre tablas de skate…
Pero me da que a Mazarías no se le da precisamente bien el parkour (bien que ha sido profesor de gimnasia). Más pienso que, equivocadamente, el hombre quisiera diversificar la concentración patente en el eje Azoguejo-Catedral. Algo en lo que han fracasado todos sus predecesores (y él también). Pues insisto, un mercado requiere gente. Y es por eso que en los centros turísticos se ponen en las principales plazas y entornos, porque hay gente. Y no en bucólicos parques alejados del mundanal ruido.
Es de nuevo la diferencia entre un visionario y un fantasma No basta con tener una idea; hay que trasladarla a la realidad y la realidad manda. Manda llevar a los trabajadores municipales al CAT y dejar en la avenida Acueducto las casetas de los mercadillos. No nos pongamos tontos con esa cuestión y cuanto antes se rectifique, mejor.
















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