“La idea es dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos y por eso hacemos cosas como estas. Es reconfortante”. Es la respuesta de Cristina y Claudia, las monitoras, a la extrañeza mostrada por el paseante por encontrarlas una tarde soleada de sábado con guantes de trabajo tratando de llenar bolsas negras de basura con una gran cantidad de cristales rotos que llevaban años tirados junto a una construcción ganadera cerrada en el sector del Prado Bonal, a escasos metros del Conservatorio de música y del borde del barrio de Nueva Segovia.
No estaban solas. Por toda la zona, por la que difícilmente se verá un equipo de barrenderos, además de numerosos paseantes pululaban unos 12 adolescentes más enfrascados en tareas de limpieza. “Hay papeles, condones, plásticos, cristales y colillas, tantas que parecen reproducirse”, contaba otro de los menores sin perder la sonrisa a pesar del continuo doblar de espaldas al que obligaba su inacabable tarea para la que no piden permiso ni emiten notas de prensa.
Se trata del Grupo Scout La Ruta, concretamente su Unidad de pioneros, con sede en la parroquia de Nueva Segovia “aunque ya no somos grupo cristiano, que lo quitamos”, según puntualizaba otra de las voluntarias con una sonrisa simpática aún mayor que el anterior sin aflojar tampoco en la tarea de agacharse una y mil veces tratando de limpiar el campo “hasta que se marche el sol”. “Otro día de estos iremos donde la estación de autobuses, que también está lleno”, anunció.
Son actividades del grupo scout que “eligen los chicos” y que varían cada año, tal como matizaron las monitoras, que indicaron que en ese empeño de dejar el mundo “algo mejor”, igual pueden plantarse en la sierra para restaurar chozos de montaña o echar una mano a Cáritas o en residencias de ancianos.
Mejorar un poco el mundo. Un plan excelente.













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