Probablemente los debates políticos, como los clásicos del fútbol, están sobrevalorados y prometen más de lo que luego son. El de este miércoles, “El debate decisivo” lo habían titulado, resultó bastante plano. Había más miedo a perder que argumentos para ganar y así, riesgos, los justos. Francisco Igea estuvo más agresivo y buscó repetidamente el cuerpo a cuerpo con Alfonso Fernández Mañueco que, dicho sea de paso, estuvo poco fresco, leía cada palabra que decía y se pasó más tiempo mirando los papeles que a la cámara o a sus rivales. No obstante, a ratos parecía encajarle el traje de presidente con experiencia y hasta proclamó que “el PP es el partido de Castilla y León”. Luis Tudanca también leía y lo que se sabía de memoria era lo de “los 35 años de Gobiernos del PP” y la necesidad de “cambio para esta tierra”. Eso sí, miraba a cámara que es una cosa que explican el primer día del primer curso de político en la tele.
La encuesta en la cuenta de Twitter de Castilla y León televisión dio como ganador claro a Igea, con un 57,4 por ciento de los votos, detrás a Mañueco (25,7) y a Tudanca sólo le votó el 10 por ciento mientras un 7 por ciento clicó en la casilla “ninguno”. Hay otras muchas encuestas sobre “ganadores” pero le pongo esta porque la televisión regional produjo y emitió este choque a tres. Personalmente, creo que no hubo ganadores.
Conocidos a lo largo de la campaña los programas, propuestas, promesas y también las heridas que permanecen abiertas —no hay divorcio en el que no se produzcan y las de Igea supuran abundantemente— el elemento distintivo del último debate fue el de los pactos post electorales después de que las encuestas hayan puesto sobre la mesa la alta probabilidad de que Vox pueda irrumpir en el próximo Gobierno en coalición con el PP. Bueno, las encuestas y también las declaraciones del día anterior de Ayuso dando carta de naturaleza a un eventual pacto PP-Vox. La encuesta del CIS deja un resquicio a un gobierno del PSOE con los demás partidos menos PP y Vox, pero de este posible pacto no se dijo ni una palabra.
Volviendo a la opción de “las derechas“, pese a la insistencia desde ambos flancos para que dijera claramente si pactará con Vox, Mañueco se escapaba en todo momento proclamando que “quiero gobernar en solitario” haciendo oídos sordos a Igea cuando le hablaba de “sus nuevos socios”. “No sé a qué socios se refiere”.
También el socialista Tudanca aprovechaba para pedir los votos de todo el mundo en una de las pocas ocasiones de la noche en las que atacó directamente a Igea recordándole que en 2019 optó por pactar con el PP en vez de hacerlo con los socialistas mientras agitaba en la misma frase el fantasma de la posible entrada de la utltraderecha en el gobierno regional. “Usted cerró la puerta al cambio y el señor Mañueco le ha abierto la puerta a Vox”.
En los momentos de más acoso al popular, Igea y Tudanca alertaron sobre las posibles cesiones, en el marco de un eventual Gobierno PP-Vox, en materias como la xenofobia o violencia de género, aunque esta vez si se revolvió Mañueco afirmando ser el máximo defensor de la lucha contra la violencia de género. Se marcó en ese momento un minidiscurso, algo sobreactuado, en el que mencionaba a cuatro generaciones de mujeres de su propia familia para acentuar su sensibilidad hacia la mujer. “Por ellas”, acabó con los puños apretados, esta vez si, mirando a la cámara.
Si entendí bien las conclusiones, Mañueco quiere gobernar en solitario pero no ha echado una sola llave por si hay que pactar con unos u otros. Tudanca, por su parte, dijo que estaría dispuesto a hablar con todos “menos con Vox porque nunca, nunca pactaré con la extrema derecha” (quizá sobraba la aclaración) y con el PP. Francisco Igea se marcó como meta evitar que se repitan elecciones, no dar cabida en el gobierno, de ningún modo, a Vox y repitió que pactaría con el PP si se diera el caso, pero no con Mañueco, al que acusó de “no tener palabra en materia de pactos”.
El de Ciudadanos dejó además una propuesta para meditar sobre la mesa: “Un pacto a lo Merkel”, en el que cabrían todos menos Vox, claro. Quizá fue lo más interesante de la noche.













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