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¡Escándalo, es un escándalo…!

Me viene a la mente la canción mundialmente conocida y magníficamente interpretada por el cantante Raphael, “Escándalo, es un escándalo” cuando analizo el resultado de la sesión constitutiva de las cortes de Castilla y León y el acuerdo anunciado por Mañueco con la ultraderecha de Vox para compartir gobierno en la Comunidad, amparado por Feijoo.

“Toda Europa se estremece” al constatar que en España, precisamente en Castilla y León, “el PP se arrodilla ante la ultraderecha” para permitirles presidir el primer parlamento democrático europeo y ponerles alfombra roja en la entrada al gobierno de una institución democrática, la Junta de Castilla y León. Por cierto, instituciones que proponen su desaparición, pero que ahora buscan en ellas sillones de poder, demostrando su populismo, cuando la realidad es muy diferente, ya que quieren el poder para someternos a sus tesis retrógradas. Pero no se lo permitiremos.

Mañueco y el PP ya han pasado a la historia europea y española, por blanquear a los herederos de las tesis franquistas, xenófobas, racistas, machistas, antieuropeos, autárquicos, ultraconservadores en lo económico y clasistas para defender sólo a los más poderosos, utilizando a los más humildes y a los trabajadores, y permitirles gobernar para retroceder en derechos y libertades, que tanto han costado conseguir.

Mañueco sin proyecto y que todo lo copia, pensó que CyL es Madrid, convocó de forma precipitada las elecciones autonómicas a manos de una encuesta y su creencia de conseguir mayoría absoluta, antes de la llegada del ciclo judicial que retomará el foco en la corrupción del PP, para mantenerse en el sillón y como un “líder torpe y sin visión estratégica” creyó que no llegaría nunca este escenario.

Lo que muchos preveíamos desde la noche electoral del 13 de febrero, aunque albergábamos esperanzas de cordura en el “nuevo PP moderado de Feijoo”, ante el ofrecimiento de Luis Tudanca de un acuerdo para hacer “un cordón sanitario a la ultraderecha como en el resto de Europa, para que el PP gobernara en solitario”, se ha convertido en triste realidad para esta tierra, ya que marca tiempos de regresión.

Ahora buscan a quien endosar el “privilegio” de haber permitido ese gobierno: Mañueco lo intenta con Casado porque se va, y Casado a Feijoo que ya manda entre bambalinas. En fin, el PP dice que cambia, pero para que todo siga igual.

Después de que todos los medios de comunicación europeos hayan destacado la noticia del Pacto del PP y la ultraderecha de Vox en negativo, observo el viernes la rueda de prensa de Mañueco que ha dado la vuelta al país, por sus titubeos, falta de respuesta y ridículo, al no poder explicar lo que en el texto del acuerdo se refiere al “pin parental” en educación, la “inmigración”, la “violencia intrafamiliar” y otras cuestiones que marcan el ideario de Vox y demuestran que se han plegado a revertir derechos a cambio de sillones de poder.

Qué paradoja que la semana del 8 de marzo, día internacional de la mujer, se haya sustanciado un acuerdo de gobierno que pone en peligro el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, ya que retroceden volviendo al término violencia intrafamiliar, que pone en entredicho la violencia hacia la mujer por el simple hecho de serlo. No lo podemos consentir.

También observo la estrategia de querer comparar la entrada en las instituciones de gobierno de la ultraderecha con la presencia de Podemos en el gobierno de España, o los apoyos de otros partidos de izquierda en el parlamento y no me resisto a contestar. Respeto la democracia en todas sus consecuencias, jamás utilizaré como la derecha y la ultraderecha los términos de gobierno ilegitimo, etc. para poner en tela de juicio un gobierno democrático, pero miremos las diferencias. La ultraderecha desprecia los derechos humanos y las normas internacionales sin rubor, proponen volver 50 años atrás en derechos y libertades y hasta sacan pecho en el parlamento de los gobiernos franquistas. Rechazan todos los avances sociales: SMI, Pensiones públicas, cadena alimentaria para precios justos en el campo, etc. Claro que no es lo mismo. Por cierto, eso no significa que de forma evidente, tenga discrepancias claras con algunas propuestas y acciones de Podemos, y sin dudarlo fueran tan graves como las relatadas lo criticaría igual.

Con seguridad y por desgracia nos quedan por ver en CyL en los próximos meses muchos más ejemplos que atestiguarán las alertas que identifico y otras latentes.

Otro escándalo, que quiero reseñar es la terrible invasión de Putin en Ucrania, y sus bombardeos continuos a la población civil, como el otro día a un hospital infantil. Que crueldad, sinrazón, locura tan intensa se observa ante los tentáculos de un ególatra imperialista, que defiende una línea política conservadora nacionalista, como la ultraderecha en muchos otros países y que aquí también visionamos. Pero ante sus intentos de dividir a Europa y financiar su guerra con los beneficios del gas ruso, se ha encontrado con una respuesta de unión entre los socios europeos.

La noticia de que en la cumbre europea informal de Versalles, se ha acordado desvincular el precio del gas natural del precio de la electricidad, como ya propuso en el mes de julio el gobierno de Pedro Sánchez, y sustanciarlo a finales de mes de marzo en la cumbre europea ordinaria, es una excelente noticia. Además la búsqueda de fórmulas para que la soberanía energética en los países de la UE deje de depender de Rusia, es una respuesta ante un Putin que no ha calculado los efectos de su invasión y que debería de forma urgente parar la masacre y retirarse. El debate sobre las necesidades energéticas y las formas de conseguirlo es muy interesante, así como el papel de las renovables y el autoconsumo, pero otro día lo abordaremos.

La cesta de la compra en nuestro país, el precio del combustible, los problemas en empresas, en nuestro medio rural, etc. son efectos en parte de la situación forzada por Putin en sus chantajes energéticos y deben sin duda centrar los esfuerzos para dar respuestas a la ciudadanía, por lo que todos deberíamos de estar unidos. Yo apelo a ello, a la altura de miras de todos los servidores públicos y los partidos políticos, para hacer política útil para la ciudadanía y no agitar el odio y la demagogia con tal de rascar un puñado de votos. La inmensa mayoría del pueblo aboga por ello.


Author: José Luis Aceves Galindo

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