Lo que se llama un tiro por la culata. El asunto de Silvia Clemente Es más que un problema de bisoñez de Ciudadanos que haya llevado al partido naranja a gestionar de manera tan nefasta el proceso, desde el mismo fichaje de la segoviana hasta el momento actual, sonrojados por un intento de pucherazo dentro del partido.
Seguro que ellos y ella habían soñado con que la operación concluiría con la segoviana presidiendo la Junta, siquiera pactando con socialistas, que ya tengo claro que la dirección naranja no manda con tanta firmeza como parecía y buena parte de los más “moderados” —se hace raro encontrar una corriente con ese nombre en una organización que aspira a ser el centro de la política— creen que un acuerdo con los socialistas debería ser posible, mientras el rival rivalísimo, Alfonso Fernández Mañueco y su camarilla, incluido el también segoviano, Francisco Vázquez, agonizaban políticamente entre terribles sufrimientos en la oposición.
Claro, que el sonrojante intento de pucherazo ha convertido a Ciudadanos en, ojo, un partido en el que se puede producir fraude electoral, no sabemos a fecha de hoy con qué porcentaje de error en las tentativas, algo de lo que la formación liberal se proclamaba hasta ahora totalmente libre e incluso presumía de ser el azote de quienes lo practicaran y que ahora está en cuestión en todo el partido, donde nadie se fía ya de las primarias celebradas antes del domingo.
A la espera de conocer con nombre y apellidos la identidad de la mano negra que fraguó desde una IP ubicada en Burgos el intento de fraude mediante dos ingresos masivos de votos en favor de la independiente a altas horas de la madrugada, algo que ya le ha costado la cabeza al Secretario de Comunicación, Pablo Yáñez, y parece poco, lo cierto es que la “operación Clemente” aparenta haber descoyuntado a los naranjas y dado nuevas alas al PP de Mañueco. Si esto se cuenta hace un par de semanas nadie lo hubiera creído.
Los liberales tratan de recomponerse en estos momentos, pero lo cierto es que sufren un rotundo agujero en su credibilidad, no sólo en Castilla y león, sino en el ámbito nacional que pone a prueba, por primera vez de manera seria, la capacidad del partido para superar las adversidades y la desunión que parece haberse impuesto en el partido cuyo principal aliciente de militancia es la limpieza y la regeneración.
Al mismo tiempo, la buena estrella que parecía acompañar siempre a Silvia Clemente ha adoptado proporciones de supernova en plena explosión de escándalos y presuntas irregularidades que comienzan a salir a la luz masivamente y con todo lujo de detalles. A las ayudas económicas a la empresa de su marido convertidas en objeto de estudio penal por orden del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) se unen las acusaciones de tejemanejes económicos en torno al Centro Hípico de Castilla y León, aquí en Segovia, con la aparición de correos electrónicos en los que se reconocería la convocatoria de “cursos de formación ficticios” para pagar las deudas con la Federación Hípica cuando Clemente era consejera de Agricultura, según publica ABC.
Artillería pesada con capacidad de destrucción masiva contra Clemente que precisamente sale de los ordenadores de la Junta mientras la expresidenta regional mantiene un significativo silencio sepulcral desde que el domingo se descubriera el amaño de las elecciones primarias de Ciudadanos en su favor.
Porque esta es otra. Clemente ha estado amparada durante toda su vida política por las siglas del PP, aunque el hecho de que saliera de esa formación repartiendo estopa a diestro y siniestro puede dar la idea a los populares de que ha llegado el momento de ajustar cuentas. Y eso no está exento de peligros.













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