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Cartelera Segovia: Tenet

Lo primero: es un placer volver al cine. Lo que más me llama la atención es el sonido. En la tele, y especialmente en las plataformas, el sonido es tan cutre que las más de las veces termino activando los subtítulos. Tiene que ver con que una sala cuenta con toda una estructura de altavoces envolventes, perfectamente ecualizados y que responden al montaje real de la película. En la tele chica se empasta el sonido y es por eso que a menudo tenemos que escuchar los diálogos con el volumen a tope para bajarlo tan pronto entra un tachán. Y dejando de lado la oscuridad, la concentración, la indispensable Coca-cola, ¿qué decir de la calidad de la imagen? El tamaño sí importa.

Lamentar por tanto la decisión de Disney de dejar de estrenar en sala sus producciones a fin de primar su canal de pago. ¿Tan malas son sus nuevas películas -Mulán- que ya solo se pueden ver en el móvil? Que se vayan a pastar. Total, para las mierdas que hacen…

Dicho lo cual me estreno en el cine con Tenet, la esperadísima de Nolan, el rey del Blockbuster metafísico. Es una muy buena película, distracción pura y con las habituales vueltas de tuerca a la trama que te mantiene pegado sin realmente entender mucho de lo que pasa. Esto es lo mejor.

Lo peor es que tras Inception, la fastuosa Interestellar (para mí, de las diez mejores películas de CF de todos los tiempos), y muy especialmente la espléndida Dunkerque (de las cinco mejores de cine bélico), Nolan tenía el listón realmente alto. Me esperaba un filme circular, como las anteriores, lo cual no mediando trampas de guión es especialmente meritorio, historias que terminan donde empiezan. No va por ahí, aunque puede que sí. Realmente el complejo mundo de los que van del revés hace que te pierdas continuamente.

Desarrollada en los años 40 por los físicos Wheleer y Fenyman, la teoría de los campos absorbentes (parece ser) solventaba algunas contradicciones de la cuántica como el problema del entrelazamiento (partículas que, sin tener en principio relación, actúan coordinadamente). Claro que una de las consecuencias de este nuevo modelo era la consideración del tiempo como un espacio simétrico. Dicho en plata, que el tiempo avance en una sola dirección (de pasado a futuro) no es más que una ilusión, en realidad es una simetría. Depende de que lado del espejo estés. Imaginen pues una tecnología que me permita salir de paseo de las 11:00 a las 10:00.

Así que ya está líada. Imaginen unos malos que pueden recorrer el tiempo para atrás. Es decir, lo que han hecho entre las 10 y las 11 lo pueden rehacer desplazándose (mediante una alambicada red de tornos temporales o algo así) de las 11 a las 10. El protagonista, John David Washington (hijo de Denzel) acaba siendo una especie de James Bond de este cosmos palindrómico, que lo mismo va paralante que patrás. No me termina de gustar el hijo, la verdad. Ni la mala-buena (muy sosa). Ni el malo-malo, Kenneth Branagh. Se compensa de sobras con un ritmazo apabullante, imágenes de enorme fuerza, una música soberbia…

Recuerdo que en Dunkerque Nolan ya experimentó con al menos tres planos temporales que se yuxtaponían a la vez. Aquello era magia y la gracia estaba en que al final los diversos tiempos coincidían en una espléndida película circular y hasta lo pillabas. En Tenet este mismo planteamiento queda más embarrado. Conociendo el talento del director, seguro que el problema está, no en el guión, sino en que es una de estas películas que para entender totalmente es preciso verla muchas veces. Pero cuando eres un pedazo de director como Nolan, en realidad, no se precisa entender totalmente, ni parcialmente ni nada. Basta abrir los ojos y flipar. Por tanto, un realmente recomendable espectáculo que los amantes del cine no pueden dejar de ver… ¡En pantalla grande!… ¿Estamos? No me sean como la Disney.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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