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Cataluña: Que si ¡só! o ¡arre!

Soy tan segoviano como catalán, aunque para el señor Puigdemont  no cuento para nada. Miento, para pagar los impuestos sí cuenta conmigo. Soy de los que solo tienen algo que perder en todo esto. Por eso quisiera, desde la equidistancia que me he ganado, y también sin adjetivos, explicar las cosas que creo que pasan. No me gusta la situación, me da miedo. Y me consta como son las espirales históricas, cuando los desencuentros entre sociedades acorralan hasta los extremos a las personas.

Por un lado, millones de catalanes se sienten ninguneados y luego agredidos -pues lo fueron y ya digo que quiero ahorrar en adjetivos- por la acción de la policía el pasado 1 de octubre. Por otro, millones de españoles se sienten ofendidos al ver a la gente que enviamos allí a cumplir la ley (nuestra ley) acosados e insultados. Nuestro país roto sin consultarnos y difamado cual dictadura totalitaria por pretender evitarlo.

He visto en TV3 imágenes de ingentes masas como nunca antes hubo manifestándose por las calles donde crecí. Gente normal, pacífica, que explicaba su indignación y deseos de independencia a los reporteros de TV3. Lo que no he visto en TV3 es la opinión de ni uno de los representantes de los millones de catalanes que no están en la manifestación. Ni uno.

He escuchado al rey Felipe VI culpar al gobierno catalán de lo que pasa y reiterar ante el mundo la voluntad del Estado de cumplir la Constitución. Que no tolerará golpes de Estado. No le he oído decir si ese Estado ha fallado en algo.

Faltan, pues, palabras. Los mensajes son claros pero fragmentarios. Y aquí estamos. Si só o arre. Paseándonos por un precipicio. Un precipicio que en cualquiera de los casos va a terminar dando la voz a los ciudadanos, pues solo los ciudadanos debieran ser los amos de su destino. Con suerte antes de despeñarnos, sin suerte cuando estemos en el suelo. Yo quisiera ahorrarme la caída. Advierto a los catalanes que el camino que orilla el precipicio se llama diálogo. sí, pero ley también. Lo mismo les digo a mis paisanos segovianos, y añado: el ruido no ayuda a escuchar al otro.

Y entre todos nos toca decidir en qué parte del abismo habrá que reunirse. Si arriba o abajo. Es así de simple.

Nota. A petición del autor se han suprimido los comentarios en este contenido.

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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