El pasado 10 de enero, la asociación Ángeles Callejeros, de protección a los gatos, denunciaba una oleada de supuestos envenenamientos de gatos en Segovia capital. Seis felinos muertos en una semana en una gatera urbana del barrio de San José, a los que en los días siguientes se sumaron otros dos más, aparecidos en diversas partes de la ciudad.
Sin embargo, los primeros análisis no confirmaron la muerte por envenenamiento y se precisaba una autopsia veterinaria para concretar las causas de la muerte. Desde la concejalía de Participación Ciudadana, que coordina la gestión de gateras urbanas con grupos de cuidadores voluntarios, se remitió el cadáver de uno de los gatos supuestamente envenenados al Hospital Clínico Veterinario de la Universidad Complutense de Madrid. Efectuada la oportuna autopsia, los veterinarios descartan la muerte por tóxicos y apuntan a enfermedades naturales como diversos procesos infecciosos por virus y bacterias como causa de la muerte. Un dato que resta fuerza a la presencia de asesinos de gatos en la ciudad.
Sin que pueda descartarse el envenenamiento en alguno de los casos detectados, lo cierto es que la epidemia de gatos muertos coincidió con un episodio de temperaturas especialmente bajas. A ello se añade que las colonias urbanas de gatos disparan la propagación de virus y enfermedades contagiosas bacterianas, inocuas para el hombre. Depredadores solitarios y altamente territoriales en condiciones naturales, los gatos, y felinos en general, son muy proclives a las epidemias infecciosas, una fórmula de control natural de las poblaciones en libertad.
Invasión de gatos en La Lastrilla
Menos “natural” es lo que está pasando en La Lastrtilla, donde el ayuntamiento, y ante una supuesta “invasión de gatos callejeros de la localidad”, emitía un bando anunciando multas para aquellos vecinos que den de comer a los felinos. El consistorio justifica la medida ante las quejas de vecinos a los que les entraban gatos en casa. El bando ha motivado ásperas críticas entre los amantes de los gatos. Se sugiere al ayuntamiento que asuma políticas como las de las gateras urbanas de Segovia, zonas acotadas donde solo voluntarios habilitados pueden dar de comer a los gatos y de las que se cogen gatos para su esterilización y evitar así su conversión en plaga.













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