Se quejaba un lector en sus comentarios que cómo se entiende que tras gastarnos 16M€ en una nueva, moderna, y amplísima (16.000m2) ciudad de la justicia, la dispersión de sedes judiciales seguirá en Segovia, y por lo pronto, los cinco magistrados de la Audiencia Provincial se mantendrán, inamovibles, en la vieja sede de la calle San Agustín. Algo que celebraba la alcaldesa por cuanto, de este modo, la vieja audiencia no se suma al creciente parque de palacios abandonados del centro histórico.
Pero lleva razón nuestro indignado lector y esto no va así. Veamos. Sabidos es que la Diputación de Segovia busca desde hace ya lustros un palacio cercano en el que expandirse. Fracasó el proyecto de irse a las Concepcionistas, el palacio Quintanar -antiguo conservatorio y un bar memorable- ha quedado en centro de exposiciones, de manera que desde 2017 la corporación provincial paga casi 9.000€ al mes (bueno, contando la inflación seguro ya sin casi) por un alquiler de la Casa del Sello (antigua Cámara de Comercio). Parecía de libro que, tras la partida de jueces y fiscales, el edificio quedara para la Diputación.
Pues no. Puestos a conservar algún juzgado en el centro, parecía más indicado separar del contexto judicial el de menores o de violencia de género, en alguno de los pisos que actualmente acogen juzgados en la ciudad. Más barato de mantener que todo el viejo y cochambroso palacio.
La razón que se esgrime desde Justicia es que todos no caben en el nuevo complejo, lo que habla o bien bastante mal de la planificación de esta millonaria inversión, o bien -que es lo que yo me malicio- es una milonga para que sus señorías sigan con una completa oferta hostelera y de restauración en las cercanías; en Nueva Segovia deberían contentarse con el café de máquina y bollos antisaludables. Y total, como tienen el parking gratis… Alguien del Gobierno nos debería detallar cuánto cuesta mantener abierta la vieja audiencia y si por algo menos, no valía la pena habilitar un merendero en la Ciudad de la Justicia o cuando menos un servicio de Just Eat para fiscales, jueces, abogados, trabajadores y usuarios.
Tampoco es una cosa nueva. Es Segovia la ciudad que más y mejor de cuántas conozco ha desperdiciado sus palacios, complejos administrativos y edificios patrimoniales. Desde el antiguo magisterio (a ver si está lista la Diputación para la ocasión) al del INSS; del Cervantes (pues en mi opinión, construir allí un teatro y no ampliar el centro de FP anexo es tirar el dinero) a las Oblatas; De la Choricera al CAT; del 18 de Julio al palacio Mansilla (si bien este último, por obra y gracia de IE University, parece que se reciclará en residencia, no sin quejas, que ya es lo último, pero siempre hay quejas por inopinadas y místicas).
Creo que dentro de un siglo, cuando los guías turísticos expliquen la genealogía patrimonial capitalina los turistas dirán: “cuánto majadero”. Pues son legados que hablan a las claras de la falta de previsión, planificación y entendimiento de las administraciones segovianas, sean del color que sean. No hay manera de que hagan un listado razonable de necesidades y disponibilidad, sentar a las partes y poner un poco de cabeza en una “despolítica” que cuesta un pastizal al erario público. Luego se habla de cómo revitalizar el centro. Pues miren: ¡Así desde luego no!
Y eso sin entrar en el patrimonio eclesial, especialmente de órdenes religiosas, abandonados de facto cuando no surrealistas monumentos a la soledad humana, con miles de metros para cuatro frailes y tres monjas. Eso sí que es clamar al cielo.














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