Empieza el colegio, terminan las vacaciones, y el silencio cae como un telón de fin de la función. Estamos en Ochando, Santa María la Real de Nieva, pero es igual en cualquier parte de lo que se da en llamar la España vacía; un puñado de ancianos aguantando de septiembre a septiembre, son apenas 20. Dos o tres viven de las tierras y el ganado, el resto son jubilados; la media de edad debe rondar los 70. Los fines de semana la población sube y se dispara en verano, cuando vuelven los hijos del pueblo y abren las casas. Es un espejismo, pero bienvenido sea.
En las últimas semanas pedanías y agregados de Santa María han salido en los medios. En algún caso para bien, es el caso de Pinilla Ambroz y su sorprendente comunidad de jubilados universitarios multinacionales. En el otro extremo está Ochando. A lo largo del verano, la localidad se ha movilizado por algo tan básico como el agua.
Desde hace ya unos años la contaminación venía avisando. El pozo presentaba problemas de nitratos, demasiado cerdo en la zona. En 2016 hubo que cerrar la toma. Desde entonces el agua del grifo de Ochando no es apta para el consumo. Semanalmente el consistorio provee de packs de 5 litros a 0,20€. Como solución “provisional” desde el ayuntamiento se habilitó una fuente de agua filtrada que, por lo menos y una vez entré en funcionamiento, sustituirá los repartos. Pero los vecinos, gran parte de ellos al menos, no quieren parches, quieren una solución definitiva y temen que el apaño de la fuente se convierta en el abastecimiento de agua de boca para la siguiente generación. Han recogido firmas, conseguido el apoyo del PSOE. “Ochando. No a la fuente. Alcalde: cumple tu palabra”, puede leerse en pasquines distribuidos en todo el pueblo y en un par de pancartas colgadas de balcones. El alcalde de Santa María, Jaime Pérez, reconoce que fue un error. Primero dijo que no habría fuente, luego se lo repensó, y al final puso la fuente. “No debí decirles que no a la fuente, ocurre que es una solución provisional. Tenemos ya varias opciones en marcha y tienen mi palabra de que la fuente es solo un recurso temporal”, explica Pérez.
Pero el tema es un síntoma. A pocos metros de los carteles hay una zanja en el cemento de la calzada, luego otra, luego otra y otra… Al final, allá donde desaparece el cemento y surge el camino, un gran charco de agua. Había fugas en la red, no se daba con ella. “Al final habrá que poner una tubería nueva”, dice Pérez. Otros 6.000€.
El problema es que en Santa María la Real de Nieva, con 14 núcleos agregados, dos entidades locales, hay apenas un millón de euros para presupuesto. Hay mil vecinos y 700 farolas. Hay 14 redes de abastecimiento. Hay que recoger las basuras. Y lo que no hay son vecinos. La partida municipal de inversión es de 80.000€ para los 14 núcleos. 80.000€ que hay que dosificar para cubrir la parte municipal en las inversiones de Diputación o de la Junta, cuando caen.
La actual financiación de la administración local no atiende a “núcleos”. Se transfiere una cantidad por habitante y punto. Así, Santa María en 2011 llegó a acumular una deuda por déficit de 1,6 millones de euros. Cantidad que por la ley de Estabilidad ha ido rebajándose hasta los 500.000€. Pero así están las cosas.
“Tenemos tres opciones para Ochando. Una, como en Balisa, meter un filtro general para toda la red. Otra es conectar con la red de Santa María (a unos 2 kilómetros), la tercera es buscar un nuevo pozo, aunque nadie asegura que no esté contaminado”. Las previsiones de Pérez son que en el mejor de los casos arreglar lo del agua costará unos 30.000€, para lo que habrá que tramitar subvenciones ante la Junta, la Diputación, y asumir la parte municipal. Algún vecino no es tan optimista, y cifra en 80.000€ el arreglo. El equivalente a toda la capacidad inversora de Santa María concentrada en un 2% de su población. Saldría más barato regalar vino.
De algún modo, lo que está pasando en Santa María se reproduce en Sepúlveda (10 pueblos agregados), en Riaza (también 10, en Cuéllar (9). Municipios con escasa población, una vasta infraestructura de servicios básicos, envejecimiento y problemas de mantenimiento de servicios los que quieras, que además hay que dimensionar para una punta poblacional veraniega, todo lo cual, claro, sin dinero. Y estos están de suerte; en Fresno de Cantespino hay un censo de 261 vecinos distribuidos en siete núcleos, a 37 vecinos por pueblo, y bajando. Ni siquiera salen en la prensa local.
El problema recuerda al que tienen las localidades turísticas costeras. En invierno no hay gente y en verano concentran barrios enteros de Madrid. Pero claro, las localidades costeras tienen dinero, hay IBI, el urbanismo está concentrado en urbanizaciones más o menos modernas, hay terrazas, hoteles, comercio… Pero esto es la España vacía, aquí el turismo tiene su correlato productivo en la agricultura intensiva, en las granjas cuyos purines van a dar al freático. No hay comercio desde hace décadas.
Y en estas condiciones algo tan básico como que el agua del grifo sea “normal” se convierte en toda una proeza. “Así están las cosas. Es la realidad que nos ha tocado y llevamos 40 años con ella”, explica Pérez.

De arriba abajo. La chapa del teleclub de tiempos de Franco, en el hoy consultorio. La fuente de la discordia. Orbas de reparación de la red general. Sobre estas líneas, iglesia de Ochando, Santa María la Real de Nieva.















Últimos comentarios