free web stats

Los niños no son niñas ni las niñas son niños

Buen lío se ha montado a la izquierda con la ley trans. El problema básico es la autodeterminación de género; se admite la posibilidad de que un menor pueda cambiar de hombre a mujer y viceversa sin que sus padres puedan oponerse; por su propio criterio Jorge podría iniciar un duro tratamiento para devenir Jorgina.

Una de las más grandes chorradas de la charlatanería moderna es la desnaturalización del género. En los años 70 se postuló que el género, a diferencia del sexo, que es un hecho biológico, es solo una construcción social. Un niño puede ser niña si “la programación” social así lo modela y con independencia de su sexo original. Tesis que por más que se empeñe alguno quedó hace años científicamente desmentida. Les animo a analizar el llamado caso Reimer, paradigma hasta cierto punto de la falacia de pretender criar a un niño como niña con la idea de que socialmente se autoconsidere niña. Es cierto que la identidad de género es una construcción social pero no es menos cierto que está condicionada por lo biológico. Y eso es así porque mucho de los llamados roles de género responden a nuestra condición. social y natural , de primate.

Hay mucha confusión así que conviene ir a pasitos. El género refiere a “los roles socialmente asignados”. Un hombre puede estar en completo desacuerdo con los roles culturalmente asignados a su sexo y sentirse plenamente realizado como persona, en cambio, cuando asume los roles del sexo contrario. Ese sería un ejemplo de transgénero (que terminológicamente es el individuo con aspecto femenino con identidad masculina, frente al cisgénero, lo contrario, aunque en adelante usaré el término trans para ambos casos). Digo de paso que esto no tiene absolutamente nada que ver con homosexualidad o lesbianismo o ni lo uno ni lo otro. Un hombre no deja de serlo porque le gusten o disgusten los hombres. Faltaría más.

El verdadero debate refiere  a a la identidad de género y si esta se construye sobre la nada. Pues no. No se construye sobre la nada. La biología pesa y todo indica que muy especialmente el cerebro y el denominado núcleo del lecho de la estría terminal. Además, hay ya toda una extensa literatura que avala la existencia de roles innatos entre hombres y mujeres. Un recomendable ensayo al respecto es “Diferentes”, de Frans de Waal (Tusquets, 2022), que habla precisamente de eso comparando tres especies, humanos, bonobos y chimpancés.

Hay que admitir también que el género, a diferencia del sexo, no tiene porque ser bimodal, es más bien una campana de Gauss, de ahí que realmente es problemático determinar en qué punto de la distribución uno es esto o lo otro. Es decir, buena parte de los roles no son solo de hombres o solo de mujeres, de manera que en todos nosotros hay una parte de nuestra personalidad inclinada a roles del sexo contrario. Aquellos que sostienen que no son ni esto ni lo otro y se identifican como “no binario” tienen, además de la libertad, las matemáticas de su lado.

Pero de eso no se puede colegir que el género es artificial o arbitrario o producto de un mero sentimiento puntual. Un niño con identidad de género de niña se empezará a comportar como niña muy pronto (y no como una “niñe”, que esto es otra cosa). Y ya puedes porfiar en pretender educarle “conforme a su anatomía” que no lo conseguirás (vuelta otra vez al caso Reimer). A lo sumo conseguirás una persona muy desgraciada de manera que se aconseja a los progenitores que se planteen seriamente la posibilidad de iniciar terapias trans o al menos equiparar la apariencia exterior del niño con su identidad sexual.

¿Pero qué pasa cuando los padres no aceptan ese hecho? ¿Qué debe primar, la calidad de vida del menor o la moral familiar y la tutela de los padres sobre los hijos? Ya puestos a plantear dudas, recuerdo que el repudio familiar también puede ser un factor de “infelicidad” del menor,  al tiempo que se me hace duro pensar que un juez pueda dictar a unos padres el sexo de su hijo si bien soy capaz de imaginar situaciones donde esto sea del todo necesario.

En resumen. Yo estoy en contra de la “autodeterminación” del género en el sentido de que me consta que el género no es una cuestión subjetiva sino que en la mayoría de los casos es un conjunto de sentimientos objetivamente demostrables. Que un señor diga “soy esto” no significa que realmente lo sea. De donde me inclino a recelar de la regulación jurídica rígida como marco de actuación  y a preferir soluciones basadas en comités de expertos que asesoren a la justicia sobre cómo proceder en los casos concretos (que tampoco son tantos) poniendo el bienestar del individuo como premisa. Más por cuanto, efectivamente, habrá situaciones nada claras donde no se pueda llegar a una clara conclusión.


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

Share This Post On