free web stats

Es lo que hay

Esa expresión me produce tanto rechazo que he terminado conversaciones y ralentizado amistades con la gente que la usa a discreción. Soy consciente de lo positivo de la resignación ante lo inevitable, ante el final de la salud, del amor o de la vida, pero no soporto a los que la utilizan para evitar la reflexión, la crítica o eludir el esfuerzo que supone cambiar las cosas.

La diferencia entre un conservador y un progresista debería ser que el primero protege lo que hay ante el riesgo de lo que viene y que el segundo protege lo que viene ante el riesgo de empeorar lo que hay. Después de las negociaciones con JUNTS, oigo mucha izquierda diciendo “es lo que hay”, como lo dice un vecino en el ascensor a las 7 de la mañana. Ningún reproche a los días laborables del trabajador, incluyendo a los trabajadores del actual Gobierno. Mi asombro va para la gente que defiende lo que hace tres meses criticaba por la falta de alternativa y, sobre todo, para los analistas que abrazan con fervor algo en lo que nunca creyeron. No todo es elástico o relativo. Mantener la palabra dada no lo es; la coherencia no lo es; el compromiso no lo es. El nacionalismo no es igualdad. Y claro que había alternativa. ¿hay algo más democrático que unas elecciones o llegar a acuerdos con la lista más votada antes que acordar con un prófugo en territorio extracomunitario y vigilado por un árbitro?

En el corto, entre el compañerismo y los destrozos de los compañeros, puede el compañerismo. En el largo, entre el compañerismo y las valores, los valores valen más, porque nos valieron para conocer a esos compañeros. Si no vives como piensas acabaran pensado como vives.

Hay otra expresión que se utiliza menos y que me produce igual desprecio “hay que acabar con lo que hay”. Acabar es un verbo sin crítica y sin retorno, propio de la inmadurez de los primerizos que creen que la Historia empieza con ellos. La evolución requiere leer, entender, acordar. A la revolución le basta quemar o cancelar. No me creo la gente que no acepta un sí por respuesta. La diferencia entre un progresista y un “podemita” es que el primero cambia construyendo y el segundo destruyendo. A el segundo no le importa quedarse sin edifico si se puede quedar con el solar. Afortunadamente, SUMAR ha reclutado para su “microcuquirevolución” en el Liceo francés y se les nota la elegancia y la formación. Es verdad que solo han visto a un obrero arreglándoles cosas y que carecen de sentimiento de clase, pero en su favor, hay que decir que carecen de resentimiento.

Llevemos la teoría a la práctica. La igualdad entre mujeres y hombres. “Es lo que hay”, dice la derecha. Es la biología, si yo también tengo hijas (odioso argumento), a ver si con los derechos van a perder los privilegios, cuando uno se está separando pueden pasar cosas, no hace falta ir tan rápido…. Cuando el PSOE cometió el error de entregar su mina de votos a Podemos y empezamos a oír que hay un género percibido y un peligro potencial en el hombre heterosexual estábamos oyendo en realidad “hay que acabar con lo que hay”. La igualdad no da igual. Ni entre los sexos ni entre los territorios. Bienvenido el feminismo de la igualdad en lugar del de la diferencia. Bienvenido de nuevo al “mucho hecho y mucho por hacer”. No se es mas de izquierdas por odiar más a la derecha, sino por querer más a la izquierda.


Author: Gonzalo Vázquez

Periodista

Share This Post On