Para la Asociación de la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), hay cadáveres de primera, que se exhuman, se clasifican y se analizan genéticamente cotejando el ADN con familiares vivos. No se ahorran recursos, si las pruebas de identificación resultan infructuosas, los restos se devuelven con toda dignidad al cementerio original. Ese es el tratamiento que se reserva para los soldados y víctimas del bando republicano. En cambio, si los soldados y víctimas son sospechosos de serlo del bando nacional, entonces nada. No hay extracción ni análisis genético ni intento de identificación ni nada. Se les deja donde se les encontró.
Es lo que ha pasado en la reciente exhumación habida en el cementerio de El Espinar. En los trabajos para la recuperación de 17 milicianos enterrados en una fosa común realizados el pasado mes de septiembre, se encontraron 14 cuerpos, entre ellos el del republicano Eugenio Insúa, cuya familia era la promotora de la exhumación. Entre estos cuerpos había también por lo menos dos cadáveres que no encajaban con el perfil de lo que se supone pueda ser un “luchador de la República”, pues se identificaron correajes, hebillas y restos de uniforme coincidentes con oficiales del bando sublevado. “Sospechosos” de ser del bando faccioso, ARMH allí los dejó.
“Estas personas las descartamos porque no son el contexto que nosotros buscamos“, explicaban a pie de fosa técnicos de la excavación. Considerando que su trabajo se limita a recuperar víctimas del bando republicano, y en tanto que la presencia de “caídos” nacionales invitaba a pensar que no había más del “bando deseado” en la zona, AMRH dio por concluida la exhumación. Una decena de cuerpos con todos los requisitos para ser considerados “cadáveres republicanos” se remitieron a Ponferrada, sede de la ARMH, donde se cotejará su ADN con el banco de muestras disponibles. Por otra parte, y gracias a una alianza, el objetivo principal de la exhumación, encontrar a Insúa, ya se había cumplido. Los cuerpos de los oficiales estaban pues “fuera de contexto”.
Una gran fosa común de soldados nacionales
En el cementerio de El Espinar reposan, la inmensa mayoría en fosas anónimas, cerca de 900 soldados del bando vencedor. La paradoja no es tanto que ARMH optara por finalizar la exhumación una vez cumplido el objetivo, identificar a Insúa, sino que a la hora de identificar cuerpos exhumados distinga entre los de un bando y los de otro. Un sectarismo ideológico que se evidencia también en la petición de dignificar las sepulturas -han reclamado un panteón específico para los cadáveres republicanos- pero solo de los de un bando. Si llevan un determinado uniforme al panteón, si por la pinta son del “otro bando”, se quedan donde están.
ARMH es una asociación sin ánimo de lucro y de interés general que entre sus objetivos está crear un “gran archivo de la Guerra Civil que preserve la memoria histórica” e “impulsar el estudio y la difusión de los conocimientos sobre las víctimas de la Guerra Civil“. Aunque la gran mayoría de sus acciones son acometidas por voluntarios y financiadas por donaciones de particulares, sí reciben fondos públicos para su labor. En concreto, en su web reflejan haber recibido subvenciones por valor de más de 500.000€ entre el periodo 2003-2011. Ese año de 2011 el ejecutivo de Mariano Rajoy dejó sin financiación las operaciones de exhumación amparadas por la ley de Memoria Histórica. Para 2020 estaba prevista una partida de 750.000€. En el caso de la exhumación de El Espinar, toda la operación se desarrolló sin participación de fondos públicos.














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