El tiempo, los años, y el hecho de haber conocido seis alcaldes, seis, estando liado en tareas informativas me permiten iniciar los textos con frases viejunas como “Esto antes no era así”. Lo habitual en la política municipal ha sido, toda la vida de dios, que el Gobierno se dedicara a desarrollar sus proyectos, acciones de Gobierno, y la oposición los cuestionara o los criticara con más o menos intensidad. Luego el Gobierno iba y ejecutaba y en paz. Lo que no se hacía antes era que la oposición adelantara sus propuestas electorales y mucho menos, que el Gobierno saliera en tromba a rechazarlas multiplicando su dimensión.
Eso es lo que ha pasado con la idea lanzada —relanzada, en realidad, que ya hablaron de esto en mayo— el jueves pasado por los populares, consistente en poner un ferial en el entorno del edificio Cide, una propuesta electoral de libro con más complicaciones urbanísticas que las expuestas por el portavoz, Pablo Pérez pero, ese es el problema, que ha aterrado a los socialistas por ser atractiva en el primer bote para el segoviano, ávido de ideas de refresco frente a los mismos proyectos de los que se lleva hablando años e incluso lustros, sin que avancen nunca un sólo milímetro. En el tema que nos ocupa, por ejemplo: ¿Conoce a alguien ilusionado con el proyecto del ferial y el aparcamiento en el centro de transportes?
Así que, en el Gobierno municipal cundió el pánico y lanzaron al locuaz portavoz, Miguel Merino, a “desmontar” la propuesta de Pérez —insisto, electoral, sin posibilidad de prosperar en este periodo municipal— y lo hizo explicando que “la idea ya la tuvimos nosotros” y que allí hay un bloqueo urbanístico muy serio. Eso si, sin mencionar que el problema tiene origen en la gestión de anteriores alcaldes socialistas que liaron y no supieron resolver el megalómano plan del Cat y la especulación urbanística del entorno que le acompañaba desde su mismo nacimiento.
Por cierto, aquella apresurada convocatoria a los periodistas para que Merino contestara a Pérez —justo al día siguiente de haber dejado sin efecto la “sagrada” comparecencia semanal de la alcaldesa o su sustituto eventual para dar cuenta de los acuerdos de la Junta de Gobierno— prometía la presencia del “portavoz del Gobierno”, aunque lo que hizo fue actuar en todo momento como representante del Grupo socialista y, atención, bajo el logo del PSOE, que esta semana ha comenzado a ocupar un lugar bien visible en las ruedas de prensa oficiales convocadas en sede municipal para tratar asuntos municipales. Cierro aquí, para no extenderme, la vertiente de la evidente confusión que hay en la Alcaldía entre lo que son asuntos de partido y donde tratarlos y lo que es la institución municipal, que ya le anuncio que me da para otra tramoya.
Que la actual alcaldesa y única candidata confirmada en este momento para las próximas elecciones, Clara Martín, y su equipo estén a estas alturas dedicando todos sus esfuerzos a intentar desgastar, directamente, al portavoz del PP, Pablo Pérez, que no se sabe aún si será o no el candidato de los populares parece un mundo al revés. Vuelvo a la batallita del abuelo: antes, a estas alturas, el alcalde que quería seguir siéndolo estaría rematando proyectos de mandato y “vendiendo” (explicando, quiero decir) sus logros y las ventajas derivadas para el ciudadano. El problema es que no tiene pinta de que aquí se vaya a rematar nada, sino lo contrario, que todo apunta a que en las próximas semanas asistiremos a la oficialización de que una catarata de proyectos e inversiones, gordos y no tanto, se aplazarán a 2023 y hasta a 2024.
Tampoco es que los populares estén pletóricos, que Pablo Pérez también evidencia el alto grado de nerviosismo del que está esperando al mensajero de su propio partido sin saber si traerá una orden de desalojo del despacho municipal o la confirmación de que su nombre encabezará la lista electoral. Hasta donde he visto de este circo, lo de trabajar “para el partido aunque luego sea otro el candidato” no suele ser ningún aliciente para ningún político. Será eso, tal vez, lo que provoca la sobreactuación y las dosis de demagogia con las que se presenta de vez en cuando en público.
Por otra parte, aunque PSOE y PP tratan de acotar la discusión por los próximos votos a una batalla sólo entre ellos, lo cierto es que desde el PSOE no se olvidan de buscar alguna coletilla crítica dedicada a la liberal, Noemí Otero, quizá porque dan por hecho que tornará a conservadora en las próximas elecciones o porque una vez al mes canta con dureza ante los periodistas las carencias del Gobierno local mientras su compañero, David García Foj —pídame que elija un “político” entre los 25 de la Corporación atendiendo a la coherencia de sus intervenciones— provoca rubores en los rostros de la presidencia del hemiciclo, aunque también tiene para los de otros escaños.
No espere discusiones, al menos públicas, de los socialistas con sus socios, los dos concejales de IU, que hace tiempo que han resuelto no hacerse daño en ninguna circunstancia y ni siquiera con el edil de Podemos que, pese a los incómodos discursos con los que San Juan se descuelga de vez en cuando, sigue primando aquello de que “el bloque de progreso” (¡!) debe de hacer piña frente al peligro de que la derecha pueda desbancarlos a todos. Parece que funcionará hasta el fin.















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