Tras un año en el poder la presencia de Vox en las instituciones, vendida por las izquierdas como un enorme avance del fascio, apenas se notaba en Castilla y León más allá de broncas con las que a base del consabido “tú tonto y tú más” el vicepresidente Juan García-Gallardo trataba de llevar a su partido a cierto nivel mediático. De los consejeros abascalianos ni noticia, parece que tienen prohibido abrir la boca, y no les digo nada de los cuadros locales, a los que si les preguntas de qué signo del zodiaco son te dicen que hables con prensa del partido.
Pero como bien sabe García Gallardo, cualquier minino gracioso en Tiktok tiene más nivel mediático que un debate parlamentario regional, y eso a pesar del empeño de algunos medios, en especial los progubernamentales, de meter ahí los altavoces. A Vox le tocaba mover ficha.
En Vox está la ficha de Cataluña, pero esa la juega la dirección nacional (y con nulo éxito, el PP le ha comido la tostada). Para las regiones queda la cosa de los toros, la ocupación ilegal de vivienda y, si me apuran, los inmigrantes, si bien el relato está cambiando y hoy hasta la gente de Vox reconoce que o vienen inmigrantes o adiós futuro. Vienen inmigrantes porque la juventud no se reproduce… Debió pensar el vice… pues nada, tiremos de la otra bandera que nunca falla: el aborto.
Y ahí sale el hombre para ofertar a las 2.500 castellanas y leonesas que anualmente deciden abortar la posibilidad de obtener una foto 3D del feto y ayuda psicosocial. Algo que probablemente ya se venía ofreciendo. La diferencia sería que ahora el médico lo tiene que ofertar obligatoriamente en el marco de un protocolo de actuación. A lo cual la afectada podrá decir “no, gracias”. Digamos, como de pasada, que esto es muy distinto a torturar a una embarazada (como acabo de escuchar en La SER). Digamos como de pasada que en Castilla y León la mayoría de hospitales públicos no practica abortos, por cuanto protegidos los médicos por su derecho a la objeción, mandan por ejemplo a las segovianas a abortar a Valladolid. Digamos como de pasada también que aquí y ahora hay temas sanitarios con muchísima más repercusión en la salud pública, como todo lo que está pasando en atención primaria. Eso es lo de menos, a los efectos que nos ocupan, da igual. Porque los efectos que ocupan ahora mismo a nuestros políticos es movilizar voto y para lo cual tienen que lanzar mensajes que recuerden al electorado “quiénes son los míos”. Para eso sirven las batallas culturales en un país donde no se vota tanto la gestión como el que “no ganen los otros”
Es obvio que detrás de la medida subyace la intención de persuadir a la madre para que no aborte, como por otro lado resulta coherente con el ideario no ya de Vox, sino también del PP. Pero da igual. El caso es que el tema estalla en una sociedad donde los colectivos feministas y la izquierda están especialmente sensibilizados por la revocación del derecho al aborto en los Estados Unidos, y es así que los medios progubernamentales han salido a cuchillo para recordarnos una vez más que el fascio está a la vuelta de la esquina. Lo cual va de perlas al PSOE, IU y Podemos, que no termina de convencer a los suyos con el actual relato de fenomenal gestión que nos ha salvado de una crisis inflacionaria salvaje, ni tampoco con su papel de amansador de la fiera catalana a golpe de indultos por cambio normativo. Este relato se consume mejor: “véis qué pasa cuando mandan ellos; peligran derechos como el del aborto”.
Y es verdad, porque, en realidad, Vox (y si me apuran el PP) están por una lectura restrictiva de ese derecho. Máximamente en el caso de Vox, aunque dudo que hasta el más antiabortista de ellos pudiera, llegado el caso, ir mucho más allá que García-Gallardo con la cosa de las ecografías 3D (¡que previenen la diabetes¡, dicen que dijo). Menos aún con el Constitucional en puertas -ahora que ya manda Conde Pumpido– de archivar los recursos interpuestos contra la ampliación de la ley de plazos…. ¡hace 12 años!
Al respecto uno opina que no hay derechos absolutos, ni siquiera el de la vida (no faltan en este cínico mundo mil maneras legales de matar a otro, por ejemplo la guerra, donde incluso por hacerlo te ponen medallas). Por otro lado, no parece ni justo ni tolerable encarcelar o penalizar a una mujer porque no quiera seguir con un embarazo que no desea (parece razonable que haya unos plazos para tomar esa decisión). Menos aún cuando son ellas 2.500 al año, solo en Castilla y León. Parece bastante sensato habilitar un cauce seguro donde puedan interrumpir ese embarazo (y a poder ser, sin salir de su ciudad).
Pero lo que uno opina da igual. No va de esto la película. Va de partidos que intentan movilizar electorado recurriendo a comodines ideológicos que sintonizan con determinadas sensibilidades. De un lado y de otro. Cuando más encrespado el panorama, más mercado electoral abarcas, lo cual va muy bien a todos, a pros y a contras, y hasta al PP, que puede seguir dando una imagen de moderación frente a unos y otros.
Es tiempo de elecciones y es normal que afloren debates ideológicos. Lo que no es normal es lo que está pasando con la sanidad en toda España (e insisto en lo de toda España, y si me apuran, en buena parte de Europa). Y lo que es peor, no pregunten qué soluciones tienen al respecto unos y otros. Los políticos están mucho más cómodos con sus postureos ideológicos. Por que ese ese el quid del caso, los políticos (y ellos lo saben) son seres simbólicos con una escasa capacidad de resolución de los problemas reales. Y cuanta más capacidad se arrogan menos tienen en verdad. Como le ocurre a García-Gallardo, consejero sin cartera. Por eso necesitan posicionarnos en debates ideológicos, para seguir manteniendo adeptos a sus respectivas marcas.














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