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Cartelera Segovia: 1917

Todos conocemos la macabra historia de los campos de concentración nazis, pero el matadero humano más escalofriante que se recuerda fue la Primera Guerra Mundial. Entre 1914 y 1918 cayeron 10 millones de soldados, a los que hay que añadir 20 millones de heridos, cientos de miles de ellos con bárbaras mutilaciones, y unos siete millones de civiles exterminados (especialmente en Rusia y los Balcanes). Todo gracias al nacionalismo, verdadero retrete ideológico que, increíblemente un siglo después, sigue coleando.

La expresión “matadero humano”, sin embargo, cobra sentido aplicado al Frente Occidental. La llamada “guerra de las trincheras“. Un espacio cargado de mugre, ratas, tripas y trigales de alambradas donde lo único que germina son cuerpos en descomposición.  Escenario poco frecuentado por el cine bélico, y se entiende. De entre las excepciones, destacaría Deathwatch (2002), que trasciende lo bélico para adentrarnos en el terror, y realmente es película no apta para cardíacos. Y poco más. Senderos de Gloria, La gran ilusión, Johnny cogió su fusil, más que películas de guerra, son grandes reflexiones pacifistas sobre la guerra (y Caballo de batalla, de Spielberg, una aberrante falta de respeto a los muertos, dicho sea de paso). Naturalmente está Lawrence de Arabia, pero eso es harina de otro costal, por más que se contextualice en la IGM.

Por tanto considero que 1917 de Sam Mendes, junto con Sin novedad en el frente (Lewis Milestone 1930), es la gran película sobre la guerra de las trincheras. Dos horas de tensión a partir de una misión suicida encomendada a dos cabos tommies (apodo de la infantería inglesa). Deben cruzar la tierra de nadie, pasar las filas alemanas, y avisar a un batallón que detenga una ofensiva.  Realmente es un descenso a los infiernos en el que curiosamente no hay (pero se intuyen) especiales tiroteos, ni cañoneos, ni los habituales cuadros épicos. Hay apenas tres homicidios, dos de ellos no se ven, y uno filmado en la oscuridad. ¿Para qué mas? Toda la burrada de la guerra se nos aparece en el tránsito de los dos desdichados cabos. Desde su traslado de la segunda a la primera línea, entrando y saliendo de blocaos y parapetos,  el cruce de la tierra de nadie con sus cráteres y laberintos. La terrorífica incursión por una trinchera alemana, y el paso por una aldea fantasma hasta el bosque donde, en teoría, aguarda el batallón condenado a muerte. A destacar el onírico cruce de un pueblo en ruinas a la luz de las bengalas, uno de los planos más terribles y a la vez bellos que he visto en el cine.

¿Cómo consigue Mendes, pues, dejarnos anonadados? Pues con un rodaje original, hiperminucioso en los detalles, y cargado de talento que nos proyecta toda la tensión de la desesperada situación desde la vivencia subjetiva de los protagonistas. Un único plano secuencia tan bien hecho que por sí mismo vale la pena pagar la entrada y que deja los sensacionales travellings de Senderos de gloria en un encarguito de becario. El objetivo de meternos en la mente de los soldados se consigue tan inmejorablemente que, en un momento dado, uno de los cabos se hiere la mano con la alambrada y te duele a ti. No pregunten cómo (cuando la publicidad se jactaba de eso yo no me lo creía, pero así es) y vayan a verla sin más. Eso sí, estómagos delicados abstenerse.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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