Gonzalo Vázquez, segoviano, es licenciado en Ciencias Políticas, Sociología e Historia del Arte. Ha trabajado en Comunicación en el Gobierno y el Congreso y actualmente en la empresa privada. Es también profesor de Comunicación Política en diferentes universidades.”Verdades inventadas” es el nombre de esta nueva sección con la que inauguramos el curso, una novedad a la que esperamos seguir sumando voces en el empeño de trasladar una visión plural del presente. Bienvenido a Acueducto2.
Este verano que acaba nos deja tres historias que ejemplifican las malas consecuencias de quienes relajan la tentación de abusar. Una cosa es el lugar común de desconectar de la rutina y otra, desconectar de la ética. Aunque sea agosto, los informativos duran lo mismo que en marzo y, aunque se esté fuera de España, al lado hay alguien con un móvil que se cree Kapuscinski. No te libras del juicio de telediario.
Una tarde del 2 de agosto recibimos la noticia de que un hijo de un actor había descuartizado a un cirujano colombiano en Tailandia. Cuando vimos las fotos del asesino confeso, el efecto halo, ese que dice que si alguien es guapo tiene que ser bueno, convirtió el crimen abominable en “abdominable” y al verdugo en víctima. A pesar de la distancia, se huele desde aquí el sesgo estético del episodio. El del asesino y el de la prensa, que orilló a la víctima a un papel secundario. A un sanchito contra un panchito. La sociedad admite que los que están buenos sean malos. Abuso de guapos.
Otro Rubiales, salvando las distancias, se dejó llevar en pleno subidón de la final del Mundial. Después del mayor éxito del fútbol femenino entró en una espiral de torpeza y gañanismo como un jabalí en un laboratorio. Desde las antípodas se veía el sesgo sexista, que no sexual, del comportamiento del personaje, que encaja perfectamente como líder del machismo estructural del fútbol. Los del deporte del Gobierno, que no parece que lo practiquen, lo dejaron caer porque son conscientes de lo imparable del movimiento y del simbolismo del momento (aunque Jenni no sea Rosa Parks). Rubiales todavía no sabe ni qué le ha atropellado y lo que es peor, no sabe el porqué. Aspira a pasearse por Europa como Woody Allen, pero como con resaca de fentanilo y testosterona. Abuso de chulos.
Europa es el bendito santuario de las minorías, incluso de aquellas que no cumplen las reglas de las mayorías. Por eso, Puigdemont empieza a sentir que el exilio es el verdadero hogar del abusón. Una carambola electoral le saca de su rincón del Waterloo. Junts es la cuarta fuerza, no de España, sino de Cataluña y la necesidad de su puñado de votos hacen que ponga condiciones abusivas en nombre del pueblo catalán y del progresismo, a pesar de no creer en la igualdad ni en la redistribución. No piden que perdonemos, sino que olvidemos (amnistía y amnesia vienen de la raíz del olvido). Se oye desde aquí su sesgo clasista. Detrás de su flequillo está el convencimiento medieval de que los territorios tienen más derechos que las personas. Qué no es lo mismo nacer en Girona que en Segovia. Abuso de oportunistas. Recibiendo en batín a sus acreedores. A los progresistas se les está haciendo cara y larga esta cola de espera y están pensando si el electorado premiaría a quien planta cara a un abusón o si podrían entretenerles mientras se gobierna. El PP, entretanto, se va, pero se queda. Se pone digno y se sale de la fila, pero manda a dos almas por si acaso. Una, a gritar va la calle y otra a negociar en un despacho. Una nueva escena de “ni contigo ni sin ti”, que ya inició con Vox convirtiendo las líneas en alfombras rojas.
Por Dios, nadie pretende comparar un asesinato con un abuso o una desobediencia, todo presunto, y con el debido respeto hasta que se demuestre que merecen lo contario al respeto, pero hay un momento en que todos ellos, delante de la línea roja, deciden saltarla; deciden que su opinión es mejor; deciden ir adelante con ese golpe, ese beso o esa declaración; deciden que no tiene que pedir perdón y que se lo pidan a ellos y que las costumbres de los demás es lo de menos y uno piensa en qué maletero infantil han huido para pensar que se puede actuar así y engañar y “aturrar” a tanta gente tanto tiempo. Piensa en qué tipo de palos han recibido para clavarse como astillas en las vivencias y convivencias ajenas.












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