Tiene pinta de tontorrón, rechoncho y regordete y se asemeja a esos tipos que han perdido el último euro en la tragaperras mientras, sentado en el pretil, sujeta con la herramienta original que usaban los romanos para elevar las piedras el último sillar que nunca colocó tras construirse todo un Acueducto en una noche a la búsqueda del alma de una moza de la tierra. El toque de modernidad lo tiene en la otra mano, que lleva un móvil con el que se hace un selfi con el monumento de su perdición al fondo, en una invitación a que los turistas se metan en el cuadro, que a fin de cuentas, es un reclamo turístico.
El Ayuntamiento de Segovia ha presentado este 10 de enero la imagen del diablillo de la cuesta de San Juan —en realidad ha facilitado dos fotomontajes— obra del artista local, José Antonio Abella que pretende instalar en breve en la ubicación elegida, junto a la curva. Bueno, eso si los tribunales no dicen lo contrario, que la asociación San Miguel y San Frutos ha instado al Juzgado a que paralice el acuerdo de la Junta de Gobierno Local que autorizó la adquisición de la obra y su instalación. Ni que decir tiene que el Gobierno local se opondrá a tal medida argumentando que sus decisiones son soberanas y se han tomado en un organismo del Gobierno municipal.
Como sea, la estatuilla ya es pública. Se trata de una escultura en bronce, de 1.70 de altura asentada en una piedra de 60x60x40 centímetros y está “concebida para que forme parte de la ciudad como un detalle más que enriquezca su imagen, al igual que lo son la Sirenita de Copenhague, el Manneken Pis de Bruselas y el simpático Teufes (demonio) de Lübeck”, dice el Ayuntamiento en su comunicación oficial.














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