Es una situación frecuente en casas tradicionales y viviendas unifamiliares, donde cocina, salón, dormitorios y baños se reparten entre varias alturas, que el dormitorio se encuentre en una segunda planta. La edad puede traer pérdida de fuerza o equilibrio, mientras que problemas como la artrosis añaden dolor a determinados movimientos, obligando a realizar esfuerzos excesivos y costosos al subir a esta segunda planta.
Es común tratar de disminuir el número de veces que se sube a otra planta, esperar a un familiar para hacerlo en compañía, trasladar la habitación y las cosas más necesarias a una primera planta… Sin embargo, la instalación de las sillas salvaescaleras permite recorrer una escalera sentado, de manera que el usuario puede seguir manteniendo el orden habitual en su vivienda y subir y bajar cómodamente sentado y sin esfuerzo alguno… Además, se fabrican para los más variados tipos de trazado. En concreto, TKE Home Solutions en España es una de las empresas especializadas en este tipo de soluciones de accesibilidad doméstica.
Cuando la casa obliga a cambiar las costumbres
Como cabe suponer, las dificultades suelen aparecer de manera gradual, como dejar la ropa, medicamentos y objetos personales en lugares cercanos para ahorrar viajes. Son cambios pequeños, aunque revelan hasta qué punto la movilidad empieza a organizar la rutina.
También conviene fijarse en otros detalles:
- agarrarse a muebles o paredes al caminar;
- bajar los escalones colocando ambos pies en cada peldaño;
- evitar la escalera cuando se está solo;
- dejar de utilizar habitaciones de otra planta;
- sentir miedo o inseguridad al subir o bajar.
Estas señales permiten detectar el problema antes de que la persona termine renunciando a una zona de su propia vivienda.
A veces bastan cambios sencillos
Adaptar una vivienda tampoco implica necesariamente meterse en obras. Una iluminación más potente en la escalera ayuda a distinguir los peldaños; retirar alfombras que se desplazan elimina puntos de tropiezo; un segundo pasamanos aporta apoyo y las superficies antideslizantes pueden mejorar la seguridad. Pequeñas modificaciones bien escogidas facilitan bastante los recorridos cotidianos.
Otra posibilidad es reorganizar las habitaciones. Si existe espacio suficiente en la planta baja, trasladar allí el dormitorio puede funcionar en determinados hogares. En otros resulta poco práctico porque el baño continúa arriba, falta espacio o la distribución de la casa apenas permite cambios.
Así mismo, conviene estudiarse ayudas técnicas para superar desniveles. Antes de escoger una conviene revisar la forma y anchura de la escalera, los rellanos, las capacidades de la persona que va a utilizarla y sus posibles necesidades futuras. La misma solución no sirve para todas las viviendas ni para todas las personas.
Una cuestión de autonomía cotidiana
Para una persona que lleva veinte, treinta o cincuenta años viviendo en el mismo lugar, mudarse supone bastante más que cambiar de dirección. Allí están sus cosas, sus vecinos, sus costumbres y una forma de organizar el día construida durante años.
Por eso, cuando aparecen problemas de movilidad, resulta útil observar qué está ocurriendo antes de tomar decisiones mayores. Si alguien ha dejado de subir a una habitación, necesita ayuda para utilizar la escalera o programa sus desplazamientos para hacerlos una sola vez, la vivienda ya está imponiendo límites.
Detectarlos a tiempo permite buscar una adaptación proporcionada al problema. El objetivo es que ir al dormitorio, bajar a la cocina o moverse por casa vuelva a ser una parte normal del día y no una tarea que haya que pensar dos veces.














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