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La democracia exige ejercer la responsabilidad política

Las elecciones andaluzas celebradas el pasado fin de semana han dejado una doble lectura. Por un lado, han modificado el equilibrio político de la comunidad; por otro, han confirmado una vez más el deterioro electoral del PSOE en uno de sus feudos históricos.

Los resultados de las elecciones andaluzas constituyen para el PSOE un reflejo significativo del estado de ánimo de una parte importante de la ciudadanía ante una acción de gobierno cada vez más personalista y alejada del interés general. La campaña fue diseñada desde La Moncloa de forma tácita como un plebiscito sobre Pedro Sánchez, subordinando los intereses específicos de Andalucía a una estrategia nacional centrada en la figura del presidente del Gobierno. Los resultados son suficientemente elocuentes.

La candidata socialista, en su doble condición de aspirante a la Presidencia de la Junta y vicesecretaria general del PSOE, ha representado durante esta campaña una manera de entender la política como un instrumento al servicio de la conservación del poder, sustentada en un relato cada vez más frágil y desconectado de la realidad social. A ello han contribuido también varios ministros y un expresidente del Gobierno cuya presencia pública se encuentra hoy condicionada por sospechas e investigaciones que proyectan una sombra sobre el conjunto del proyecto socialista y que, pese a ello, ha participado activamente en las últimas campañas.

Sorprende la adhesión que todavía mantienen muchos militantes al proyecto personal impulsado por Pedro Sánchez. Su actitud y lealtad son dignas de respeto, pero parece cada vez más alejada de la percepción que tiene una parte creciente de la ciudadanía. La cuestión de fondo en estas elecciones no era únicamente si el PP alcanzaba o no la mayoría absoluta, sino si se recuperaba una concepción de la política basada en el interés general, el respeto institucional y el sentido de Estado.

Durante esta legislatura se ha consolidado una forma de gobernar sustentada en la construcción permanente de bloques enfrentados, en la lógica de los muros y en una estrategia de polarización que ha erosionado los consensos básicos que hicieron posible la Transición democrática. A ello se suma una evidente incapacidad para articular mayorías estables que permitan afrontar los grandes desafíos nacionales. No es un hecho menor que el Gobierno haya sido incapaz de aprobar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado, recurriendo de manera continuada a mecanismos excepcionales para sostener su acción de gobierno.

Además, bajo el liderazgo de su actual secretario general, el PSOE ha experimentado una profunda transformación ideológica que lo ha alejado de algunas de las señas de identidad tradicionales de la socialdemocracia europea. La creciente dependencia de fuerzas soberanistas e independentistas, la aceptación de privilegios territoriales difícilmente compatibles con el principio de igualdad entre españoles, la amnistía a los responsables del proceso independentista catalán o el avance hacia modelos de financiación asimétrica han contribuido a debilitar la percepción de cohesión nacional y de equidad institucional.

A ello se añade ahora el nuevo proyecto federalista planteado estos días por quien fuera jefe de gabinete del presidente del Gobierno, respaldado con entusiasmo por dirigentes de ERC y por destacados referentes de la izquierda alternativa. Todo ello parece configurar una nueva etapa política cuyo objetivo prioritario continúa siendo la preservación de las actuales mayorías parlamentarias.

Estas decisiones pueden resultar eficaces para conservar el poder, pero tienen un elevado coste político y moral para un partido que desempeñó un papel esencial en la construcción democrática de España. La lealtad a un proyecto político no consiste en justificar cualquier decisión de sus dirigentes, sino en preservar los principios que le dieron sentido, legitimidad y vocación de servicio público. El PSOE corre hoy el riesgo cierto de seguir la misma senda que llevó al ostracismo político a otras formaciones socialdemócratas.

Cuando concurren una crisis de confianza institucional, una sucesión de derrotas electorales, la incapacidad para construir consensos estables, la erosión de la credibilidad del Gobierno y un creciente cuestionamiento ético derivado de los presuntos casos de corrupción que afectan a personas que han ocupado puestos de máxima responsabilidad en el partido y en el Gobierno, la responsabilidad política deja de ser una cuestión teórica para convertirse en una exigencia democrática. Los casos que han afectado a antiguos colaboradores de máxima confianza del presidente del Gobierno y las informaciones conocidas estos días en torno al denominado ‘caso Zapatero‘ han intensificado ese debate público. La respuesta no puede limitarse a resistir. La democracia exige algo más que la mera supervivencia parlamentaria

La verdadera fortaleza de un dirigente no consiste en aferrarse al poder hasta el último momento, sino en saber devolver la palabra a los ciudadanos cuando las circunstancias políticas así lo aconsejan. Esa es, precisamente, la esencia de la responsabilidad política en las democracias parlamentarias avanzadas.

Por ello, la salida más coherente con los principios democráticos y con la necesidad de restaurar la confianza institucional pasa por la disolución de las Cortes Generales y la convocatoria de elecciones generales. No como un gesto partidista ni como una concesión a la oposición, sino como un acto de responsabilidad democrática que permita a los ciudadanos pronunciarse sobre el rumbo político del país y otorgar un nuevo mandato a quien consideren más adecuado para gobernar España.

Porque la legitimidad parlamentaria no puede confundirse indefinidamente con la legitimidad política. Cuando se debilita la confianza ciudadana, cuando se acumulan las derrotas electorales y cuando las instituciones quedan atrapadas en una dinámica de polarización permanente, la democracia dispone de un mecanismo sencillo y profundamente legítimo: devolver la palabra a los ciudadanos. Esa es la esencia de la responsabilidad política y la mejor manera de fortalecer nuestras instituciones democráticas.

Author: Juan Luis Gordo

Juan Luis Gordo. Segoviano de izquierdas, autónomo y polifacético

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16 Comments

  1. La deriva antidemocrática del Psoe es total y evidente. La corrupción y la delincuencia instalada entre sus dirigentes, también. ¿Los culpables? Sus votantes, que les parece genial.

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  2. Cómo no se convoquen elecciones antes del verano, el PSOE acabará desintegrado en las cloacas.
    Gracias al autor del artículo por su reflexión sensata y equilibrada con la que está cayendo.

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    • Muy atinadas todas sus reflexiones. En un estado democrático no sé puede funcionar contra viento y marea desde un culto a la personalidad más propio de las dictaduras, que no admite la disidencia ni la autocrítica, y cuyo único objetivo parece ser mantenerse en el poder a cualquier precio; en este caso con un alto costo para el partido y para toda la sociedad cada vez más dividida.

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  3. Tiene razón, don Juan Luis, pero no estamos en una situación política “normal”, no tanto por los casos de corrupción y la deriva del PSOE, sino porque, al final, el único objetivo es que Sánchez permanezca en el poder a toda costa para utilizar todos los resortes del Estado en su defensa personal (incluyendo su familia). Lo demás es comprensible, dice que no entiende el apoyo de los militantes, que se dividen en dos: los que ocupan cargos, por un evidente interés (¿adónde iría Aceves, por ejemplo, con lo que le pagan por aplaudir a manos llenas a Ábalos, Sánchez y a quien sea de los suyos?), y los que piensan que en una democracia no puede gobernar la derecha, fenómeno generalizado por ese guerracivilismo atizado desde el nefasto Zapatero hasta nuestros días. Por esa razón la corrupción generalizada apenas se nota en la intención de voto en las generales (¿a cuánto bajó el PP con Casado?), aunque se ve lo que ha ocurrido en las cuatro autonómicas recientes. No hay remedio, tenemos una democracia bastante mejorable.

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  4. Leo en la prensa de Segovia que Clara Martín, la portavoz municipal del PSOE y miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE, cierra la boca sobre la imputación de Zapatero. Me parece lamentable. Los segovianos queremos saber qué opina, sobre todo por ser miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE. Insisto: lamentable y vergonzoso.

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  5. En España nunca ha habido democracia por más que lo repitáis una y otra vez.

    Estado de Partidos, o partidocracia. Las cosas por su nombre y sin engaños.

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    • Mi enhorabuena si le pagan ( no lo sé ) por estos artículos que apestan a IA.

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      • Excelente artículo señor Gordo. Como casi siempre.

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  6. Ábalos y Cerdán, secretarios de Organización del Psoe, su mujer, Begoña Gómez, su hermano, David Sánchez, Zapatero su maquiavélico asesor, y los q venga. Todos ellos bajo sé auspicio directo. A qué espera el
    Presidente del Gobierno para asumir su responsabilidad. Se le tenía que caer la cara de vergüenza, más cuando Zapatero nos ha dado clases de moral de forma continua. Los que tradicionalmente hemos votado al Psoe sentimos un enorme pesar, y nos sentimos engañados. Sánchez se tiene que ir por dignidad democrática.

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    • De acuerdo con el autor y con varios puntos del análisis. Nos preguntamos cómo se entiende que haya aún tantos votantes a las listas del PSOE? Una entre otras explicaciones pudiera ser por la desconfianza que sienten hacia el partido condenado por financiacion ilegal, por el caso Gurtel, caso Rato, caso Montoro, caso Kitchen, etc. Aquí habría que buscar los motivos

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      • En breve condenan a los chorizos de la Psoe. Ja, ja, ja

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  7. Son tiempos complejos para militar en el PSOE, aún así es más preciso que nunca no abandonar el barco, tener presente el ideario socialdemócrata y recuperar la hoja de ruta

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    • Si se hubiera casado con un putero o una pareja que le pegara, seguiría sin abandonarlo? No se porqué esa fidelidad con cualquier político que además sólo piensan en su bienestar personal. Y si se mantiene su ideología de siempre, probablemente no tenga que ver con este partido salvo en las siglas.
      Que Aceves y Oscar Puente sigan ladrando, lo entiendo, pero yo no les seguiré. Necesitamos el Psoe, pero no lo que es ahora.

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  8. El tiempo y las circunstancias te están dando la razón
    De abandonar al partido con estos dirigentes al frente. Ahora si es el momento de hacer todo lo posible por unas nuevas elecciones.

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  9. Sánchez seguirá en el poder y será presidente en las roximas elecciones gracias al apoyo de los partidos nacionalistas que están haciendo y harán su gran negocio apoyando a Sánchez a cambio de beneficios prebendas competencias ( Cataluña ya pide la hacienda e impuestos catalanes, osea independencia de facto) en contra de regiones pobres como castilla…los siervos arrodillados como clarita y Aceves también sostienen al gobierno de corrupción ,.el paraito Aceves desvía la atención hablando de vivienda..donde están las que prometieron hace varios años??..

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  10. Un artículo muy acertado y, en tu caso, entiendo que nada fácil de escribir. Un abrazo.

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