En un artículo anterior planteaba la obligación primordial que tiene nuestro Ayuntamiento de mantener el prestigio de haber sido declarada Segovia, Ciudad Patrimonio Mundial. Y para ello no basta con proteger sus principales monumentos sino que hay que conseguir que sea una ciudad viva, habitada fundamentalmente por personas de cualquier clase, que aprecien sus valores y que los defiendan de quienes solo buscan un escenario de explotación económica sin cortapisas.
Está muy bien que el turismo y la universidad hayan elegido Segovia para sus actividades. Pero no es deseable para el conjunto de su población que turistas aborregados y estudiantes de élite impongan una forma de vida que acaba expulsando al resto de sus habitantes, tanto por el encarecimiento de la vivienda que provocan, como por la difícil convivencia con quienes no aceptan normas de buena vecindad y respeto hacia los demás. No es algo que tenga una solución mágica ni fácil pero es muy grave que, para empezar, el Ayuntamiento haga la vista gorda sobre cuestiones que son sencillamente de legalidad, o que inciden directamente en la convivencia ciudadana pacífica.
¿Cómo es posible que el Ayuntamiento no haga nada ante la proliferación de pisos turísticos, ilegales, en la ciudad, con los perjuicios que eso causa a quienes respetan la legalidad y al vecindario que se ve afectado por esa actividad clandestina? Debe de ser por aplicación de ese concepto de liberalismo a la madrileña por el que quien sea más caradura que haga lo que quiera y a mí que no me molesten.
Otro tanto ocurre con los pisos ocupados por estudiantes de alto nivel económico que, aparte de provocar enormes aumentos de los precios de los alquileres, haciéndolos inasequibles a las familias que tradicionalmente los habitaban, ocasionan con demasiada frecuencia graves molestias a sus vecinos por los ruidos que producen en sus reuniones de ocio dentro de los horarios normales de descanso. Desgraciadamente todavía se encuentra uno con la clásica respuesta de: “usted no sabe quién es mi padre”, por parte de algún niñato malcriado al que se le recrimina sus acciones incívicas. Creo que lo más eficaz para evitar estas situaciones sería una actuación coordinada de Ayuntamiento y Universidad, para controlar a quienes no respeten las normas de convivencia elementales y que, además, desprestigian a ambas instituciones…
Sin duda, tanto el turismo como la Universidad, aportan importantes beneficios económicos a la ciudad: son muchos los edificios que se están rehabilitando en los últimos tiempos con la expectativa de dedicarlos al alquiler estacional estudiantil, o al turístico. Pero, si se quiere que Segovia y especialmente su casco histórico sean una ciudad vividera y no un parque temático, de elites estudiantiles, las administraciones y sobre todo su Ayuntamiento deberán intervenir en el mercado de la vivienda para facilitar el asentamiento de una población estable.
Hace muchas décadas que Segovia acoge estudiantes extranjeros, pero antiguamente había una integración de estos, muy positiva, en la sociedad segoviana, viviendo con familias de la ciudad y relacionándose con los segovianos. Se producía un trasvase de conocimientos culturales y se establecían lazos perdurables entre ellos. Naturalmente, nada que ver con el actual negocio de las universidades privadas con tufillo clasista y distante, que, a pesar de todo, hay que aprovechar, siempre que repercutan positivamente en la economía de la ciudad, pero cuya actividad está obligada a controlar a la Administración publica para evitar los efectos negativos para nuestra sociedad que se están dando actualmente.













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