Estamos acostumbrados a contemplar como el presidente del PP, sin que se le mueva un musculo de la cara, como el mejor tahúr del Mississippi, largue sus mentiras evidentes mientras sus acólitos asienten, sin el menor pudor, y se desahogan con toda clase de insultos hacia Sánchez y su gobierno, pero el espectáculo que han montado con motivo de la tragedia de la región valenciana, supera todos los limites.
Es increíble que, ante una actuación tan nefasta e irresponsable del President de la Generalitat, representante de su propio partido, solo se les ocurra lanzarse a culpabilizar del desastre a todo lo que dependa del Gobierno central, desde el Presidente al último funcionario de la Confederación Hidrográfica del Júcar: cualquiera menos el manifiestamente inepto y frívolo Mazón.
Cualquiera que haya visto en televisión a Sánchez poniendo, como es lógico, a disposición de la Generalitat, a quien corresponde en primera instancia la toma de decisiones, todos los medios que necesiten, podrá constatar el cinismo de Feijóo intentando tergiversarlo como si esto fuera una exigencia de solicitud previa. Y no es que Feijóo lo interprete realmente así, que no es tan torpe, sino que, simplemente quiere utilizarlo contra el Presidente ante pardillos desinformados o sectarios de su cuerda.
Es evidente que una riada de este calibre, llegado a ese punto de desarrollo de la Dana, no hay quien la pare, pero existen medios, para evitar, sobre todo, la gran pérdida de vidas humanas que se ha producido en este caso. Hace falta ser tan desvergonzadamente cínicos como la siempre sobreexcitada Cuqui Gamarra o el predicador inquisitorial Tellado, para intentar cargar sobre la conciencia de Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica estas muertes cuando saben perfectamente, porque, como digo, son malos pero no son tan necios, que lo que hubiera salvado muchas vidas hubiera sido la difusión eficiente de una alarma para evacuar con antelacion los lugares de mayor riesgo de ahogamiento.
Pero desgraciadamente ni el máximo responsable, Mazón, no estaba en su sitio y su Vicepresidenta no sabía qué hacer en un caso como este. No me gustaría estar en su lugar, ni por sus conciencias, ni por sus responsabilidades, incluso penales. Porque Mazón estaba de comida íntima con una periodista, ajeno a cualquier responsabilidad sobre la gestión de la catástrofe y su Vicepresidenta demostró ser un cero a la izquierda, sobrada de arrogancia, eso sí. Al revés que en la canción de Peret, Mazón estaba tomando cañas pero ahora sí que está muerto políticamente, a pesar de los esfuerzos de Feijoo para exculparle.
Y en lugar de exigir responsabilidades a sus súbditos, Feijóo, en su línea, da el salto a Europa, donde les esperan otras dos hidras populares, el sonriente González Pons y la frustrada Dolors Montserrat, intentando obstaculizar el nombramiento de Teresa Ribera como vicepresidenta de la Comisión Europea, para exculparles. Todo un ejemplo de sentido de Estado y patriotismo y un nuevo revolcón para el pretendiente a gobernar España.
Para colmo de cinismo, ahora se presta a presentar una moción de censura contra Sánchez con el apoyo de esos grupos políticos a los que el denosta cuando dan sus votos al Gobierno, como acaba de ocurrir con la recién aprobada reforma fiscal, en un ejemplo más de cómo se puede avanzar legislativamente, a pesar de las muchas dificultades de gobernar en minoría, cuando se trabaja con ahínco para conseguir un Estado más fuerte e igualitario que pueda responder ante situaciones catastróficas como la que estamos viviendo, o las que hemos vivido con la pandemia o el volcán de La Palma.













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