El socialismo normativo sería algo así como un modelo obligatorio que supondría una limitación de gobernar o pactar con independentistas por su incompatibilidad con los principios esenciales de igualdad y solidaridad. Estas percepciones se han interiorizado hasta asumirlas como naturales por izquierda y derecha, entre otras, la igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades. Para el nacido en Pozuelo de Alarcón o en un pozo de Alcorcón. No es un hombre más que otro si no hace más que otro.
El socialismo normativo de 2016 le dijo a Pedro Sánchez que, después de dos elecciones, era preferible abstenerse para que gobernara el PP que intentar formar gobierno con los independentistas y cuando volvió del exilio se declaró no normativo asegurando que lo que fuera el PSOE lo decidiría el PSOE. Las circunstancias posteriores hicieron que ambos se bloquearan y se cancelaran.
Los manuales clásicos de comunicación política atribuían a la izquierda valores cercanos al rol femenino normativo. La izquierda que protege, que cuida y que dialoga. La madre comprensiva que perdona. La derecha, por su parte, recoge el simbolismo del padre autoritario, que pone las reglas y castiga y premia de forma justa. Papá trae el dinero y Mamá lo reparte. La sociedad líquida, las feministas y Mari Trini inundaron los manuales y aunque Bertín o Abascal los pusieran a la orilla de la chimenea ya estaban irreconocibles. Sánchez ha sabido construirse una isla resistente entre los restos del naufragio.
Mamá ya no escucha a Papá. Solo se escucha: te has ido con un indepe. Y tú con un machista. Y han abierto una zanja entre ellos por la que se les caen los hijos no binarios. Y los inocentes sufren. Porque dos de cada tres españoles les votan y porque un estudio de big data dice que la compatibilidad del programa del PSOE y el PP es de 71% de afinidad y la del PSOE con Junts es de un 57%. Qué bonito es acordar con cualquiera menos contigo.
La madurez de una persona se mide por la capacidad que tiene de dejar de ser protagonista. El verdadero gran hombre siempre está dispuesto a ser pequeño. Sánchez pudo hacerlo, Feijóo pudo hacerlo, pero prefirieron apostar por sus fantasías, sabiendo que era una relación de mentira. No incluyo aquí ni a Puigdemont ni a Abascal porque nunca dejaron de pensar en nadie que no fueran ellos mismos.
Y los hijos no binarios van pasando del ¿qué voy a hacer? al ¿qué le voy a hacer? La verdad desagradable asoma. La desconfianza inquieta pero lo que desespera es el silencio. Porque la confianza del inocente es la herramienta más útil del defraudador. Porque el inocente oye gritos y silencio en lugar de respuestas. No habrá reacciones desesperadas de los no binarios, solo desesperanza. Solo desconfianza. Y después desafección. Nunca fue al revés. Generaron artificialmente un espacio de desconexión tan amplio para que el “no” se encontrara cómodo.
Soy un hombre de la izquierda tradicional y normativa. Y, por tanto, jacobino y feminista y aunque la experiencia me dice que las cosas que mejoran son solo las que han sido elegidas libremente, mantengo la esperanza de equivocarme. Aunque la experiencia me dice que solo merece la pena hacer de la virtud, necesidad, mantengo la esperanza de que un gobierno de izquierda normativa merezca una investidura no normativa.














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