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Sánchez y la teoría de la verdad (rectificada)

Me fascina Pedro Sánchez. No se dejen engañar, tras su apuesta presencia habita una bestia parda de la supervivencia política. En eso es un fenómeno. De manera que compareciendo en territorio hostil -Onda Cero, especialmente El Hormiguero, o no tan hostil (Lo de Evolé)-se ha convertido en el verdadero eje de la campaña electoral. Ha barrido de las portadas a sus rivales dejando su mensaje incluso en los bancos de las parroquias con menos devotos, que es dónde interesa. Ganará o perderá, pero no se le puede negar un instinto político comparable a Suárez o González. Su balance político, por otro lado, pues será el que será. No muy allá, me temo, pero por reconocerle algo ha sabido manejar bien la política económica o lo de Cataluña. Mal muchas otras, pero Economía y Cataluña no es poca cosa. Yo pensaría seriamente en votarle.

Y eso, o precisamente por eso, que a menudo sale en él el político cínico, trinca el poder y corre. “¿Mentir?, ¿Qué es mentir?”, le espetaba a Pablo Motos cuando el showman le repasaba una larga cadena de donde dije digo digo Diego. Brutal. Momentazo. Recuerda al chiste del filósofo al que pilla su mujer en la cama con otra señora. “¡Cielos, me estás engañando en nuestra cama!”A lo que el filósofo responde “¿Qué quieres decir con nuestra cama?”

Distingue, y hace bien, el filósofo Sánchez entre mentir y rectificar. Él no mintió, él simplemente supo rectificar.  Quiere decirse que él -Sánchez- dijo de A que no es A, o sea que mintió, pero no deliberadamente. Simplemente estaba equivocado. O ni eso. Mejor todavía, los acontecimientos siempre mudables de las cosas del mundo, dejaron obsoleta aquella afirmación inicial, la trascendieron, de manera que él en su genial visión de 360 grados, supo ver y redirigir el rumbo de la nave.

De manera que cuando él prometió que no indultaría a los cabecillas del procés (por poner uno de mil ejemplos), creía sinceramente que no haría falta indultarles. Luego las circunstancias cambiaron e hicieron aconsejable el indulto. ¡No había cálculo alguno en la afirmación inicial! ¡Qué va!

Curioso, sin embargo, que esa afirmación rectificada fuera tan oportuna en su momento. Es más, si se fijan, todas las reculadas de Sánchez lo son sobre promesas y afirmaciones que a priori resultaban muy oportunas y en consecuencia, políticamente rentables. Que no enviaría tropas a Irak, que no pactaría con Podemos… No prometió -para luego enmendarse- que subiría mucho los impuestos para luego bajarlos o la jornada laboral de 50 horas a la semana para luego dejarlo en 30, no. Promete lo bonito, y rectifica, cuando lo bonito -¡ohhh!- no puede hacerse realidad.

Y en el fondo estoy por pensar que hasta se lo cree, pues la experiencia me dice que realmente las mejores mentiras -rectificaciones, perdón- son las que uno se cree. Ahora, que tú creas en tus mentiras no deja de convertirlas en eso: mentiras. Cuando tú crees en una mentira que finalmente se demuestra como tal, entonces has engañado, y el resultado es que debes revisar tus creencias. Y cuando uno revisa tanto da la imagen de que, realmente, sus creencias son un bluf.

¿Saben qué? Da igual. La política moderna no va de filosofía del lenguaje. Va de arrinconar al rival imponiendo tu relato y borrando el suyo. Y eso Sánchez lo ha conseguido a lo grande una vez más. Y antes de que Sánchez insinúe que este pobre diablo juntaletras es un adláter de la gran banca, Lucifer, los homófobos y el narco petróleo, me apresuro a confesar aquí delante de todo el mundo: Oh Sánchez yo te voy a votar, lo juro (aunque lo mismo rectifico).

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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