Clara Luquero, ha lamentado el reparto de las subvenciones regionales para actividades culturales de la región que se han traducido en una drástica reducción de las aportaciones al festival de títeres, Titirimundi, y al Hay Festival. Estos acontecimientos recibían 100.000 y 60.000 euros anuales, respectivamente, y ahora tendrán 14.752 cada uno, una decisión que ha hecho que se manifieste “indignada y preocupada”.
La regidora tiene claro que el estrangulamiento económico obedece a una estrategia del Gobierno regional decidido, cree, a “diluir la importancia” de los principales festivales internacionales de Segovia, algo que, según su criterio, seguiría una táctica establecida como la de forzar que actividades de los festivales segovianos se celebren en otros puntos de la región “para que no se identifiquen íntegramente con nuestra ciudad”, o la de crear otros festivales que “hagan sombra a los nuestros” haciéndoles competencia directa. Se refería en este caso al recién creado festival internacional de Literatura impulsado desde la Junta con una aportación de más de 300.000 euros que sería competencia directa del Hay Festival. “No parece coherente crear un nuevo festival cuando ya existe uno con prestigio y está reconocido con el premio Princesa de Asturias, al que se pone en riesgo”, dijo.
“¿Qué clase de política cultural se permite poner en riesgo dos festivales de referencia en la ciudad e incluso a nivel nacional?” clamó Luquero mientras subrayaba que “Segovia no está en el atlántico, está en Castilla y León” para insistir en su exigencia de apoyo a los festivales segovianos, a su juicio “ninguneados” por la Junta.
Titirimundi y Hay Festival no son organizaciones municipales, aunque Luquero no tuvo reparos en arrogarse en todo momento la representación de ambos y expresó el sentir de sus directoras mientras insistía en que la de la Junta, además de “inoportuna”, practica “una política cultural inadmisible en cualquier momento pero mucho más en este en el que la Cultura ha sido de los sectores más perjudicados por la crisis sanitaria”. Lo que no pudo hacer fue responder sobre el estado de las cuentas de Titirimundi, que el año pasado dispuso de todas las aportaciones al completo (220.000 euros) pero hizo un festival reducido por la pandemia. “Las subvenciones hay que justificarlas para cobrarlas”, acertó a apuntar.
Transparente pero insuficiente
Aunque admitió que repartir las subvenciones a través de una convocatoria pública abierta, como se ha hecho, es la fórmula más transparente posible, la regidora criticó la escasa dotación de este concurso en el que se ha destinado medio millón de euros para atender a más de 70 festivales, al mismo tiempo que destina partidas prácticamente iguales a organizar cada uno de los cuatro grandes festivales que ha creado la Consejería de Cultura.
Otras de las quejas puesta sobre la mesa fue la crítica a que las otras dos ciudades que cuentan con la distinción de la Unesco como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, Ávila y Salamanca, celebren cada año el Festival del Circo y el Facyl, respectivamente, bajo organización y financiación íntegra por la Junta, a la vez que se preguntaba “dónde está el que le corresponde a Segovia”.














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