Es lo malo de ser una provincia pequeña en la que el pescado electoral está prácticamente vendido y las variaciones que presenten los resultados del 11M no son de importancia definitiva en el global, que si eres socialista te puedes pasar diez días preparando el traje de los domingos para ver a Pedro Sánchez en un comedor recoleto y con casi 300 colegas de partido y al final te encuentras con que te colocan a Adriana Lastra, que si, que es vicesecretaria General del PSOE, pero mire, es la sustituta de última hora. No es lo mismo. Si vas a un concierto de los Rolling Stones pues no disfrutas igual cuando te lo sustituyen a última hora por la orquesta Pikante, por muy buenos ratos que hagan pasar los verbeneros allá donde van. Pero claro, cuando una va a setas, va a setas.
Y mire que el programa era el mismo para Sánchez que para Lastra: Franco, Franco, Franco, que es el nombre más repetido por los socialistas en los últimos tiempos. El inminente —antes del 25 de octubre— traslado de los restos del dictador fuera el Valle de los Caídos provocó un Consejo de Ministros denso y largo, justificando así la ausencia de Sánchez en la comida con los socialistas segovianos. Todo para decidir que el Valle se cierra desde hoy mismo para “trabajos de preparación del traslado”. A ver, no sea que el telediario abra, precisamente el 12 de octubre, con la imagen de miles de visitantes —aquello lleva meses siendo una verbena de personas— ante la tumba aún cerrada.
Los restos del tirano centraron también el discurso de Lastra —sin papeles ni nada que no había necesidad de improvisar— feliz de vivir en “un día para celebrar por parte de todos los demócratas” y previsora ante el peligro del mensaje de la ultraderecha en este asunto —desde Vox se ha llamado al PSOE esta semana “partido asesino” y otras impresentables lindezas— que “el resto de la derecha no sabe como combatir porque los necesitan para gobernar”. En consecuencia, redondeó, todos los socialistas a “seguir luchando” para ganar las próximas elecciones y vencer al “bloque del bloqueo“. La página oficial del PSOE no destaca más mensajes del día por parte de la vicesecretaria.
Así que todos a comer: judiones, cochinillo y postre. Ni chupito, ni nada. Todo a 16 euros por cabeza que los militantes —la provincia en pleno con sus concejales y alcaldes junto a la alcaldesa de Segovia Clara Luquero, la subdelegada del Gobierno, Lirio Martín, otros electos regionales y nacionales, el secretario provincial, José Luis Aceves y su ejecutiva, el líder regional, Luis Tudanca. 263 comensales en total— muchos de los cuales no tenían ni idea del cambio en el programa hasta llegar a la misma puerta del Hotel Santana, en Parque Robledo (Palazuelos de Eresma) donde se expedían los tickets que daban derecho a asiento, que si se paga a la salida siempre se producen pérdidas.
Lo que se ha perdido
Que el “denso consejo de ministros” impidiera que Pedro Sánchez realizara su segunda visita a Segovia como presidente del Gobierno (esta vez, en funciones), ha supuesto que los segovianos se perdieran el tradicional paseo por toda la avenida del Acueducto en la que el brillante sol otoñal hubiera reflejado, cegadora, la blanca sonrisa del candidato a la Moncloa mientras se bañaba en multitudes y se dejaba fotografiar e incluso besar repetidamente, que era el programa previsto originalmente que tan buenos resultados ha dado en otras ocasiones.
Por buscar una ventaja, ni el candidato Aceves, ni Tudanca, ni hasta la propia Luquero, han tenido que sufrir el “castigo” que supone que el remolino de gente les superara y casi no se fijaran ni un poquito en ellos por muy candidato, líder de oposición o alcaldesa que fueran para centrar toda su atención en el propio Sánchez. Ya me dijo Tudanca en otra de estas visitas tres metros detrás del protagonista: “Estando él, a los demás no nos hacen caso”.
También se han perdido los casi 300 socialistas convocados a la comida la posibilidad de acercarse al líder en ambiente distendido y lograr esa foto con la que “fardar” en las redes sociales. Otra vez será.
Por último, los periodistas nos habríamos ahorrado permanecer las últimas horas pegados a nuestros ordenadores y teléfonos tratando de lograr una confirmación (o no) de la presencia del presidente en funciones en Segovia. El comunicado oficial llegó una hora antes del evento y encima, ni declaraciones, ni imágenes y el vocerío de algún bobo con balcones al mar —no sé si por la excitación del momento gregario o porque es su carácter— del tenor “la prensa, fuera”. No pasa nada, que a los periodistas de provincias nos sobra el tiempo y la paciencia, deben pensar en Ferraz. La Asociación de Periodistas de Segovia se ha quejado por escrito.














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