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Los ecologistas salen en defensa de la Confederación por la demolición de azudes

Colectivos ecologistas que actúan en el Guadarrama (Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono, Asociación Ecologista del Jarama “El Soto”, Grupo de Acción para el Medio Ambiente, Jarama Vivo y Liberum Natura) han emitido un comunicado conjunto defendiendo la labor de la Confederación Hidrográfica del Duero en la demolición de la presa de Mesa, en el río Voltoya, o la de Navafría, en el Cega. Al tiempo, los ecologistas alertan acerca de “campañas de confusión a las que se prestan algunos medios de comunicación, haciendo creer incluso que la caída de las reservas de agua es consecuencia de la retirada de presas abandonadas”.

Los conservacionistas respaldan los argumentos de Confederación, según los cuales es obligación de la administración garantizar la continuidad fluvial y que expresamente “el reglamento del Dominio Público Hidráulico en su apartado 42 establece que deben eliminarse las infraestructuras que, dentro del dominio público hidráulico, se encuentren abandonadas sin cumplir función ligada al aprovechamiento de las aguas’’. Esto es así porque las barreras fluviales “provocan graves problemas río abajo, incluso en el mar, frenan el flujo de nutrientes y sedimentos, fragmentan el hábitat, favorecen la presencia de especies exóticas invasoras y bloquean el paso de especies migratorias como los ciprínidos o los salmónidos, que en Castilla y León están en franco retroceso desde hace tiempo”, argumentan.

En el caso de la presa de Navafría, o de la Muña, en el Cega, es un azud de 9 metros de altura, con una concesión en su día para producir electricidad y caducada en 2013. “Ni los antiguos titulares ni ningún otro interesado o ayuntamiento parecen interesados en hacerse cargo del azud, de su mantenimiento, vinculándolo a un aprovechamiento de aguas concreto”, señalan los ecologistas.

Presa grande en el Voltoya. Arriba, azud de Navafría.

El expediente no ha causado especial ruido en Navafría, pero no así en la ya en fase de demolición presa grande del Voltoya, en cuya preservación se volcaron sin éxito centenares vecinos de Nava de la Asunción y Moraleja de Coca. Para los ecologistas, se encontraba en “ruina funcional, sin mantenimiento ni garantías de seguridad. Es un obstáculo abandonado que impide el desplazamiento de fauna ictícola o el transporte de materiales y semillas. Desde hace tiempo no es más que un depósito de sedimentos”.

Valor paisajístico vs valor ambiental

En general, los vecinos defienden la preservación de este tipo de azudes porque generan espacios hidráulicos usados como zona de baños, generan estanque de alto valor paisajístico, o tienen un valor sentimental. Por otro lado se convierten en humedales artificiales que, siendo cierto que interfieren en el ecosistema ribereño, igualmente presentan valores ambientales.

La polémica, además, se ha encrespado por la denuncia de la activista por la preservación de las concesiones hidráulicas históricas, Pilar Esquinas. Esta abogada que ya desplegó una importante campaña para la preservación de las concesiones vinculadas a las caceras en el alfoz segoviano, sostiene una controvertida teoría, que recientemente reiteraba en El Adelantado de Segovia. Para Esquinas, impulsora de la asociación Aguaiuris, detrás de esta recuperación del dominio público estarían lobbys y grupos de poder económico interesados en que en 2030 entre en acción un banco del agua que abriría la vida para la privatización de concesiones. Una visión “conspiranoica” para los ecologistas.


Author: Redacción

Acueducto2. Noticias y actualidad de Segovia.

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