free web stats

Las corridas de toros

Empiezo por confesar que he sido muy taurino. Admiro al toro como animal, me gusta verle en el campo gozando su libertad, corriendo tras los atrevidos en los encierros, o intentando cornear al torero que se burla de él pasándole un trapo por delante de su cara con arte, eso sí, pero con la intención de dominarle para, finalmente, darle muerte. ¡Qué diferencia, entre ver morir a un toro fulminado por una estocada certera y el lamentable espectáculo de los reiterados intentos de matarlo sin acierto! Aquí comienza el dilema ético entre el sufrimiento del animal para entretenimiento del “respetable” y el respeto que una sociedad civilizada debe de tener por cualquier ser vivo, incluido el humano. También he admirado a toreros como Santiago Martin, “el Viti”, por su forma de transmitir, con autenticidad, la hondura de su lucha frente al toro.

El dilema va mucho más allá de las corridas de toros, ya que el destino final de cualquier bóvido es el matadero; al menos hasta que todos dejemos de ser carnívoros, algo que no se vislumbra a corto plazo y cuya práctica sobrevivirá sin duda a las corridas. Deberíamos centrarnos por tanto, en el sufrimiento de los toros durante la lidia. Siempre pensé que el ansia por cornear a esos provocadores arrogantes, vestidos de “luces”, lo que se llama bravura, se sobreponía a cualquier otra sensación parecida al sufrimiento. Cuando alguien me planteaba la crueldad de los espectáculos taurinos yo argumentaba que me parecía menos traumático para el toro bravo morir enfrentándose a su verdugo, con la posibilidad de herirlo de muerte, que apuntillado en el matadero. Sigo sin tenerlo claro.

Lo que si tengo claro es que los festejos taurinos acabaran desapareciendo más pronto que tarde y que los que consisten en vejar cobardemente a animales, como toros de fuego, etc. ya debían de haber desaparecido hace tiempo. Hace poco contemple en televisión un vergonzoso espectáculo que consistía en soltar un toro bravo en una plaza, para que cornease a indefensas vaquillas que huían despavoridas. Seguramente será un antiguo festejo, con lo que se encuentra justificado para algunos. Una aberración…

También me parece absurdo otorgar premios culturales a las corridas de toros, aunque no tuvieran un plus en dinero. Es un agravio para los millones de personas que lo consideran maltrato animal y veo muy oportuna la decisión del ministro Urtasun al respecto. Otra cosa es que, de momento, no se pueda impedir a aquellas corporaciones democráticas que tengan mayoría taurina, que subvencionen este tipo de festejos. Poco a poco los ciudadanos se irán planteando este tipo de cuestiones a la hora de elegir a sus representantes políticos.

En cualquier caso, si se llegaran a tomar medidas de restricción de la tauromaquia, habría que tener en cuenta la repercusión económica y social que tendrán sobre este sector, desde los ganaderos y los empresarios, hasta el último peón de brega. Pero, seguramente la reconversión se hará paulatina y pacíficamente, por sí sola, si tenemos en cuenta la evolución de las preferencias de los españoles en los últimos años.

Para los romanos era un entretenimiento contemplar a los gladiadores sacarse las tripas entre ellos, o siendo descuartizados por animales salvajes y hasta hace muy pocos años era habitual que el toro reventase al caballo durante la lidia. Afortunadamente hemos ido mejorando, pero aún nos queda mucho camino por recorrer en derechos de los animales (y de los humanos).

Otra cosa es que esta cuestión se quiera utilizar como bandera política, envolviéndose en ella como representación de unos valores patrios que solo perciben como tales algunos nostálgicos de la España de charanga y pandereta. Tendrán que conformarse con llevar el toro de Osborne, diseñado por Manolo Prieto, como emblema patrio.


Author: Luis Peñalosa

Luis Peñalosa Izuzquiza. Ex-concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Segovia.

Share This Post On