No me negará que irse a formar parte de la estructura de un Gobierno cuya duración es una incógnita, como el de Pedro Sánchez, aunque enormemente honorable, tiene una buena parte de osadía por mucho que José Bayón acabe de crecer varios palmos políticos para gran malestar de parte de sus compañeros de partido, empezando por el sintomático silencio oficial de la cúpula socialista en torno al nombramiento del nuevo director de la empresa pública Enisa.
En el ámbito municipal, la marcha de Bayón puede ser un golpe mortal, es cierto. Usted me dirá que en el anterior mandato Clara Luquero también perdió a tres concejales y luego ganó de calle en las urnas pero hay dos diferencias sustanciales: entonces se marcharon ediles de escaso peso —si, ya sé que Giráldez era portavoz pero ¿quién le tomaba en serio a esas alturas?— y, sobre todo, ocurrió al final del mandato, cuando todo lo que se podía hacer estaba hecho y ahora ocurre a ocho meses de las votaciones. Demasiado tiempo —cuadraba con una compañera la frase “falta más tiempo de mandato que los días que faltan”, somos así de redichos los plumillas— y demasiados asuntos pendientes de cierre. Van a ser muy largos.
En tres meses, Luquero ha perdido a Alfonso Reguera. Molesto, soberbio, procaz, de acuerdo. Pero el hombre al que la alcaldesa le entregó la gestión (y el poder) de todo lo feo —léase todo lo que no sea Cultura y relaciones públicas— hasta hacerle imprescindible e incómodo a la vez, como los validos aquellos. Vale, parecía que Bayón podía cubrir el hueco con la suficiente solvencia como para poder envolver de normalidad el final del mandato sin que se notara el trauma pero la llamada de la ministra Maroto ha descabalado cualquier plan previo de salvar los muebles de aquí a mayo. Si había alguno, ya no sirve.
Oiga, que lo mismo Jesús García, heredero de todas las responsabilidades del que se marcha sorprende a todos y se come con patatas el pantagruélico menú político de tres platos y postre que le han colocado en la mesa aunque, por lo visto en los tres últimos años, el concejal es más de comer verduritas a la plancha y además de poco en poco, que toda su tarea en este tiempo ha sido la de elaborar un pliego, el de las basuras, que aún está por salir adelante y eso a pesar de estar recibiendo una enorme ayuda externa.
En general, los concejales, me cuentan, han aceptado el asunto con resignación y deseo de parabienes para su compañero. Bueno, menos alguno como Ramón Muñoz Torrero —curiosamente, el hombre de los urbanos y, más curiosamente, uno de los que postuló para subdelegado del Gobierno, incompatible con el ayuntamiento— reclamando el cumplimiento del “compromiso de cuatro años” o, en menor medida, de la recién llegada, Marta Gutiérrez, que tampoco parece haber encajado bien la marcha de Bayón, según dicen en los mentideros de la Casa. Así las cosas, entra dentro de la lógica política que la oposición se cebe en subrayar que el Gobierno se ha debilitado y que Luquero se ha quedado sin un solo escudero. Viene en la página dos del manual.
Los cambios, o mejor dicho, la falta de ellos, que Bayón dice que se queda con sus cargos orgánicos, también han revuelto las aguas del PSOE segoviano y se han oído voces indignadas, en este caso me temo que por temor a la alteración del equilibrio de fuerzas interno. Es innegable que Bayón —le recuerdo, a él no han parado de hacerlo desde que fue derrotado, que es el mismo que se enfrentó a Aceves en la carrera por la secretaría provincial— gana peso a base de musculatura con su entrada en el coro de angelotes en torno a Pedro Sánchez aunque sólo sea desde la secretaría de la Agrupación local de Segovia y su presencia en las ejecutivas provincial y regional y eso supone una importante variable en un año electoral en el que hay que hacer listas y se ponen en juego los cargos públicos y quien los ocupa…
Mire, tras dos intentos logré grabar, el mismo martes en el que se desveló la noticia, unas declaraciones al secretario provincial, José Luis Aceves para conocer su parecer sobre el acontecimiento en las que el secretario provincial pronunciaba las obligadas palabras “satisfacción” y “enhorabuena” pero siempre seguidas por un “pero”. “Pero en un momento complicado para el Ayuntamiento”, “pero habrá debate interno”, “pero tendrá que dar explicaciones”…
En el círculo de “pesados” del partido —llamo así a secretarios, portavoces, los alcaldes de siempre y algunos cargos públicos, también los más recientes— he escuchado en los días previos a divulgarse la noticia como se susurraba interesadamente la especie de que la marcha era una mera puerta giratoria, que si se iba a la empresa privada, que si lo hacía a un momio que nada tenía que ver con su especialidad, tipo el adjudicado a Óscar López con Paradores. Si algo he aprendido de esto —es una cosa de edad, no de diablo— se me antoja que tales comentarios sólo buscaban enturbiar las aguas y preparar el ambiente para “generar el debate” entre los militantes, ese que decía Aceves. Si no es eso es que el clan de mandamases del partido no se entera de la misa a la media. Peor me lo pone.
En el debate suscitado se ha puesto en juego si Bayón debe dejar sus cargos orgánicos o mantenerlos, pese a que el partido —como otros— está repleto de ejemplos de compatibilización de responsabilidades e incluso se ha llegado a plantear que fuera una ejecutiva la que decidiera este aspecto, pese a que el organismo no tiene tal atribución.
Parece que esta batalla la gana Bayón y las de los próximos meses, que las habrá, pues ya veremos.














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