La gira española de León XIV está deviniendo todo un éxito mediático y participativo, con una movilización popular que empequeñece, incluso, la primera visita papal en la historia moderna a nuestro país, la de Juan Pablo II en 1982, con inolvidable parada en Segovia en el recuerdo de tantos que la vivieron. Las visitas de Benedicto XVI, tres entre 2006 y 2011, por lo que sea, no revistieron la movilización ni el impacto que está teniendo Robert Prevost. Fueron, en comparación, visitas cortas y en la onda de un papa al que costaba conectar con el gran público. Su predecesor, Francisco I, en cambio, jamás cerró visita oficial alguna a España, en una estrategia marcada por privilegiar las iglesias tercermundistas y más periféricas. Nunca visitó España, ni tampoco Alemania o Francia.
Prevost es otra cosa. Ha elegido España como primera visita a un país de la UE y con sus mensajes sin estridencias y cargados de sentido común en tiempos banales, su perfecto dominio del español, ha concitado lo que parecía imposible, la unidad del Congreso aplaudiendo unánimemente durante varios minutos. Esperemos que el mensaje, más allá del postureo, no caiga en saco roto.
La cuestión es que la “Leonmanía” convierte en noticia todo lo que se vincule con Prevost, como esta imagen extraída de un documental en el que se le ve jovencísimo, junto a un compañero de estudios, posando en los jardines de La Granja. Según la documentación biográfica oficial, y siendo “Bob” Prevost, a punto de ordenarse sacerdote y con 26 años, el hoy papa recorrió España en furgoneta junto a compañeros agustinos. La idea era mejorar su español, conocer el legado de la orden en España y “ver mundo”. Corría 1982 y se sabía que estuvo en Madrid, León, el Camino de Santiago, la ruta del Cares y Galicia, y como evidencia la foto, Segovia.
Entre tanto la visita sigue, con colofón de su parada madrileña para trasladarse a Barcelona. Hay una marcada agenda social, con visitas a centros de Caridad y encuentro con presos, además de actos multitudinarios o llamados a ser hitos, como la bendición el 10 de junio de la torre de Jesucristo, el último elemento arquitectónico estructural de la Sagrada Familia, que corona el templo con la gran cruz ubicada a 172 metros. Quedarán aún entre 4 y 8 años de obras (en función de los fondos que genera el monumento, que se autofinancia), básicamente, la escalinata principal y la fachada de la Gloria.















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