Hay asuntos que solo ocupan espacio en el debate público cuando estallan. El agua es uno de ellos. Durante años, en la provincia de Segovia hemos discutido sobre abastecimientos únicamente cuando los embalses bajaban, cuando aparecían restricciones en los municipios o cuando una avería dejaba sin suministro a cientos de vecinos. Entonces llegan las declaraciones, los reproches entre administraciones y las soluciones de urgencia. Después, cuando vuelve a llover, el problema desaparece de la agenda política… hasta la siguiente crisis. Ese modelo está agotado.
La seguridad hídrica debería ocupar hoy el mismo lugar estratégico que concedemos a las infraestructuras, la vivienda, la sanidad, educación o las comunicaciones. Sin agua suficiente y de calidad no hay desarrollo económico, no hay nuevas industrias, no hay agricultura competitiva, no hay turismo sostenible y, sencillamente, no hay futuro para muchos de nuestros pueblos.
Por eso considero que la provincia necesita cambiar radicalmente la forma de abordar esta cuestión. Debemos dejar de gestionar emergencias para empezar a planificar el futuro.
Con esa convicción, la Comisión Ejecutiva Provincial del PSOE de Segovia ha aprobado por unanimidad la Estrategia para la Seguridad Hídrica y el Abastecimiento de Agua 2026-2045, un documento elaborado durante meses por el Grupo Provincial del Agua, en el que han participado alcaldes y alcaldesas, portavoces municipales, agrupaciones locales, cargos públicos y orgánicos, junto personas con experiencia directa en la gestión del ciclo del agua. Hasta ahora ninguna formación política o social en la provincia, había planteado en un horizonte de veinte años vista un documento de estas características.
No pretende ser un documento de partido para enfrentar posiciones. No buscamos ni confrontación, ni debates estériles, solo pensamos en el presente y futuro de Segovia. Aspira a ser una aportación seria al debate provincial. Porque el agua no entiende de siglas. Las tuberías tampoco distinguen entre municipios gobernados por unos u otros. Cuando falta agua, el problema es de todos.
Durante demasiado tiempo hemos pensado que la provincia tenía un problema puntual de sequías. En realidad, lo que tenemos es un problema estructural de planificación.
Las necesidades de abastecimiento han cambiado profundamente. La población flotante aumenta cada verano, el turismo continúa creciendo, existen nuevas demandas industriales y el cambio climático introduce una incertidumbre cada vez mayor sobre la disponibilidad del recurso. Todo ello exige abandonar definitivamente una visión cortoplacista.
La primera decisión debe ser sencilla: conocer exactamente qué necesita la provincia. Resulta difícil comprender que Segovia todavía no disponga de un estudio integral público que analice, comarca por comarca, las necesidades actuales y futuras de abastecimiento, las capacidades de cada sistema, sus déficits y las inversiones prioritarias para las próximas décadas. Planificar sin datos es improvisar.
A partir de ese diagnóstico será posible priorizar inversiones con criterios técnicos y no políticos. La estrategia plantea actuaciones inmediatas que, a mi juicio, ya no admiten demora. La conexión entre la ETAP del Rancho El Feo y el embalse del Pontón Alto, la recuperación del embalse de El Tejo, la modernización de unas redes municipales que en demasiados casos siguen perdiendo un porcentaje inaceptable del agua que transportan, en algunos casos de hasta un 50 % como en El Espinar, la recuperación de la propuesta de creación de un Consorcio Provincial del Agua o la creación de una Mesa Provincial del Agua que permita coordinar a todas las administraciones competentes son medidas perfectamente asumibles si existe voluntad política.
Pero también debemos atrevernos a mirar más lejos. Las grandes infraestructuras hidráulicas necesitan muchos años de tramitación, evaluación ambiental y ejecución. Precisamente por eso hay que empezar ahora a estudiar soluciones que puedan garantizar el abastecimiento dentro de veinte o treinta años.
No se trata de construir por construir. Se trata de analizar con rigor técnico todas las alternativas disponibles, incluida la viabilidad de un nuevo embalse en el río Ciguiñuela destinado exclusivamente al abastecimiento humano e industrial, y que cuente con consenso institucional y local, no con imposiciones, incorporando además las necesidades de Segovia a la próxima planificación hidrológica estatal. El actual proyecto le rechazamos, optamos por uno nuevo. No hemos cambiado de posición, es claramente defender un nuevo proyecto viable, consensuado institucional y socialmente, más seguro y sostenible.
Negarse siquiera a estudiar estas posibilidades sería una enorme irresponsabilidad. Al mismo tiempo, la seguridad hídrica no puede limitarse a construir nuevas infraestructuras. También exige proteger aquello que ya tenemos.
Nuestros acuíferos constituyen una reserva estratégica para buena parte de la provincia y su deterioro por la contaminación por nitratos representa uno de los mayores desafíos ambientales de Castilla y León. La Junta tiene aquí competencias claras e irrenunciables. El Estatuto de Autonomía ampara la legislación e inversión de la Junta, pero no vemos ese compromiso. Del mismo modo, corresponde al Estado planificar las infraestructuras de interés general y a la Diputación reforzar su asistencia técnica y económica a los municipios. Cada administración debe asumir plenamente sus responsabilidades. En los últimos tiempos, el Estado ya ha puesto más de 6 millones de euros en inversiones urgentes.
La colaboración institucional no es una opción. Es una obligación. En demasiadas ocasiones el agua ha servido para alimentar enfrentamientos políticos. Quizá haya llegado el momento de convertirla en un espacio de consenso.
Los socialistas hemos querido aportar una propuesta abierta al diálogo. No pretendemos tener todas las respuestas, pero sí creemos haber formulado las preguntas adecuadas y, sobre todo, haber puesto encima de la mesa una planificación que mira veinte años hacia delante.
Segovia necesita una política provincial del agua, no una sucesión de soluciones provisionales cada verano. Porque cuando abrimos el grifo damos por hecho que el agua siempre estará ahí. La verdadera responsabilidad política consiste precisamente en garantizar que siga estando dentro de veinte años. Y eso exige empezar a trabajar hoy. Los socialistas ya lo hemos comenzado, no se puede aplazar más. ¿el resto?













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